El cambio climático y otros factores están afectando el follaje otoñal en EE. UU., y los cambios de color se producen más avanzada la temporada.
El cambio climático ha prolongado unos 10-14 días la temporada de crecimiento de los árboles del nordeste.
Los silvicultores pueden ayudar a frenar el cambio climático revegetando terrenos abiertos, aumentando la biodiversidad de los bosques y utilizando especies arbóreas muy adaptables.
La temporada otoñal de follaje colorido es un acontecimiento destacado del calendario en estados que se extienden desde Maine hacia el sur hasta Georgia y hacia el oeste hasta las Montañas Rocosas. Es especialmente importante en el nordeste, donde los colores otoñales atraen unos ingresos turísticos estimados en 8.000 millones de dólares estadounidenses cada año a Nueva Inglaterra.
Como científico forestal, a menudo me preguntan cómo está afectando el cambio climático al follaje otoñal. Lo más claro hasta ahora es que los cambios de color se producen más avanzada la temporada. Además, la persistencia del tiempo muy cálido y húmedo en 2021 está reduciendo la intensidad de los colores en el nordeste y la región del Atlántico medio. Pero el cambio climático no es el único factor que influye; en algunas zonas, las decisiones humanas sobre la gestión forestal son lo que más pesa.
Temporadas de crecimiento más largas
El cambio climático está haciendo que el nordeste sea claramente más cálido y húmedo. Desde 1980, las temperaturas medias del nordeste han aumentado 0,66 grados Fahrenheit (0,37 Celsius), y la precipitación media anual ha aumentado 3,4 pulgadas (8,6 centímetros), alrededor de un 8 %. Este aumento de las precipitaciones impulsa el crecimiento de los árboles y tiende a compensar el estrés que les causan las temperaturas en ascenso. En el oeste, donde el clima se vuelve más cálido y seco, el cambio climático tiene efectos fisiológicos más importantes en los árboles.
Mi investigación sobre fisiología arbórea y dendrocronología —la datación e interpretación de acontecimientos pasados a partir de los anillos de crecimiento de los árboles— muestra que, en general, los árboles del este de Estados Unidos han resistido bastante bien en un clima cambiante. No es de extrañar, dadas las sutiles variaciones climáticas en gran parte del este del país. La temperatura suele limitar el crecimiento de los árboles en regiones frescas y frías, por lo que un ligero calentamiento suele beneficiarlos.
Además, el dióxido de carbono —el principal gas de efecto invernadero que calienta el clima de la Tierra— es también la molécula que impulsa la fotosíntesis de las plantas. A medida que aumenta la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, las plantas realizan más fotosíntesis y crecen más.
Más dióxido de carbono no es automáticamente bueno para el planeta: esta idea suele denominarse « reverdecimiento global». La fotosíntesis que pueden realizar las plantas tiene límites naturales. Las plantas necesitan agua y nutrientes para crecer, y estos recursos son limitados. Además, a medida que aumenta la concentración de dióxido de carbono, disminuye la capacidad de las plantas para utilizarlo; este efecto se conoce como saturación por dióxido de carbono.
Por ahora, sin embargo, el cambio climático ha prolongado unos 10-14 días la temporada de crecimiento de los árboles del nordeste. En mis investigaciones sobre los anillos de los árboles, observamos habitualmente que ahora estos aumentan mucho más su diámetro que antes.
Este efecto se aprecia especialmente en los árboles jóvenes, pero también lo vemos en los viejos. Es notable, porque el crecimiento de los árboles viejos debería ralentizarse, no acelerarse. Científicos de los estados del oeste incluso han observado esta aceleración en pinos longevo que tienen más de 4.000 años —los árboles más viejos del mundo.
Los colores otoñales aparecen cuando termina la temporada de crecimiento y los árboles dejan de hacer la fotosíntesis. Dejan de producir clorofila, el pigmento verde de las hojas que absorbe la energía de la luz solar. Esto permite que se manifiesten los pigmentos carotenoides (naranjas) y xantofilas (amarillos) de las hojas. Estas también producen un tercer pigmento, la antocianina, que genera los tonos rojos. Una temporada de crecimiento más larga puede hacer que los colores otoñales aparezcan más tarde y también que sean menos vivos.
