Las poblaciones de menores ingresos dependen de la agricultura, que es vulnerable a un clima cambiante.
El enfoque climático será esencial para todas las decisiones.
Solo se podrá frenar un mayor calentamiento y sus riesgos asociados alcanzando emisiones netas cero.
El cambio climático ya afecta al planeta, aumenta la probabilidad o la intensidad de fenómenos como inundaciones, olas de calor y sequías, y causa daños por valor de miles de millones de dólares. Sin embargo, el cambio climático no afectará a todos por igual.
McKinsey, en colaboración con científicos del clima del Woodwell Climate Research Center, analizó 105 países y concluyó que cada uno de ellos podría experimentar un aumento de los impactos socioeconómicos del cambio climático en 2050 (con el RCP 8.5, un escenario de mayores emisiones, elegido para captar todo el riesgo inherente del cambio climático).
No obstante, las economías y poblaciones de menores ingresos podrían sufrir los mayores impactos. Esto se debe a que con frecuencia dependen del trabajo al aire libre, como en la agricultura, o del capital natural, y ambos son vulnerables a un clima cambiante. Además, al disponer de menos medios financieros para adaptarse, los pobres podrían quedar mucho más expuestos, una tendencia que se da tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados.
Tres ejemplos ilustran la naturaleza regresiva del riesgo climático:
1. Calor y humedad extremos en India y otros mercados emergentes
La ciencia climática prevé que India podría ser uno de los primeros lugares en experimentar olas de calor que superen el umbral de supervivencia de una persona sana en reposo a la sombra. Las partes ya vulnerables de la población podrían ser las más afectadas.
En un escenario de mayores emisiones, se prevé que entre 160 y 200 millones de personas en India vivan en zonas que podrían sufrir olas de calor letales de este tipo en 2030, y las estimaciones sugieren que más de la mitad de esa población vivirá sin aire acondicionado en 2030.
El trabajo al aire libre, que hoy representa aproximadamente la mitad del PIB de India, también podría verse limitado a medida que aumenten los niveles de calor y humedad. Los trabajadores se cansarán más rápidamente y necesitarán hacer pausas más frecuentes, lo que afectará a la productividad laboral. Como resultado, en 2050, algunas zonas de India podrían perder efectivamente casi un 30 % de las horas anuales de trabajo con luz solar. Quienes no tienen acceso a sistemas de refrigeración y quienes se dedican a actividades al aire libre y manuales, entre los más pobres del país, se verán afectados de forma desproporcionada.
No solo India se ve afectada. Se prevé que países de todo el mundo pierdan horas de trabajo debido al aumento de los niveles de calor y humedad. En los países más ricos (según el PIB per cápita), la proporción de horas perdidas podría ser entre 1 y 3 puntos porcentuales superior en 2050 en comparación con la actualidad; y en los países más pobres, entre 5 y 10 puntos porcentuales superior.
2. Mayor volatilidad de los rendimientos agrícolas
Con un clima cambiante, se prevé que aumente la volatilidad de los cultivos, lo que incrementará la probabilidad de años con una producción mundial inusualmente baja, así como de años con cosechas excepcionalmente abundantes.
Consideremos las caídas de rendimiento. El cambio climático podría provocar pérdidas de cosechas en varias de las principales zonas productoras de cereales. Dadas las actuales reservas elevadas de grano, el mundo no se quedaría sin grano, aunque los ingresos de los agricultores pobres que dependen de estos rendimientos anuales podrían verse afectados. Además, los antecedentes históricos sugieren que los precios podrían aumentar. Esto perjudicaría en particular a las comunidades más pobres del mundo, incluidos los 750 millones de personas que viven por debajo del umbral internacional de pobreza.
Por otro lado, las cosechas excepcionalmente abundantes podrían afectar negativamente a los precios de los alimentos, lo que repercutiría en los ingresos de los agricultores. En 2050, se prevé que la probabilidad anual de que el rendimiento caiga más de un 10 % en un año determinado aumente del 6 % a cerca del 20 %; mientras que la probabilidad de que el rendimiento aumente más de un 10 % en un año determinado aumente del 0 al 6 %. Los impactos también podrían variar según la región: países como Canadá podrían registrar una mayor probabilidad global de años de cosechas abundantes, mientras que otras partes del mundo, a menudo más pobres, como India, podrían registrar una mayor probabilidad global de caídas de rendimiento.
