Las mujeres y las niñas suelen verse afectadas de manera desproporcionada por los desastres relacionados con el clima, en particular en África, donde muchas desempeñan un papel importante en la agricultura de subsistencia.
Muchos gobiernos tampoco reconocen el importante papel que las mujeres pueden y deben desempeñar en las estrategias de respuesta ante desastres.
La equidad de género debe incorporarse a la planificación y preparación ante desastres para garantizar que las mujeres y las niñas dejen de verse afectadas de manera desproporcionada por el impacto de la crisis climática en los países africanos.
Las inundaciones, las tormentas, las sequías y los deslizamientos de tierra causan destrucción indiscriminadamente, pero sus efectos no son iguales para todos. En África, donde las mujeres y las niñas tienen un estatus socioeconómico bajo, se ven afectadas de manera desproporcionada por los desastres naturales: las tasas de mortalidad son más altas y la recuperación es más lenta. Las mujeres rurales también desempeñan un papel importante en la agricultura de subsistencia, por lo que los cambios climáticos y los fenómenos extremos relacionados con el clima las devastan.
Las estrategias y respuestas ante riesgos y desastres suelen ser igual de indiscriminadas en sus programas de rescate y reconstrucción. Tienden a considerar a las poblaciones afectadas en su conjunto, sin tener en cuenta el género ni distinguir entre las poblaciones rurales y urbanas.
Las mujeres africanas y la resiliencia climática
En toda África, las mujeres y las niñas representan la mitad de los 500 millones de personas pobres de las zonas rurales, y tienen poco o ningún acceso a la propiedad de la tierra, al crédito financiero, a la tecnología y a la infraestructura. A pesar de estos desafíos, desempeñan un papel desproporcionadamente importante en la producción de alimentos, la preservación de la biodiversidad, la innovación agrícola y la conservación de los sistemas de conocimientos tradicionales.
Por tanto, es crucial que los gobiernos y las ONG africanos desarrollen y adopten políticas de alerta temprana y mecanismos de financiación que reconozcan los efectos desiguales de los desastres naturales en las mujeres.
«La cuestión de género es un tema prioritario en la gestión del riesgo de desastres», afirma Ange Chitate, director de operaciones de African Risk Capacity (ARC) Limited, que ayuda a los gobiernos africanos a mejorar la planificación, la preparación y las respuestas ante desastres naturales provocados por fenómenos meteorológicos extremos. «La igualdad de género es crucial, ya que las mujeres son las más vulnerables y, al mismo tiempo, las que asumen más responsabilidades cuando ocurre un desastre».
La directora de ARC, Delphine Traoré, añade: «Todo lo relacionado con el clima tiene mucho que ver con la seguridad alimentaria y con las personas más vulnerables de África. Sus habitantes —en particular las mujeres y las niñas— soportan el peso del cambio climático, pese a que su impacto es muy reducido en las emisiones de carbono».
El impacto desproporcionado de los desastres en las mujeres
Sin duda, las mujeres y las niñas ocupan los estratos económicos más bajos de África. Según una investigación sobre igualdad de género del Banco Africano de Desarrollo, las mujeres de África tienen más probabilidades de trabajar por cuenta propia en el sector informal, lo que significa que es poco probable que perciban un salario regular. Las mujeres que sí reciben un salario regular mediante un empleo formal ocupan 4 de cada 10 puestos de trabajo, pero ganan, en promedio, dos tercios del salario de sus colegas varones.
Las jóvenes africanas también tienen más probabilidades de estar desempleadas que los jóvenes africanos. Además, las mujeres de África realizan más del triple del trabajo de cuidados que los hombres, según la Organización Internacional del Trabajo, mientras que tres cuartas partes de los empleos remunerados de las mujeres en África consisten en trabajos no cualificados o semicualificados.
Dado este nivel de desigualdad, no sorprende que, cuando ocurre un desastre, las mujeres afronten peligros desproporcionados. Como cuidadoras de sus familias, puede resultarles más difícil evacuar sus hogares. La ropa que llevan por pudor puede dificultarles huir del peligro o salir de edificios derrumbados. Es posible que las niñas no hayan aprendido, por motivos culturales, técnicas de supervivencia como trepar a los árboles o nadar para escapar de las inundaciones. Las mujeres con poca educación quizá no puedan leer las advertencias o instrucciones escritas. El bajo estatus social de las mujeres puede hacer que se las pase por alto durante las operaciones de rescate y se dé prioridad a los hombres.
