La humanidad ha batido otro récord en su carrera hacia el colapso ecológico. ¡Felicidades, humanidad!
Por primera vez en la historia de la humanidad —no en la historia documentada, sino desde que los seres humanos existen en la Tierra—, el dióxido de carbono en la atmósfera ha superado las 415 partes por millón y ha llegado a 415,26 partes por millón, según los sensores del Observatorio de Mauna Loa, un puesto de investigación de la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica.

El siniestro hito fue señalado en Twitter por el periodista especializado en clima Eric Holthaus, a partir de los datos registrados y presentados por el Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California, San Diego.
Si el umbral parece poco llamativo (no debería), es otro indicio del territorio sin precedentes que la humanidad está cartografiando mientras abre nuevos caminos hacia la catástrofe medioambiental.
La semana pasada, un informe reveló que al menos un millón de especies estaban en riesgo de extinción debido a la actividad humana y a las emisiones de carbono, un subproducto del desarrollo económico.
A esto se suma la noticia de que el cambio climático, estrechamente vinculado a las emisiones de carbono, le costará únicamente a Estados Unidos unos 500.000 millones de dólares al año para 2090.
El aumento de la proporción de dióxido de carbono en la atmósfera es importante por sus propiedades de absorción del calor. La tierra y los mares del planeta absorben y emiten calor, que queda atrapado en las moléculas de dióxido de carbono. La NOAA compara el CO2 con los ladrillos que se dejan en una chimenea y siguen emitiendo calor después de que el fuego se apaga.
Los gases de efecto invernadero contribuyen a que el planeta mantenga una temperatura que permite la vida, pero una cantidad excesiva puede afectar a todo el ecosistema que nos sustenta. Eso es lo que está ocurriendo ahora. Como señala la NOAA, «el aumento de los gases de efecto invernadero ha desequilibrado el balance energético de la Tierra, atrapando más calor y elevando la temperatura media terrestre».
Las propiedades del CO2 también hacen que contribuya al efecto invernadero de una manera distinta a otras emisiones, gracias a su capacidad de absorber longitudes de onda de energía térmica que sustancias como el vapor de agua no pueden absorber. Por eso, según la NOAA, el aumento del dióxido de carbono atmosférico es responsable de cerca de dos tercios del desequilibrio energético total que está provocando el aumento de la temperatura de la Tierra.




