Así afecta el cambio climático a nuestra capacidad para aprovechar el agua dulce

Image of land impacted by drought.
Dry parts of the planet will become drier as climate change affects the fresh water cycle.Image: UNSPLASH/ Oleksandr Sushko
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  • El ciclo del agua está cambiando más rápido de lo previsto debido al cambio climático.

  • Los grandes cambios en el ciclo del agua hacen que las zonas secas sean más secas y las húmedas, aún más húmedas.

  • Esto significa que habrá más sequías e inundaciones extremas, afirman los científicos.

  • Dicen que esta es otra razón por la que debemos avanzar rápidamente hacia las emisiones netas cero.

El agua dulce circula del océano al aire, a las nubes, a los ríos y de vuelta a los océanos. Este incesante ir y venir puede darnos una falsa sensación de certeza. El agua dulce siempre saldrá del grifo. ¿O no?

Por desgracia, no está garantizado. El cambio climático está alterando los lugares donde el ciclo del agua deposita agua en tierra: las zonas secas se vuelven aún más secas y las húmedas, todavía más húmedas.

Nuestra investigación publicada el 23 de febrero en Nature ha concluido, a partir de los cambios observados en nuestros océanos, que el ciclo del agua está cambiando más rápido de lo que pensábamos.

Este hallazgo preocupante subraya la necesidad, cada vez más apremiante, de poner fin a las emisiones de gases que calientan la atmósfera antes de que el ciclo del agua cambie hasta volverse irreconocible.

Si esto parece grave, es porque lo es. Nuestra capacidad para aprovechar el agua dulce hace posible la sociedad moderna.

Es difícil hacer un seguimiento de cuánta lluvia cae sobre nuestros océanos.Image: UNSPLASH/Brazil Topno

El ciclo del agua ya ha cambiado

A medida que la Tierra se calienta, el ciclo del agua ha empezado a intensificarse según un patrón de «las zonas húmedas se vuelven más húmedas y las secas, más secas».

Esto significa que cada vez sale más agua dulce de las regiones secas del planeta y acaba en las regiones húmedas.

¿Qué aspecto podría tener esto? Fenómenos meteorológicos intensificados. En las zonas relativamente secas, sequías más intensas y frecuentes. En las zonas relativamente húmedas, tormentas e inundaciones más extremas.

Pensemos en la megasequía que asola el oeste de Estados Unidos, en las inundaciones sin precedentes en Alemania, o en el aumento de las lluvias intensas observado en ciudades como Bombay.

Este cambio ya está ocurriendo. En su histórico informe de 2021, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU se basó en este creciente conjunto de investigaciones para concluir que el cambio climático ya estaba causando cambios a largo plazo en el ciclo del agua.

Los cambios que estamos viendo son solo el comienzo. Durante las próximas décadas, esta intensificación del ciclo del agua podría dificultar mucho que la población obtenga un suministro fiable de agua dulce en amplias zonas del planeta.

Es preocupante que, aunque sabemos que el ciclo del agua se está intensificando, no sepamos del todo cuánto ni a qué velocidad. Ahí es donde entra en juego el océano.

Cómo usar el océano como pluviómetro

La principal razón por la que es difícil medir directamente los cambios en el ciclo del agua es que no contamos con suficientes mediciones de las precipitaciones y la evaporación en nuestro planeta.

En la práctica, es muy difícil instalar pluviómetros permanentes o evaporímetros en el 70% de la superficie de nuestro planeta que está cubierta de agua. Además, para evaluar los cambios a largo plazo, necesitamos mediciones de hace décadas.

El aumento de la evaporación se debe al incremento de la temperatura de los océanos.Image: UNSPLASH/Jeremy Bezanger

La solución que han encontrado los científicos es utilizar el océano. Puede que muchos no sepan que la salinidad del océano varía según la región. Por ejemplo, en promedio, el Atlántico es más salado que el Pacífico.

