El cambio climático es una amenaza para la seguridad. Debemos actuar ya

A road is flooded after heavy rain in Cox’s Bazar, Bangladesh, July 25, 2018. REUTERS/Clare Baldwin TPX IMAGES OF THE DAY - RC14FC6A29A0
Bangladesh is one of the most climate-vulnerable countries in the world.Image: REUTERS/Clare Baldwin
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Durante tres años consecutivos, el Informe sobre riesgos globales del Foro Económico Mundial ha identificado el cambio climático como la mayor amenaza para las empresas y la industria a nivel mundial. El informe señala que el “fracaso en la mitigación y adaptación al cambio climático – crisis hídricas – desastres naturales” afectará a las empresas y la industria en todo el mundo.

Ningún lugar ha sentido el impacto del cambio climático de forma tan directa como Bangladesh. Nací en la prístina zona rural ribereña de Bangladesh. Cuando crecí en el campo en los años cincuenta y sesenta, carecíamos de electricidad y carreteras adecuadas. Las inundaciones fluviales y monzónicas formaban parte de nuestra vida. Mi padre solía relatar cómo las vidas y los medios de subsistencia de la gente estaban íntimamente ligados a la tierra, los ríos, los humedales y el mar en Bangladesh.

Nuestra vida era entonces tan cómoda como hoy, pero la naturaleza no era tan exigente ni impredecible como lo es ahora. Para nuestra total consternación, sin haber contribuido a la destrucción del medio ambiente, nos enfrentamos a una situación en la que Bangladesh es uno de los países más vulnerables al clima del mundo.

El mundo reconoce cómo el aumento de los ciclones, las marejadas ciclónicas y las inundaciones monzónicas amenazan los medios de subsistencia de la población de Bangladesh. En nuestra frontera sur, la bahía de Bengala se está acidificando cada vez más. Con la subida del nivel del mar, un tercio de nuestra población corre el riesgo de desplazamiento. Cada año, corremos el riesgo de perder entre un 2%-3% de nuestro PIB como consecuencia de los efectos del cambio climático.

En lo profundo de nuestro delta activo, cada monzón y cada inundación erosiona las orillas de los ríos. Las familias quedan sin tierra e indefensas de la noche a la mañana. Se pierden miles de acres de valiosas tierras de cultivo. Esto no es sorprendente, ya que nuestros ríos transportan casi una cuarta parte de toda la carga de sedimentos que arrastran todos los grandes sistemas fluviales del mundo ¡cada año!

El patrón errático y la intensidad de las lluvias y el calor creciente dificultan la agricultura. Mientras converso con bangladesíes de todo el país, muchos también destacan la creciente sequía durante la estación seca. A principios de febrero, la Oficina Meteorológica del Reino Unido predijo que la década de 2014 a 2023 será la más cálida en 150 años.

Nuestro clima cambiante conduce a la aparición de nuevos patógenos. Enfermedades como la malaria, que habíamos erradicado con éxito, corren el riesgo de reaparecer. Riesgos similares se observan en enfermedades de los cereales, el ganado y las aves de corral. La variación de temperatura también supone un desafío para nuestra industria pesquera. Todo ello pone seriamente en riesgo nuestros valiosos avances en desarrollo y nuestros notables esfuerzos para erradicar la pobreza.

A pesar de estos desafíos, Bangladesh es hoy el cuarto mayor productor de arroz, el cuarto mayor de pescado, el quinto mayor de hortalizas y se encuentra entre los diez primeros en horticultura. También ofrecemos al mundo una fibra mágica, el yute, que puede ayudar a frenar el cambio climático. Además, hemos desarrollado variedades de cultivos tolerantes al estrés como respuesta propia a la adaptación al cambio climático. Todos estos logros han sido posibles gracias a la continua ingeniosidad e innovación de nuestros agricultores.

Pero nos preocupa que no podamos mantener el progreso alcanzado. Bangladesh observa una renuencia en todo el mundo a adoptar medidas de mitigación del cambio climático. Durante la última década, he estado explicando al mundo cómo millones de bangladesíes se están trasladando de sus tierras ancestrales debido a la erosión fluvial, el estrés hídrico, la intrusión salina y la contaminación por arsénico de las aguas subterráneas.

Una sensación de desesperanza se apodera de una población de casi 160 millones de personas. Ven cómo sus recursos se agotan, su capacidad de afrontar la situación se reduce y su apoyo disminuye. Las vulnerabilidades climáticas acentúan la inestabilidad social y la cohesión dentro de las comunidades y entre ellas. El resultado neto son diversos tipos de tensión en los distintos estratos de la sociedad.

Me preocupa menos la “guerra” convencional. En cambio, prevéo que el estrés climático provocará que las tensiones se intensifiquen y desencadenará diversas formas de conflictos dentro de las comunidades. Debemos elevarnos por encima de la política de la duda y aceptar que las vulnerabilidades climáticas conducen a una economía frágil y ponen en riesgo la seguridad humana.

Disponemos de una base sustancial de ciencia, tecnología, innovación y financiación para afrontar el cambio climático. Una pieza crucial que falta es la voluntad de los segmentos más acomodados de nuestras sociedades de actuar con ambición frente al cambio climático. Necesitamos transformar nuestros estilos de vida, actitudes, sistemas y economías. En 2012, me comprometí motu proprio en Nueva York a que Bangladesh seguirá una vía de desarrollo bajo en carbono, como nuestro compromiso con el bien colectivo de combatir el cambio climático.

Es hora de actuar frente al cambio climático. Si alguien todavía duda del cambio climático, aunque sea ligeramente, le invito a visitar Bangladesh. Estoy dispuesto a acompañarle para mostrarle cómo el cambio climático afecta silenciosamente la vida de millones de personas.

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