Una mezcla cambiante de árboles
El clima no es lo único que afecta a los colores otoñales. Las especies de árboles que hay en un bosque son un factor aún más importante, y la composición de los bosques del este de Estados Unidos ha cambiado drásticamente durante el último siglo.
Cabe destacar que hoy los bosques del este tienen más especies como arce rojo, abedul negro, tulipero y tupelo negro que a principios del siglo XX. Estos árboles toleran la sombra y suelen crecer en condiciones que no son ni extremadamente húmedas ni extremadamente secas. Además, en otoño ofrecen intensos tonos rojos y amarillos.
Este cambio comenzó en la década de 1930, cuando las agencias federales adoptaron políticas que exigían sofocar rápidamente todos los incendios forestales en vez de dejar que algunos ardieran. En aquel entonces, gran parte del este de Estados Unidos estaba dominada por robles, pinos y nogales adaptados al fuego. Si los incendios no se repiten una o dos veces por década, estas especies no logran regenerarse y acaban disminuyendo, lo que permite que se propaguen árboles más tolerantes a la sombra y sensibles al fuego, como el arce rojo.
Hay indicios de que algunas especies arbóreas del este de Estados Unidos están migrando hacia el norte y el oeste debido al calentamiento, al aumento de las precipitaciones y a la supresión de incendios. Esta tendencia podría afectar a los colores otoñales a medida que las regiones ganen o pierdan determinadas especies. En particular, los estudios indican que el área de distribución de los arces azucareros —uno de los árboles que ofrece los mejores colores— se está desplazando hacia el norte, hacia Canadá.
Bosques bajo presión
Hasta ahora está claro que el calentamiento ha retrasado el momento de máximo color en gran parte del este: desde unos pocos días en Pensilvania hasta dos semanas en Nueva Inglaterra. Aún no se sabe si este retraso hace que los colores otoñales sean menos intensos o duren menos.
Sin embargo, durante los últimos 35 años he observado que, cuando el tiempo muy cálido y húmedo se prolonga hasta mediados y finales de octubre, las hojas suelen pasar del verde a tonos apagados o directamente al marrón, sobre todo si se produce una helada repentina. Este año hay pocas hojas de un rojo intenso, lo que sugiere que el calor ha interferido en la producción de antocianina. Algunos árboles que suelen ofrecer tonos rojos característicos, como el arce rojo y el roble escarlata, están produciendo hojas amarillas.
Otros factores también podrían estresar los bosques del este. Los científicos del clima prevén que el calentamiento global hará que las tormentas tropicales y los huracanes sean más intensos y destructivos, con mayores índices de precipitación. Estas tormentas podrían derribar árboles, arrancar las hojas de los que queden en pie y reducir la coloración otoñal.
Los científicos también esperan que el cambio climático amplíe las áreas de distribución de los insectos que atacan los árboles, como el barrenador esmeralda del fresno. Además, el otoño muy húmedo de este año ha agravado los problemas causados por los hongos que producen manchas en las hojas, que están afectando especialmente a los arces azucareros.
Los bosques dan sombra a la Tierra y absorben dióxido de carbono. Me enorgullece ver que cada vez más silvicultores se dedican a la silvicultura ecológica, un enfoque centrado en los servicios ecosistémicos que proporcionan los bosques, como almacenar carbono, filtrar el agua y dar refugio a la fauna silvestre.
Los silvicultores pueden ayudar a frenar el cambio climático revegetando terrenos abiertos, aumentando la biodiversidad de los bosques y utilizando especies arbóreas muy adaptables, longevas, que producen muchas semillas y migran con el tiempo. Dar forma a los bosques del este para que prosperen en un clima cambiante puede ayudar a preservar sus beneficios —incluidos los colores otoñales— durante mucho tiempo.






