Las poblaciones vulnerables al clima sufren una crisis de salud mental

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  • Existe una clara relación entre las amenazas del cambio climático y los malos resultados en salud mental en los países en desarrollo.

  • Sigue siendo preocupante el lento avance de la investigación sobre los mecanismos de respuesta de emergencia en salud mental y cambio climático.

  • Necesitamos un enfoque de pensamiento sistémico para identificar soluciones que incorporen los resultados en salud mental en las agendas nacionales sobre cambio climático.

El año pasado se vivió una de las peores pandemias de los tiempos modernos, fue también el año más cálido jamás registrado con aterradores incendios forestales en Estados Unidos y Australia. Ahora, en 2021, luchamos contra variantes del COVID-19 aún más resistentes y contagiosas, inundaciones monzónicas cada vez más graves en el sudeste asiático, y terremotos en África Central. Las amenazas del cambio climático no pueden negarse, incluido su impacto en los resultados en salud mental.

Los trastornos mentales, como los trastornos depresivos y de ansiedad, figuran entre las 25 principales causas de la carga mundial de enfermedad. En un sentido más amplio, la salud mental incluye el bienestar mental, la resiliencia emocional y el bienestar psicosocial, todos ellos afectados por el cambio climático, especialmente en las comunidades vulnerables de entornos propensos a desastres naturales y en los países de ingreso bajo y mediano (PIBM).

Los fenómenos meteorológicos extremos, como los desastres naturales, tienen efectos duraderos en los resultados en salud mental a través de la exposición a traumas, lo que provoca trastornos de estrés postraumático, trastornos depresivos mayores, ansiedad, depresión y autolesiones. Por ejemplo, se estima que 31,2 % de los supervivientes del huracán Katrina de 2005 sufrieron trastornos de ansiedad y del estado de ánimo tras el desastre. Mientras tanto, en Bangladesh, propenso a desastres naturales, entre los supervivientes de las inundaciones monzónicas de 2019, un sorprendente 57,5 % tenía ideación suicida y el 2 % había intentado suicidarse.

Número de desastres naturales notificados por país/región entre 2000 y 2019.Image: Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), 2020.

Los cambios graduales del clima, como el aumento de las temperaturas y de los índices de contaminación, también contribuyen a peores resultados en salud mental. Una mayor exposición a 10 microgramos por m3 de partículas contaminantes del aire durante un año o más probablemente aumenta el riesgo de depresión en un 10 %. No sorprende que, con las 15 ciudades más contaminadas del mundo ubicadas en PIBM, los efectos negativos en la salud mental se agraven gravemente entre la población de estos países.

Reconociendo la urgencia de estas cuestiones, la Organización Mundial de la Salud (OMS) avanzó considerablemente con su Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2020, que supuso el primer reconocimiento formal de los problemas de salud mental a escala mundial. La salud mental, que antes ocupaba un lugar periférico en las iniciativas sanitarias más amplias, se está convirtiendo en un elemento central del discurso sanitario mundial, gracias a la mayor disponibilidad de una identificación eficaz, multisectorial y basada en la investigación de los retos, así como de las respuestas correspondientes.

Del mismo modo, el Acuerdo de París de 2016 fue decisivo por su compromiso mundial de abordar las cuestiones del cambio climático. Estos avances propiciaron más recursos e innovación en la antesala del plan de acción mundial más ambicioso, a saber, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, que establecieron una relación más sólida entre las estrategias de salud mental y de cambio climático para que los países las adapten e implementen.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?

No obstante, el avance relativamente lento de la investigación sobre los mecanismos de respuesta de emergencia en salud mental y cambio climático sigue siendo preocupante. Entre 2007 y 2016, solo 208 publicaciones revisadas por pares en inglés centradas en el cambio climático y la salud mental. La mayoría de las investigaciones no llegan a relacionar los fenómenos meteorológicos extremos con el cambio climático, sino que los tratan como casos aislados. Esto resta importancia al impacto a micronivel del cambio climático antropogénico, que genera pruebas de riesgos mundiales multisectoriales acumulados.