Después de un desastre natural, la carga de la responsabilidad también suele recaer de manera desproporcionada sobre las mujeres. A menudo se espera que cuiden a las personas enfermas y heridas mientras mantienen las tareas cotidianas. Cuando escasean los alimentos, puede esperarse que las mujeres y las niñas coman al final, lo que puede conducir, en el mejor de los casos, a la malnutrición y, en el peor, a la inanición. Además, cuando las personas refugiadas se alojan en refugios temporales, las mujeres pueden correr un mayor riesgo de sufrir violencia de género, agresiones sexuales y trata de personas.
Durante la recuperación o los desastres prolongados, a menudo se sigue esperando que las mujeres mantengan las tareas domésticas y de cuidado. Si se pierde a quien mantenía a la familia, muchas mujeres se ven obligadas a buscar empleo mientras continúan realizando esas tareas cotidianas. Las niñas pueden ser retiradas de la escuela para hacerse cargo de las labores domésticas.
Tras un desastre, los sistemas de denuncia o apoyo para las mujeres, como las clínicas de salud y los refugios (que suelen ser inadecuados incluso en las mejores circunstancias), pueden dejar de funcionar por completo. Por ello, las mujeres embarazadas y lactantes son especialmente vulnerables tanto durante como después de cualquier fenómeno natural repentino o desastre prolongado, al igual que los niños de corta edad.
El papel de las mujeres en la resiliencia climática: preparación, respuesta y recuperación ante desastres
Paradójicamente, las mujeres suelen participar muy activamente en la preparación, la respuesta y la recuperación ante desastres, aunque de manera improvisada e informal. A menudo ayudan a construir refugios temporales, organizar comedores comunitarios y gestionar la atención sanitaria. Como responsables del hogar y cuidadoras, pueden tener conocimientos y experiencia para hacer frente a las crisis. Sin embargo, estos esfuerzos pueden quedar relegados cuando llega la respuesta formal o comienza la recuperación estructurada.
Los gobiernos, los planificadores y los estrategas deben adoptar medidas de planificación que reconozcan y formalicen la participación de las mujeres en la gestión de desastres y las estrategias de riesgo. Deben promover la recopilación de datos desglosados por edad y género para grupos específicos, a fin de entender qué funciona y qué no. Las estrategias deben incluir a mujeres de todos los grupos demográficos para identificar riesgos que los planificadores varones quizá no comprendan. Consultar a las mujeres también ayuda a desmontar estereotipos y combatir la discriminación.
«El cambio comienza por fortalecer la resiliencia. El seguro contra riesgos desempeña un papel importante en ello, especialmente frente al cambio climático».
Emily Jones, Programa Mundial de Alimentos de la ONU
La necesidad de apoyo para hacer frente a las crisis relacionadas con el clima
La prevención es un aspecto crucial de la gestión de desastres, afirma Emily Jones, asesora de financiación climática y de riesgos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU. «Cuesta bastante convencer a las autoridades de que adopten un enfoque más preventivo al diseñar estrategias para evitar el sufrimiento y las dificultades de las personas cuando ocurren fenómenos como las sequías», señala. «El cambio comienza por fortalecer la resiliencia. El seguro contra riesgos desempeña un papel importante en ello, especialmente frente al cambio climático».
De hecho, Traoré, de ARC, considera que los países del G7 tienen el deber de apoyar a África, por ejemplo, financiando las primas de seguros paramétricos para permitir respuestas más decisivas y rápidas ante crisis alimentadas por el cambio climático, como sequías, enfermedades, inundaciones, incendios y tormentas.
¿Qué es el Foro Económico Mundial sobre África?
«Los países africanos, en particular, se ven afectados por sequías cada vez más frecuentes», continúa Veronika Bertram, responsable de cartera de financiación y seguros contra riesgos de desastre en KfW Development Bank. Basándose en su propia experiencia en la gestión del riesgo de desastres, afirma: «En situaciones de emergencia, la ayuda de emergencia tarda, en promedio, entre siete y nueve meses en llegar a quienes más la necesitan. Durante ese periodo, una sequía puede convertirse en una tragedia humana».
Debemos mostrar a los gobiernos africanos la importancia de contar con seguros e incluir la seguridad alimentaria y el riesgo de desastres en sus presupuestos. Tenemos que hacer más para encontrar formas sostenibles de financiar las primas de seguros para los países y las personas —en particular las mujeres y las niñas— que siguen viéndose gravemente afectados por el cambio climático.




