El cambio climático hace que los árboles crezcan más rápido, pero esto también los debilita.
La densidad de la madera ha disminuido un 8-12% en el último siglo, ya que los árboles han crecido más rápido.
Esto podría tener un impacto negativo en la capacidad de almacenamiento de carbono de los bosques, ya que los árboles con madera más débil almacenarán menos carbono.
Esto podría tener implicaciones para el futuro de los bosques, ya que podrían resistir menos los fenómenos meteorológicos extremos.
A medida que aumentan las temperaturas globales, los árboles de las zonas más frías se benefician de una temporada de crecimiento más prolongada. Una temporada de crecimiento más larga produce anillos de crecimiento más gruesos y, como resultado, una mayor producción total de madera.
Sin embargo, los estudios sugieren que las temporadas de crecimiento más largas contribuyen a debilitar la madera, lo que hace que los árboles sean estructuralmente más débiles. La mala calidad de la madera implica que los troncos se rompen con más facilidad.
Somos ecólogos forestales especializados en la anatomía y el crecimiento de la madera. Examinemos los estudios científicos más recientes disponibles para intentar trazar el futuro de nuestros bosques y analizar cómo el cambio en la temporada de crecimiento determina las características de la madera producida.
Madera: ¿qué es?
Madera es el producto de la acumulación progresiva de células (células del xilema) en los árboles. La finalidad de esta acumulación es renovar el sistema de transporte de savia y proporcionar soporte mecánico al tallo (tronco), las ramas y las hojas.
Un anillo de crecimiento es el producto de una temporada de crecimiento que, en los entornos templados y boreales, abarca de la primavera al otoño. Cada año se forma un nuevo anillo de crecimiento. El grosor de un anillo depende de una combinación de factores inherentes al árbol (su especie y factores genéticos) y factores ambientales (como el tipo de suelo, la exposición al sol, el clima y la competencia entre los árboles vecinos).
En algunas especies, especialmente en las coníferas, puede resultar bastante fácil distinguir los anillos entre sí. Esto se debe a que, durante la temporada de crecimiento, el árbol produce dos tipos de madera, caracterizados por células de distinta forma y función.
En primavera, el árbol produce muchas células grandes y de color claro, con una pared celular fina. Esta parte del anillo anual se denomina «madera temprana». A finales del verano, el crecimiento se ralentiza. Las células se vuelven más pequeñas, pero sus paredes se engrosan. Esta «madera tardía» es la porción más oscura del anillo anual.

Las características de las células de la madera son particularmente importantes y revisten gran interés desde el punto de vista ecológico y económico. En primer lugar, las paredes celulares de la madera almacenan la mayor parte del carbono asimilado de la atmósfera por los árboles. Así, una pared celular más gruesa significa que el árbol absorbe una mayor cantidad de carbono. En segundo lugar, la proporción entre el número de células de madera temprana y de madera tardía determina la densidad de la madera y, por tanto, su uso potencial y su valor material.
Los árboles crecen más rápido
Durante el último siglo, en las regiones templadas de América del Norte y Europa, los árboles han mostrado una tasa de crecimiento más rápida, de hasta un 77 % superior a la del siglo anterior. Este aumento está relacionado con la producción de anillos de crecimiento más gruesos.
A primera vista, un crecimiento más rápido podría interpretarse como una mayor producción de biomasa, lo que conduciría a una mayor capacidad de almacenamiento de carbono y, por tanto, a una mayor contribución de nuestros bosques a la lucha contra el cambio climático. En otras palabras, una tasa de crecimiento más alta podría significar que habría más madera disponible para nuestras diversas necesidades.
Pero como escribió William Shakespeare: «A menudo la expectativa se frustra, y más a menudo aún allí donde más promete».
Los árboles mueren más jóvenes
Un estudio de la Universidad Técnica de Múnich en Alemania analizó la tasa de crecimiento de los árboles y las características de su madera durante el último siglo. Descubrieron que, a medida que aumentaba la tasa de crecimiento, la densidad de la madera disminuía entre un 8 y un 12 %.
Además, a medida que disminuía la densidad de la madera, su contenido de carbono también se reducía en torno a un 50 %. Esto sugiere que los árboles extraían menos dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera.
Además de una menor capacidad para absorber y almacenar el carbono atmosférico, la reducción de la densidad de la madera puede debilitar la resistencia estructural de los troncos. La madera cumple la importante función de sostener los árboles. Reducir su densidad va, por tanto, acompañado de una menor resistencia a las tensiones mecánicas que podrían provenir del viento o del efecto de la gravedad en pendientes pronunciadas.
Para complicar aún más las cosas, otro estudio reciente ha demostrado una asociación entre el crecimiento y la esperanza de vida de los árboles: los árboles de crecimiento rápido tienen una esperanza de vida más corta.
Demasiado no es suficiente
En nuestro último estudio, cuantificamos las relaciones entre la duración de la temporada de crecimiento, la productividad y las características de las células de la madera en el abeto balsámico.
El estudio confirmó que los árboles con una temporada de crecimiento más larga producen más células de madera y un anillo de crecimiento más grueso. Sin embargo, un mayor crecimiento también se corresponde con un cambio en la proporción entre la cantidad de madera temprana y de madera tardía. Por cada día que aumentaba la duración de la temporada de crecimiento, los árboles producían una célula más de madera temprana.
El aumento de la proporción entre la madera temprana y la madera tardía se refleja en la disminución de la densidad de la madera. Esto demuestra que un aumento del crecimiento en volumen no corresponde necesariamente a una mayor producción de biomasa.
¿Qué depara el futuro a nuestros bosques?
La temperatura media mundial ha superado en unos 1,15 °C la media preindustrial (1850-1900), y se prevé que siga aumentando en los próximos años. Las temperaturas más cálidas podrían alargar la temporada de crecimiento de los árboles y, en consecuencia, aumentar su tasa de crecimiento.
Si bien, por un lado, esto podría dar lugar a una expansión de los bosques a escala mundial, es probable que la tasa de absorción de carbono por parte de los bosques disminuya.
Aunque nuestros bosques harán una contribución sustancial a la lucha contra el cambio climático, los resultados de estos estudios son una prueba más de que los problemas ambientales no pueden resolverse sin tomar medidas directas sobre las causas que desencadenan el cambio global.
En el contexto del cambio climático, reducir las emisiones antropogénicas que causan el calentamiento global no es algo que podamos permitirnos negociar o posponer.




