El cambio climático está transformando nuestra relación con el agua, según el científico del clima y autor Giulio Boccaletti, e introduce la política y el poder en la ecuación.
El agua se ha vuelto casi invisible para muchas personas en los países desarrollados; debemos repensar nuestra gestión de este recurso tan valioso.
La mejor gestión del agua debe incorporarse a las estrategias económicas y sociales de los países.
«Gestionar el agua es, en última instancia, un ejercicio de poder. Alguien tiene que construir algo en algún lugar, en el patio trasero de alguien, para controlar y gestionar los recursos hídricos. Y [con ello] algunos se beneficiarán y otros perderán», afirma el científico del clima y autor Giulio Boccaletti.
El cambio climático está transformando nuestra relación con el agua, introduciendo el poder y la política en cuestiones fundamentales de derechos humanos relacionadas con el acceso y la gestión, sostiene. Y a medida que las sequías y las inundaciones se vuelven más habituales y generalizadas en un planeta que se calienta, la forma en que concebimos el agua como recurso se vuelve cada vez más apremiante.
De hecho, como destaca el informe Circular Water Cities del Foro Económico Mundial, una de cada cuatro ciudades, que representan 4 billones de dólares en actividad económica, ya sufre estrés hídrico.
Sin embargo, para la mayoría de las personas en los países desarrollados el agua se ha vuelto casi invisible, afirma Boccaletti. Estamos tan acostumbrados a que esté ahí cuando la necesitamos, y se ha integrado tanto en nuestra vida diaria, que ya no la vemos.
El Día Mundial del Agua y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua constituyen una oportunidad importante para avanzar en el acuerdo político sobre la mejor gestión de este recurso fundamental, con el fin de garantizar un desarrollo equitativo y sostenible.
A continuación se ofrece una transcripción editada de la intervención de Boccaletti en las Reuniones de Impacto del Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial.
¿Cuáles son hoy algunos de los mayores desafíos en torno al agua?
Giulio Boccaletti: Quizá el mayor desafío, por encima de todos los demás, sea precisamente este: la gente no sabe cuáles son los desafíos; el agua es casi invisible para la gran mayoría de las personas, sobre todo para quienes viven en países desarrollados.
Hace diez mil años decidimos quedarnos quietos. Nos volvimos sedentarios en un mundo de agua en movimiento. Y, desde entonces, nuestra vida colectiva en el territorio ha estado moldeada por nuestra relación con el agua, que es esencialmente el agente del sistema climático en el territorio. Es la fuerza más poderosa que da forma al territorio en nombre del sistema climático y transforma el mundo que nos rodea. Las inundaciones, las sequías, las tormentas que alimentan la atmósfera y caen sobre nuestras cabezas: todas estas cosas son expresiones del agua y del sistema climático. Y durante 10.000 años hemos mantenido esta relación con este gigante.
Y luego, hace aproximadamente un siglo, la promesa del mundo moderno fue separarnos, emanciparnos de la naturaleza, y hemos reconfigurado el planeta. Convertimos la hidrología del planeta en hidráulica para impulsar la industrialización. Y, al hacerlo, creamos una ilusión de control. Por eso, hoy en día, casi nadie piensa mucho en el agua. Pero esa ilusión se está rompiendo, y ese es el mayor desafío actual. Se está rompiendo y las cosas están cambiando. El clima está en movimiento y el agua cambia con él. Y necesitamos reaprender cuál debería ser nuestra relación con el agua.
¿Por qué necesitamos redefinir nuestra relación con el agua?
Giulio Boccaletti: A medida que el sistema climático cambia, el agua vuelve a emerger: detrás de los diques, detrás de las presas, dentro de los canales, vuelve a moverse. Y lo hemos visto [en el verano de 2022], con las espectaculares sequías que han azotado Europa o las catastróficas inundaciones que han golpeado lugares como Pakistán y Corea del Sur.
Mientras esto ocurre, el mayor riesgo es que acabemos creyendo que el problema es simplemente una cuestión de ingeniería, que alguien, en algún lugar, se hará cargo de ello. Basta con gastar dinero. Pero 10.000 años de historia nos demuestran que, en realidad, la cuestión fundamental de la gestión del agua es política: es la pregunta de cómo debe ser un hogar. Y se trata de una cuestión esencial e intrínsecamente política que no puede abordarse solo con ingeniería. Requiere participación, debate y política.
Debemos volver a aprender a abordar políticamente las cuestiones del territorio, las cuestiones sobre quién decide cómo debe ser nuestro hogar y quién tiene derecho a ejercer el poder sobre el territorio. Porque eso, en pocas palabras, es lo que significa gestionar el agua.
¿Cómo podemos hacer que el acceso al agua sea más equitativo?
Giulio Boccaletti: Gestionar el agua es, en última instancia, un ejercicio de poder. Alguien tiene que construir algo en algún lugar, en el patio trasero de alguien, para controlar y gestionar los recursos hídricos. Y [con ello] algunos se beneficiarán y otros perderán.
Los costes recaerán de forma desproporcionada sobre quienes tienen menos poder. Lo hemos visto en las dramáticas sequías que azotaron el Cuerno de África en el verano de 2022: 20 millones de personas, prácticamente sin capacidad política, no pudieron movilizar a sus comunidades para transformar el territorio de forma que las protegiera. Lo mismo ha ocurrido en Pakistán. Son los más desfavorecidos quienes sufren las consecuencias.
Así que, sí, se trata de una cuestión de derechos humanos. Y es cierto que deberíamos plantear el agua como una cuestión de acceso. Pero es más que eso. También es una cuestión de ejercer soberanía sobre el territorio. Garantizar la seguridad hídrica va mucho más allá de tener acceso al agua para beber: se trata de contar con agua que sirva a los fines del desarrollo y de la cohesión social.
En ese sentido, el instrumento más poderoso con el que contamos para lograr un resultado justo y equitativo es la emancipación política. Es la capacidad de las personas para ser ciudadanos en la gestión del territorio en el que viven.
¿Cómo pueden participar los ciudadanos en la gestión del agua?
Giulio Boccaletti: Debemos reconocer que el mundo del agua no existe en abstracto. Está integrado en un conjunto de cuestiones relacionadas con el bienestar, el desarrollo económico, la equidad social y otros ámbitos. Por ello, lo esencial aquí es que las decisiones ambientales y las decisiones sobre los recursos de una nación y de una comunidad formen parte de la agenda política más amplia.
Ahora bien, ¿cómo ocurre eso? En los países donde las personas tienen capacidad política como ciudadanos, se trata de incorporar el medio ambiente y los recursos hídricos en los procesos políticos y de construir instituciones que permitan al Estado, o a la gobernanza del territorio, reconocer específicamente los problemas relacionados con el agua.
Mejoramos la gobernanza del agua no creando una gobernanza especial para el agua, sino integrando el agua en la estrategia económica y social de los países.





