El cambio climático es un problema económico que hay que resolver. He aquí por qué

An aircraft flies overhead as a person rummages for recyclables at a garbage dumpsite in Paranaque city, metro Manila June 8, 2014. The United Nations declared "Small Islands and Climate Change" the theme of 2014 World Environment Day, with the year's official 2014 slogan being "Raise your voice, not the sea level". REUTERS/Romeo Ranoco (PHILIPPINES - Tags: SOCIETY ENVIRONMENT TRANSPORT TPX IMAGES OF THE DAY) - GM1EA68120W01
“Limiting warming to 1.5 degrees C is possible within the laws of chemistry and physics but doing so would require unprecedented changes.”Image: REUTERS/Romeo Ranoco
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Michael. Maria. Marcus. Mangkhut.

Este año, las tormentas más feroces que azotaron el planeta recibieron nombres que empiezan por «M».

Como representantes de Majuro y Manila, esto nos llegó muy de cerca. Quienes vivimos cerca del mar, en pequeñas islas y junto a grandes ríos conocemos de primera mano los peligros que afrontamos todos si no actuamos ahora.

Tres semanas después del estudio histórico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático acerca de las consecuencias de un calentamiento superior a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, tenemos la oportunidad de actuar.

Y tenemos que actuar porque, para nuestros países —Filipinas y las Islas Marshall—, 1,5 grados C es nuestra línea roja. Como dijimos en la cumbre climática de París: 1,5 para seguir con vida.

Image: Reuters

Si el cambio climático es un problema ambiental y moral, también es un problema económico. Por eso ocupó un lugar destacado en los debates de la reciente reunión del Banco Mundial y el FMI en Bali.

El cambio social que prescribe el informe del IPCC sobre los 1,5 grados C requiere inversiones importantes y rápidas. «Limitar el calentamiento a 1,5 grados C es posible según las leyes de la química y la física, pero hacerlo exigiría cambios sin precedentes», afirmó Jim Skea, uno de los principales autores del IPCC.

El pronóstico del IPCC es contundente: limitar el calentamiento global a 1,5 grados C exigiría transiciones «rápidas y de gran alcance» en el uso del suelo, la energía, la industria, los edificios, el transporte y las ciudades.

Las emisiones mundiales del gas de efecto invernadero más abundante —el dióxido de carbono (CO2)— deben caer alrededor de un 45 % respecto de los niveles de 2010 para 2030 y desplomarse hasta alcanzar el «cero neto» a mediados de siglo.

Las Islas Marshall y Filipinas necesitan que esto ocurra: es una cuestión de seguridad y estabilidad nacionales.

Las Islas Marshall dependen mucho de nuestros mares para obtener alimentos, medios de vida e ingresos por exportaciones. El aeropuerto de Majuro sufre periódicamente el embate de las mareas vivas; es difícil tener una economía plenamente funcional cuando la pista corre el riesgo de quedar sumergida.

No nos quedamos de brazos cruzados mientras la marea nos llega a los pies.

Como señaló el reciente informe New Climate Economy, invertir ahora en ciudades más compactas, inteligentes y bien conectadas puede permitir ahorrar billones en el futuro. Para 2030 podrían generarse alrededor de 65 millones de empleos con bajas emisiones de carbono y 26 billones de dólares en beneficios económicos si los gobiernos toman hoy las decisiones adecuadas.

A principios de 2018, la Junta de Inversiones de Filipinas aprobó ocho proyectos solares en tejadospor valor de 1,65 mil millones de dólares. Los precios de la energía solar en el país suelen ser inferiores a los del carbón y el diésel, lo que convierte a las energías renovables en una opción de sentido común.

El mes pasado, las Islas Marshall publicaron su plan más reciente, en el que explican cómo reducirán drásticamente el uso de petróleo y diésel importados, que son caros, y pasarán a utilizar energía 100 % renovable; una decisión que ahorrará en conjunto millones de dólares a sus ciudadanos.

A principios de octubre, el V20 —un grupo de 20 de las naciones más vulnerables al clima del mundo— y el G20 lanzaron la Plataforma InsuResilience, cuyo objetivo es ofrecer protección financiera frente a fenómenos meteorológicos extremos e inversiones para construir infraestructuras más resilientes al clima.

Pero nosotros y otros países en desarrollo no podemos llevar a cabo por nuestra cuenta esta transición, que cuesta miles de millones de dólares.

El Banco Mundial, el FMI y los demás grandes bancos de desarrollo presentes en Bali deben responder a las necesidades de los más vulnerables. Los ministros de Finanzas de los países desarrollados deben cumplir sus promesas y garantizar que las inversiones sensibles al clima se materialicen pronto y con rapidez.

Si esta exigencia parece injusta, echemos un vistazo a la economía mundial. Todos vivimos en un mundo cada vez más interconectado, con cadenas de suministro complejas.

Tomemos Filipinas. Entre sus exportaciones figuran cátodos, semiconductores, cobre refinado y bananas.

Los principales mercados de exportación del país son China, Estados Unidos, Japón, Singapur y Alemania. Cada vez que los fenómenos meteorológicos extremos azotan nuestras costas, cada vez que el mar rompe nuestras defensas y cada vez que las inundaciones anegan nuestras ciudades y campos, esas cadenas de suministro esenciales corren peligro.

Por eso debemos replantear el debate de siempre sobre la financiación climática. Se trata de invertir en el futuro del mundo, donde cada engranaje en movimiento es importante para mantener en marcha la economía mundial.

El Banco Mundial ya ha indicado que dejará de invertir en nuevas centrales de carbón. Ahora debe impulsar una nueva y ambiciosa agenda de inversión con bajas emisiones de carbono que respalde una generación de energía más limpia y eficiente. Los gobiernos del mundo desarrollado pueden seguir su ejemplo eliminando los subsidios a los combustibles fósiles, cuyo valor se estima en 5 billones de dólarescada año.

Los gobiernos del mundo en desarrollo pueden seguir su ejemplo y abandonar la generación de energía basada en el carbono, que es cara, poco fiable y muy contaminante, para adoptar formas de generación de energía más limpias, asequibles y fiables.

También pueden tomar medidas más contundentes para proteger sus vastos recursos naturales, desde las extensas selvas tropicales de Indonesia hasta los vastos territorios oceánicos de las Islas Marshall.

El informe del IPCC es claro: tenemos las soluciones y la tecnología. Sabemos qué debemos hacer para proteger a nuestros hijos.

Lo que necesitamos ahora es liderazgo. El mes que viene, el CVF lanzará una iniciativa pionera en el mundo: una cumbre digital sobre el clima de un día entero. La utilizaremos como base para impulsar una mayor ambición en todo el mundo.

El futuro de Majuro, Manila y el resto del mundo depende de ello.

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