Comprender de dónde proceden nuestras emisiones de gases de efecto invernadero es fundamental para ayudarnos a reducirlas.
Climate TRACE utiliza imágenes satelitales para ayudarnos a comprender las emisiones globales e identificar sus fuentes.
La NASA también utiliza tecnología satelital para vigilar el metano y el dióxido de carbono, y ayuda a sus socios a identificar fugas de gas, gestionar los bosques y controlar mejor las emisiones de los vertederos.
«En los 30 años transcurridos desde que el mundo comenzó a negociar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, nadie ha identificado exactamente de dónde procede toda esa contaminación».
En un artículo publicado en Science, el exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore expone uno de los mayores obstáculos para avanzar en la lucha contra el cambio climático: la incapacidad de medir nuestras emisiones y seguir nuestros progresos hacia las cero emisiones netas.
Sin saber de dónde proceden nuestras emisiones ni cuál es el impacto de las medidas que tomamos para frenarlas, resulta difícil saber si estamos haciendo los cambios adecuados y con la suficiente rapidez.
Gore es uno de los promotores de Climate TRACE, una organización que recurre a una rama emergente de la ciencia que combina tecnología satelital e inteligencia artificial (IA) para ayudar a obtener una imagen más clara del estado de las emisiones globales.
Construir una comprensión detallada
Actualmente, los avances en los esfuerzos por limitar el calentamiento global a 1,5 °C se siguen mediante estimaciones de los países, basadas en información autodeclarada y presentadas a las Naciones Unidas. Sin embargo, faltan muchos de estos datos, afirma Gore, y más de 50 países no han presentado ningún inventario de emisiones en la última década.
Climate TRACE descubrió que el año pasado las emisiones reales de la producción mundial de petróleo y gas fueron aproximadamente el doble de las que se habían declarado a la ONU.
Las emisiones no solo se detectan en fuentes evidentes, como el transporte y las fábricas, sino también en otras más ocultas, como la eliminación de residuos y la ganadería. Climate TRACE combina tecnologías satelitales y otras de teledetección con mediciones directas e IA para cuantificar la magnitud de las emisiones directamente en su origen.
Según sus datos, los 14 mayores emisores del mundo son todos yacimientos de petróleo y gas. Entre los 20 primeros también hay acerías, refinerías y centrales eléctricas. La excepción es la red viaria de Los Ángeles, congestionada por el tráfico, que ocupa el puesto 16.
Cartografiar el metano
Otras organizaciones también han reconocido el potencial de la tecnología satelital para cartografiar los gases de efecto invernadero. GHGSat tiene actualmente varios satélites en órbita y vigila los gases de efecto invernadero con gran resolución. También puede identificar las emisiones de instalaciones individuales. Tras analizar los datos recopilados, la empresa propone medidas para reducir las emisiones.
Un análisis reciente de GHGSat muestra que las emisiones diarias de metano están aumentando, pese a los compromisos internacionales asumidos en la COP26 en forma del Compromiso Mundial sobre el Metano.
El Sistema de Vigilancia del Carbono de la NASA reúne la teledetección satelital, los conocimientos científicos y la modelización para ayudar a los socios nacionales y locales en las iniciativas de vigilancia y mitigación del cambio climático. Por ejemplo, ha ayudado a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos con datos sobre las emisiones de metano. También colabora con el Departamento de Recursos Naturales de Maryland para proporcionar imágenes forestales de alta resolución y datos de vigilancia del carbono que ayuden a orientar el sector forestal del estado.
Por otra parte, la misión de la NASA de investigación de las fuentes de polvo mineral en la superficie terrestre (EMIT) se diseñó para ayudar a los científicos a comprender cómo afecta el polvo al clima. Sin embargo, los investigadores se dieron cuenta de que la misma tecnología también puede detectar la presencia de metano, un potente gas de efecto invernadero.
Desde su instalación en la Estación Espacial Internacional en julio de 2022, los científicos han identificado más de 50 «superemisores» en Asia Central, Oriente Medio y el suroeste de Estados Unidos. Suelen pertenecer a los sectores de los combustibles fósiles, los residuos o la agricultura. Y como representan una parte importante de las emisiones, las medidas adoptadas por este pequeño número de productores pueden tener un gran impacto.
EMIT es el primero de una nueva clase de espectrómetros de imágenes espaciales y puede detectar la composición característica del metano.
La NASA también colabora con la organización sin ánimo de lucro Carbon Mapper para aplicar técnicas similares a la localización, cuantificación y seguimiento del metano y el dióxido de carbono.
Carbon Mapper ha contribuido a detectar fugas en gasoductos de gas natural en varios lugares. También se está utilizando para orientar estrategias de gestión del gas de vertedero, tras detectar fuertes emisiones de metano en varios emplazamientos de California.



