El cambio climático no se limita a las emisiones de gases de efecto invernadero.
También es un síntoma y una causa de la tendencia, que se prolonga durante siglos, al declive de la conexión social y la cohesión comunitaria.
Abordar el cambio climático exige hacer frente a los efectos sociales y psicológicos de estos cambios.
El cambio climático es ampliamente reconocido por la comunidad científica como “la mayor amenaza sanitaria mundial del siglo XXI.”
Sin embargo, el cambio climático no se limita a las emisiones de gases de efecto invernadero. En esencia, es tanto un síntoma como una causa de la tendencia, que se prolonga durante siglos, al declive de la conexión social y la cohesión comunitaria.
Una vida moderna atomizada
Considere lo siguiente: si la historia de la humanidad se resumiera en 100 minutos, la vida moderna solo tomaría forma en los últimos 30 segundos aproximadamente.
En estos últimos 30 segundos, los seres humanos empezaron a domesticar plantas y animales, construir ciudades, inventar fábricas y empezaron a aprovechar la energía eléctrica. Estas novedades revolucionaron por completo la forma en que nos relacionamos unos con otros y el mundo que nos rodea.
Antes de la era moderna, la mayoría de los seres humanos vivía en pequeños grupos colectivos, rodeados de familia extensa, y apenas se alejaban de casa. Estos estilos de vida tradicionales son cada vez más raros a medida que las presiones del capitalismo y el colonialismo homogeneizan nuestras vidas.

En todo el mundo, las personas viven cada vez más en ciudades y se ven obligadas a abandonar los estilos de vida tradicionales. Las redes sociales se han fragmentado y se han reducido cada vez más. Pese a los esfuerzos por frenar el declive de la conexión social, nos organizamos cada vez más en núcleos familiares desconectados y en competencia. En consecuencia, las tasas de soledad están elevadas
y en aumento en casi todas las regiones del mundo y nuestros vínculos afectivos son cada vez menos seguros.
Consecuencias para nuestro planeta
Las consecuencias de la vida moderna no se limitan a el aumento de las tasas de soledad y de desconexión social. De hecho, en el mismo lapso de tiempo en que revolucionamos la vida social humana, también hemos incrementado drásticamente nuestra demanda sobre el mundo que nos rodea — talando miles de millones de acres de bosques, liberando miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera e imponiendo una vasta infraestructura a este planeta y a sus habitantes no humanos. Además, estamos perdiendo el conocimiento ecológico tradicional necesario para proteger nuestro medio ambiente. Estos cambios de estilo de vida atomizado han tenido un coste elevado para el medio ambiente.

Además de los estilos de vida más intensivos en el uso del medio ambiente que llevamos hoy, nuestra cultura cada vez más individualista se ha convertido en un factor clave de la degradación ambiental. Los estudios sugieren que el tribalismo y la polarización están obstaculizando nuestra capacidad para responder a las amenazas ambientales a las que cada vez nos enfrentamos más.
Un círculo vicioso de retroalimentación
Quizás lo más preocupante es que resulta evidente que existe un círculo vicioso de retroalimentación entre el cambio climático y la débil cohesión social. De hecho, cada vez hay más investigaciones que demuestran que el cambio climático no solo se verá agravado por nuestra desconexión social, sino que también contribuirá a una mayor desconexión. El cambio climático y nuestros males sociales modernos están relacionados.
Como ejemplifican los informes recientes de los medios de comunicación, incluso las familias y amigos cercanos sufren conflictos por el cambio climático. Tales conflictos pueden surgir de desacuerdos sobre cómo vivir nuestra vida de forma respetuosa con el medio ambiente y este riesgo aumenta debido a las importantes diferencias de género en la ansiedad climática.
Las parejas preocupadas por el futuro pueden, por tanto, experimentar conflictos sobre si tener hijos. En otras parejas, el cambio climático puede reducir la intimidad, aumentar la violencia de pareja y amenazar el bienestar sexual y reproductivo. De hecho, existen pruebas convincentes de que el clima inusualmente cálido se asocia con un descenso de los nacimientos nueve meses después, lo que sugiere que los cambios en el clima podrían afectar a la intimidad entre las parejas. El cambio climático es un tema divisivo que tiene el potencial de alejarnos cada vez más.
Si bien la decisión de no tener hijos puede tener muchos beneficios ambientales, vivir y envejecer sin hijos puede conllevar sus propias dificultades, entre ellas un mayor riesgo de soledad y aislamiento. El círculo de retroalimentación funciona en ambos sentidos.

Además, a nivel poblacional, estos efectos se agravan. Los fenómenos meteorológicos extremos pueden aumentar la tasa de violencia interpersonal. La caída de la natalidad tiene un considerable impacto económico. Y las migraciones masivas generan desafíos culturales como los que están impulsando el resurgimiento de partidos de extrema derecha en Europa.
La salida
En pocas palabras, la vida humana ha cambiado a un ritmo vertiginoso y nuestra biología, ecología y psicología no han logrado seguir el ritmo.
Como los pueblos indígenas llevan siglos enseñando, es hora de reconocer que todo está interconectado. Si no actuamos, el cambio climático deteriorará nuestros vínculos sociales, lo que solo reducirá nuestra capacidad para responder a las amenazas ambientales que nos esperan. El clima empeorará y el ciclo continuará.
Sin embargo, existe una salida de este círculo vicioso de retroalimentación: podemos revertir la tendencia, que se prolonga durante siglos, a la desconexión, tratando la salud social y ambiental al mismo nivel que la salud física y mental.
Nuestra propia investigación sugiere que promover la conexión social es clave para reducir los efectos nocivos del cambio climático, incluido su efecto en la salud mental. Otros estudios también demuestran que cuanto más conectados estemos, mejor podremos debatir y responder al cambio climático.
Por supuesto, si nos guiamos por las últimas décadas, debemos reconocer que la conexión y la cohesión social son difíciles de lograr. Si la vida moderna favoreciera la vida social sana, no estaríamos donde estamos hoy.
Por eso es precisamente por lo que necesitamos renovar las inversiones públicas y filantrópicas en cohesión social y vida comunitaria. Por ejemplo, los bancos de la amistad en Zimbabue son un ejemplo destacado de cómo confiar en la comunidad y fortalecerla puede ayudar a las personas a vivir vidas más felices y saludables. Debemos aprender de las comunidades que lideran el camino en todo el mundo si queremos sobrevivir y prosperar en medio del cambio ambiental. De hecho, el cambio climático nos exige unirnos.