¿Por qué? Por la lluvia. Cuando el agua dulce cae en forma de lluvia sobre el océano, diluye el agua marina y reduce su salinidad. Cuando el agua se evapora de la superficie, la sal permanece y aumenta la salinidad. Esto significa que podemos usar los cambios de salinidad del océano, que se registran mejor, como una especie de pluviómetro para detectar cambios en el ciclo del agua.

Investigaciones anteriores utilizaron este método para hacer un seguimiento de los cambios en la salinidad de la superficie del océano. Estas investigaciones indicaron que el ciclo del agua se está intensificando de forma drástica.

Por desgracia, el océano no permanece quieto como un pluviómetro convencional. Las corrientes, las olas y las corrientes circulares de remolino mantienen las aguas oceánicas en constante movimiento. Esta incertidumbre ha suscitado dudas sobre la precisión del vínculo entre la salinidad y los cambios en el ciclo del agua.

En respuesta, hemos desarrollado nuevos métodos que nos permiten vincular con precisión los cambios en la salinidad del océano con los cambios en la parte del ciclo del agua que transporta agua dulce de las regiones más cálidas a las más frías. Nuestras estimaciones indican cómo está cambiando el ciclo del agua en su conjunto en la atmósfera, sobre la tierra y en los océanos.

¿Qué descubrimos en nuestro nuevo estudio? Desde 1970, el equivalente en agua dulce a 123.000 veces el volumen de las aguas del puerto de Sídney se ha desplazado de los trópicos a las zonas más frías. Se calcula que son entre 46.000 y 77.000 kilómetros cúbicos de agua.

Esto concuerda con una intensificación del ciclo del agua de hasta un 7%. Eso significa hasta un 7% más de lluvia en las zonas más húmedas y un 7% menos de lluvia (o más evaporación) en las zonas más secas.

Esta cifra se sitúa en el extremo superior de las estimaciones establecidas por varios estudios anteriores, que apuntaban a una intensificación más cercana al 2-4%.

Por desgracia, estos hallazgos indican que los cambios potencialmente catastróficos del ciclo del agua podrían estar acercándose más rápido de lo que se pensaba.

¿Cómo sería el futuro con un ciclo del agua alterado?

Si el ciclo del agua se intensifica a un ritmo más rápido, habrá sequías extremas y episodios de lluvia más intensos y frecuentes.

Aunque los gobiernos del mundo cumplan su objetivo y limiten el calentamiento global a un máximo de 2℃, el IPCC predice que seguiremos sufriendo fenómenos extremos un 14% más intensos de media con respecto al período de referencia de 1850-1900.

Como dejó claro el informe del IPCC del año pasado, algunas personas y algunos ecosistemas se verán más afectados que otros. Por ejemplo, los países mediterráneos, el suroeste y el sureste de Australia, y América Central serán más secos, mientras que las regiones monzónicas y los polos serán más húmedos (o tendrán más nieve).

En las zonas secas afectadas por estos cambios del ciclo del agua, podemos esperar amenazas reales para la viabilidad de las ciudades, a menos que se implanten alternativas como la desalinización.

Es probable que las sequías sean más intensas y frecuentes en las zonas secas del mundo.Image: UNSPLASH/ Luis Tosta

¿Qué debemos hacer? Ya conocen la respuesta.

Décadas de investigación científica han demostrado la relación extremadamente clara entre las emisiones de gases de efecto invernadero y el aumento de las temperaturas globales, que a su vez impulsa la intensificación del ciclo del agua.

Esta es otra razón por la que debemos avanzar hacia las emisiones netas cero con toda la rapidez posible para reducir los daños del cambio climático.

Los cambios en el ciclo del agua que observamos se debieron en gran medida a emisiones anteriores, desde mediados del siglo XX y antes. Desde entonces, hemos aumentado drásticamente nuestras emisiones.

Lo que ocurra a continuación depende por completo de nosotros.

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