Dado que actuar frente al cambio climático exige un equilibrio entre beneficios a corto y a largo plazo, las autoridades se enfrentan a difíciles disyuntivas en materia de políticas, dada la correlación no lineal entre el cambio climático y los riesgos observados. La falta de recursos para una toma de decisiones mejor informada, y el lento impulso a la investigación sobre una conexión más clara entre la salud mental y el cambio climático, retrasan el paso de las respuestas de emergencia reactivas a la planificación proactiva de mitigación para las emergencias climáticas. Más allá del impacto de una estrategia climática limitada en la infraestructura y la recuperación tras desastres, esto impide gestionar eficazmente los efectos a largo plazo del cambio climático en la salud mental, en particular en los PIBM.

Dada la complejidad de la intersección entre el cambio climático y la salud mental, es necesario integrar los resultados en salud mental en las agendas nacionales sobre cambio climático. Esto requiere un enfoque de pensamiento sistémico, que incorpore conocimientos de múltiples disciplinas e incluya la visión general de la interacción con microfactores para identificar soluciones normativas locales de amplio alcance. Comprender el sistema permite descifrar la complejidad de la relación entre el cambio climático y la salud mental, y aprender de las políticas existentes.

Una investigación más profunda sobre la intersección entre el cambio climático y la salud mental dotará mejor a los responsables políticos de una comprensión sistémica para aplicar vías de adaptación eficaces.

Dharrnesha Inbah Rajah.

Los países de ingreso alto, como Estados Unidos y Japón, han incorporado elementos de salud mental en sus respuestas de emergencia. Entre ellos figuran el despliegue de equipos psiquiátricos de corta duración en las zonas afectadas por desastres, asesoramiento nutricional y centros de ayuda accesibles a través de la tecnología tras el huracán Katrina de 2005 y el gran terremoto de Japón oriental de 2011. Estos países pueden aprovechar su experiencia en respuestas de emergencia y preparación ante crisis para liderar esfuerzos hacia un sistema público mundial integrado que incluya un seguro universal de adhesión voluntaria frente a desastres, y la preparación de recursos e infraestructuras en tiempo de paz para la mitigación del riesgo.

Un mayor compromiso de estos países que vaya más allá de los entornos regionales proporcionaría un mejor apoyo a los PIBM. Aunque cada vez se pone más el foco en la correlación entre el cambio climático y la salud mental, la mayoría de los PIBM aún están en una fase incipiente en el desarrollo de planes climáticos sostenibles para tiempos de paz. Una investigación más profunda sobre la intersección entre el cambio climático y la salud mental dotará mejor a los responsables políticos de una comprensión sistémica para aplicar vías de adaptación eficaces en las comunidades locales, nacionales y mundiales.

Guiados por el marco de la OMS para sistemas de salud resilientes al clima, es un momento oportuno para que los PIBM superen el estigma social atribuyendo los resultados en salud mental como parte de políticas nacionales de salud y clima más amplias. Se puede mejorar la capacidad adaptativa para un seguimiento más sólido de la carga de enfermedad relacionada con el cambio climático y la salud mental, y para el desarrollo de capacidades específicas según las necesidades, incluida la formación de trabajadores comunitarios y grupos de autoayuda (que han sido fundamentales en la prestación de intervenciones sanitarias en el sur de Asia y el África subsahariana) en habilidades de primeros auxilios psicológicos para llegar a las comunidades más inaccesibles y vulnerables.

El efecto del cambio climático en la salud mental se prolongará durante años. Para superar estos retos, es crucial que mejoremos la integración de los resultados en salud mental en las agendas climáticas nacionales de los PIBM, que actuemos como garantes mundiales de una asignación equitativa de recursos y que seamos impulsores de la investigación sobre salud mental y cambio climático. Todas las partes interesadas deben tener algo en juego para garantizar resultados equitativos y sostenibles.

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