3. Aumento del riesgo de inundaciones para las poblaciones vulnerables
El cambio climático está aumentando el poder destructivo de las inundaciones, que, además de costes humanos a menudo devastadores, destruye bienes inmuebles e interrumpe los servicios de infraestructura.
Analizamos los impactos de las inundaciones en Ciudad Ho Chi Minh, hogar de casi 9 millones de personas y 2 millones de trabajadores migrantes. Aunque las inundaciones son habituales en la zona, el cambio climático podría aumentar considerablemente los daños. Estimamos que los daños directos a los activos de infraestructura por una inundación centenaria actual podrían ascender hasta 300 millones de dólares, y aumentar a entre 500 millones y 1000 millones de dólares en 2050, sin adaptación. Los costes indirectos en términos de actividad económica interrumpida podrían ser considerables, pasando de entre 100 y 400 millones de dólares hoy a entre 1500 y 8500 millones de dólares en 2050.
Quienes menos tienen suelen perder más. En 2050, las estimaciones sugieren que alrededor del 85 % de las zonas urbanas pobres de la ciudad podría estar expuesto al riesgo de inundación, frente a aproximadamente el 60 % del conjunto del área urbana. Dado que las zonas más pobres suelen tener viviendas de menor calidad y no reguladas, junto con reservas financieras y seguros limitados, es más probable que les resulte difícil recuperarse.
Estos efectos no se observan solo en los mercados emergentes. En Florida, los precios de las viviendas podrían depreciarse a medida que el riesgo climático se incorpore a las decisiones de compra. Según las tendencias históricas sobre los impactos de las inundaciones por marea, la depreciación de las viviendas expuestas podría alcanzar entre 30 000 y 80 000 millones de dólares en 2050, manteniéndose constantes las demás variables: un impacto del 15 al 35 %. Los impactos podrían ser considerablemente mayores si, por ejemplo, se vieran afectadas la financiación hipotecaria o el precio y la disponibilidad de seguros. La capacidad de gasto en mitigación y recuperación frente a las inundaciones variará notablemente entre comunidades. Las decisiones de los propietarios de reconstruir o reubicarse estarán limitadas por la disponibilidad de fondos para la recuperación, así como por la viabilidad de obtener una nueva hipoteca en otro lugar.
Una respuesta eficaz
La buena noticia es que, en muchas partes del mundo, actuar ahora ofrece la oportunidad de gestionar con eficacia estos riesgos. Estos son tres imperativos para las partes interesadas:
En primer lugar, deben integrar el riesgo climático en todas las decisiones. En el caso de las ciudades, por ejemplo, el enfoque climático será esencial para las decisiones de planificación urbana. Esto deberá comenzar con una evaluación exhaustiva de los riesgos e impactos climáticos en las distintas comunidades.
En segundo lugar, será necesario acelerar los esfuerzos de adaptación para gestionar el riesgo que se ha «fijado» por las emisiones pasadas. La adaptación debe basarse en la equidad, de modo que la protección de los más vulnerables esté en el centro de todas las decisiones. Los residentes locales deben tener voz en las decisiones sobre adaptación. También es fundamental que la adaptación cuente con una financiación progresiva. Por ejemplo, si la financiación para construir protecciones como diques, para hacer la infraestructura más resiliente o para adaptar las prácticas agrícolas debe proceder de las comunidades locales o de los propios individuos, existe el riesgo de que quienes carecen de medios financieros para hacerlo se queden aún más rezagados. Encontrar formas de movilizar financiación del sector privado y público, y canalizarla hacia las comunidades con mayores necesidades, será clave.
Y las decisiones de adaptación deben ser inteligentes. Habrá que hacer concesiones entre dónde invertir y dónde retirarse, qué proteger ahora o más adelante, y garantizar que cualquier inversión en adaptación sea resiliente al clima del futuro, por ejemplo, creando sistemas que puedan aumentar la resiliencia financiera de las personas y cerrar la brecha de infraseguro.
En tercer lugar, la ciencia climática nos dice que solo se podrá frenar un mayor calentamiento y sus riesgos asociados alcanzando emisiones netas cero.
Lea aquí el informe completo de McKinsey: Riesgo climático y respuesta. Puede encontrar un análisis más detallado de Asia aquí: Riesgo climático y respuesta en Asia.




