Dadas las amenazas que plantea el calentamiento global, ¿por qué no hay más personas que presionen a quienes ostentan el poder para que hagan más al respecto?, se pregunta un profesor de psicología.
Aquí expone las posibles razones de la inacción pública y explica el potencial del activismo local para provocar cambios.
La acción colectiva dirigida a los responsables locales de la toma de decisiones es necesaria en el actual entorno político para impulsar la acción frente al cambio climático, afirma.
El calentamiento global ha aumentado el número de fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo un 400% desde la década de 1980. Los países saben cómo frenar los daños de que empeoren: dejar de quemar combustibles fósiles y pasar a las energías renovables, electrificar el transporte y la industria, y reducir la intensidad de carbono de la agricultura.
Pero nada de esto se está haciendo con la rapidez suficiente para evitar un calentamiento de escala catastrófica.
En mi nuevo libro, “The Climate Crisis,” expongo los mecanismos y las consecuencias de la crisis climática, así como las razones de la falta de un esfuerzo serio para combatirla. Una razón poderosa es la influencia que la industria de los combustibles fósiles, las compañías eléctricas y otros con un interés creado en los combustibles fósiles ejercen sobre los responsables políticos.
Pero hay otra razón de esta inacción que todos podemos cambiar: el escepticismo sobre la respuesta – el público no cree lo suficiente en su propio poder político ni lo utiliza.
Cuando las personas alzan la voz y trabajan juntas, pueden impulsar cambios poderosos. Así se ve en estudiantes universitarios que exigen a su rector que retire la central eléctrica de combustibles fósiles del campus y cambie a electricidad renovable. También se observa en ganaderos de Colorado que presionan a su gobernador para que apruebe una norma de electricidad limpia que les permita beneficiarse de tener aerogeneradores en sus tierras.
Sin embargo, mientras el 70% de los adultos estadounidenses describe el cambio climático como una preocupación importante, solo el 10% afirma haber participado como voluntario en una actividad centrada en abordar el cambio climático o haber contactado con un cargo electo al respecto durante el año anterior, según una encuesta del Pew Research Center de 2021.
¿Por qué participan tan pocos adultos en acciones para animar a los gobiernos y a los responsables de la toma de decisiones a hacer más frente al cambio climático, si las encuestas muestran que lo apoyan, y cómo pueden superar el escepticismo que les frena?
Qué impide que la gente alce la voz
Las encuestas muestran que algunas personas ven cómo el dinero de las industrias adineradas y de particulares influye en los políticos y no creen que los políticos escuchen al público.
Otras personas se distraen con argumentos que pueden frenar la implicación, como las campañas que instan a centrarse en el reciclaje individual, o que preguntan por qué Estados Unidos debería hacer más si otros países no lo hacen, o que sostienen que no hay prisa porque la tecnología del futuro salvará a la humanidad. Algunas creen que las promesas de las empresas y las universidades de alcanzar la neutralidad de carbono en el futuro –a menudo en un futuro muy lejano– son suficientes.
Estos relatos pueden resultar seductores. El foco en el reciclaje, por ejemplo, ofrece una sensación de satisfacción de haber logrado algo. Los argumentos de que China emite más gases de efecto invernadero y de que la tecnología del futuro lo resolverá todo parecen exonerar a la gente de tener que dar ningún paso ahora.
Los estudios han demostrado que participar en acciones climáticas locales puede requerir un conjunto de valores, actitudes y creencias, entre ellas la convicción de que uno mismo y el grupo son capaces de lograr resultados. Algunas de estas creencias pueden desarrollarse mediante la práctica de organizarse en grupo, lo que a menudo resulta muy divertido, y tiene otros beneficios psicológicos que derivan de una mayor solidaridad en una sociedad a menudo alienante.
Lo que considero especialmente importante es tener una teoría local del cambio –la convicción de que, aunque el cambio climático de origen humano es un problema global, merece la pena emprender acciones locales.
3 motivos por los que importa el activismo local
La investigación y la historia sugieren que la acción local es más poderosa de lo que muchas personas creen. Estas son tres razones clave:
En primer lugar, gran parte del cambio de políticas que puede afectar al cambio climático es local y no nacional.
Por ejemplo, sustituir las centrales eléctricas de combustibles fósiles por tecnologías de energías renovables puede ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Gran parte de esto está bajo el control de los gobiernos estatales, que delegan la autoridad en las comisiones de servicios públicos. La ciudadanía puede prestar atención a lo que hacen las empresas de servicios públicos y las comisiones de servicios públicos, y hacer saber a sus gobernadores que están vigilando, escribiendo cartas y uniéndose a grupos locales que hacen oír su voz.
Las ciudades pueden establecer políticas para sustituir el gas natural por electrodomésticos eléctricos en viviendas y edificios, animar a los propietarios a instalar bombas de calor eléctricas eficientes y decidir si se invierte en transporte público en lugar de autopistas. Cuando se ejerce presión, los responsables municipales sí aplican estas políticas.
En segundo lugar, los logros locales pueden extenderse como un contagio. En 1997, un puñado de activistas de Massachusetts logró una política local en virtud de la cual una parte de los pagos de las facturas de electricidad se destinaba a una agencia sin ánimo de lucro que canalizaba el dinero hacia las energías renovables. En 2022, esta política, conocida como agregación de elección comunitaria, había sido adoptada por más de 1.800 gobiernos locales en seis estados, lo que afecta a millones de personas. La acción local también puede generar curvas de aprendizaje para la tecnología –presionar a favor de más paneles solares y aerogeneradores provoca un aumento de la fabricación y una caída de los precios.
En tercer lugar, la acción local puede desencadenar políticas nacionales, extenderse a otros países y, en última instancia, dar lugar a acuerdos mundiales.
Hay muchos ejemplos históricos, desde el movimiento sufragista que logró el derecho al voto de las mujeres estadounidenses hasta la lucha por la semana laboral de 40 horas. La acción local en el sur de Estados Unidos catalizó las leyes de derechos civiles de los años sesenta. La acción local a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, que comenzó en San Francisco, condujo a leyes estatales y, en última instancia, a una legislación federal firmada en diciembre de 2022 que prohíbe a los estados negarse a reconocer los matrimonios celebrados en otros estados por motivos de sexo, raza o etnia.
La regulación medioambiental de la década de 1970 es un caso llamativo. Todo empezó con la alarma pública por ciudades envueltas en smog, ríos que ardían por los residuos industriales y playas cubiertas de manchas de petróleo. La ciudadanía organizó miles de acciones de protesta, y los municipios respondieron aplicando medidas de control medioambiental.
Los litigios que siguieron resultaron muy costosos para los intereses empresariales, que entonces apoyaron la intervención federal como forma de disponer de normas predecibles. Fue el presidente Richard Nixon quien firmó algunas de las leyes de mayor alcance jamás aprobadas.
Logros de la juventud en el cambio de la política climática
En 2022, el Congreso aprobó la Ley de Reducción de la Inflación, que autoriza casi 400.000 millones de dólares en gasto relacionado con el clima a lo largo de 10 años. Creo que el movimiento juvenil Sunrise Movement puede reclamar un papel importante en su éxito.
El grupo ha organizado sin descanso marchas y manifestaciones en decenas de ciudades desde 2019 y ha presionado a los demócratas del Congreso. Aunque el resultado se quedó corto respecto a la visión del grupo de un Nuevo Pacto Verde, fue más lejos que cualquier ley anterior relacionada con el clima.
La acción colectiva dirigida a los responsables locales de la toma de decisiones es una tradición con larga historia y, en mi opinión, necesaria en el actual entorno político para actuar frente al cambio climático.





