Los cielos contaminados siguen dominando los titulares, con una cifra anual de muertes por contaminación del aire exterior que ya alcanza los 8 millones de personas en todo el mundo.
La contaminación del aire tiene efectos adversos bien documentados en la salud, pero la cuestión del aire limpio suele quedar relegada en las negociaciones mundiales.
La recién lanzada comisión mundial Our Common Air define cuatro pasos clave para acelerar la acción colectiva por el aire limpio.
No faltan titulares sobre la contaminación del aire, desde Dubái hasta Delhi y Washington DC. Y cada año son más alarmantes. En la COP28, el primer “Día de la Salud” se vio irónicamente marcado por el skyline de Dubái cubierto de smog, y la publicación del último informe, que ofrece la cifra anual de muertes por contaminación del aire exterior, que ya asciende a más de 8 millones de personas en todo el mundo cada año.
Existen pruebas científicas cada vez más sólidas sobre el impacto de la contaminación. Según la Organización Mundial de la Salud, existen más de 70.000 estudios científicos que demuestran que la contaminación del aire afecta negativamente a nuestra salud.
Para las personas que sufren estas consecuencias para la salud —desde tos persistente hasta cáncer de pulmón, accidentes cerebrovasculares y demencia—, la crisis es evidente. Necesitamos con urgencia aire limpio. Pero para el resto, cuando no podemos ver la contaminación, es fácil olvidar estos titulares y dejar que estas grandes cifras nos resbalen.
Pese al Día de la Salud de la COP28, esta cuestión crítica se escapa por las “grietas” de las negociaciones internacionales. La mayoría de las fuentes tanto de la crisis climática como de la contaminación del aire son similares: las emisiones. Sin embargo, el aire contaminado no recibe los esfuerzos internacionales concertados que necesita para abordar el problema.
Por eso, en la COP28 lanzamos Our Common Air, una comisión mundial para acelerar la acción colectiva por el aire limpio. Creemos que el progreso depende de cuatro pasos importantes, todos ellos sustentados en un hecho clave: que el aire limpio es fundamental para el desarrollo humano y el crecimiento económico.
1. Demostrar el argumento económico a favor del aire limpio
Un aire más limpio mejora los resultados económicos: reduce los costes de los sistemas sanitarios, aumenta notablemente la productividad y tiene un impacto desproporcionado en determinados sectores. Concretamente, el coste mundial de los daños para la salud asociados a la exposición a la contaminación del aire asciende a un estimado de 8,1 billones de dólares, según un informe del Banco Mundial.
Además, perderemos 3.800 millones de días laborables al año a causa de la contaminación del aire para 2060 si no se encuentran soluciones ni se toman las medidas conocidas. No es de extrañar que los efectos de la contaminación del aire recaigan de forma desproporcionada sobre los países de ingreso bajo y medio.
Un informe de Dalberg Advisors, en colaboración con el Clean Air Fund, Blue Sky Analytics y la Confederación de la Industria India, mostró que la contaminación del aire cuesta a las empresas indias 95.000 millones de dólares al año.
Las mejoras en la calidad del aire reducen las jornadas laborales perdidas por enfermedad y mitigan los deterioros cognitivos que, de otro modo, provocan un bajo rendimiento en las escuelas. También aumentan los rendimientos de los cultivos y, por tanto, la seguridad alimentaria. Otros beneficios incluyen una mayor eficiencia de las infraestructuras de energía solar y un aumento de los ingresos del turismo.
2. Reformar y ampliar la financiación disponible para limpiar el aire
La evidencia es clara: financiar el aire limpio es una inversión en desarrollo. Pero el reciente informe sobre el estado de la financiación mundial para la calidad del aire revela que solo el 1 % de la financiación internacional para el desarrollo y el 2 % de la financiación pública internacional para el clima se destina a combatir la contaminación del aire exterior.
La financiación existente no se distribuye de forma equitativa. Los países africanos recibieron solo el 5 % de la financiación disponible, pese a tener cinco de los diez países más contaminados del mundo por habitante; el 86 % de la financiación se destinó a solo cinco países asiáticos.
Además, la mayor parte de ese apoyo (92 %) llegó en forma de préstamos a países ya muy endeudados. Las economías en desarrollo necesitan especialmente financiación accesible, con riesgo reducido y concesional para mitigar la contaminación en su origen, pero pocas la reciben. Y nunca a la escala necesaria. Invertir en aire limpio es invertir en la acción climática: reduce las emisiones y mejora los resultados económicos, tanto para las empresas como para las personas.
3. Crear una red de instituciones para hallar soluciones
La iniciativa Our Common Air pretende crear una red de instituciones, especialmente en el Sur Global, para desarrollar la capacidad de realizar análisis micro y macroeconómicos de la contaminación del aire adaptados al contexto local, así como formas específicas de abordarla según cada contexto. Se concebirá como una red de soluciones en beneficio de responsables políticos, empresas, ciudadanos y la sociedad civil.
4. Supervisar los avances de forma estandarizada
Más allá de los titulares y las grandes cifras sobre la contaminación del aire, es necesario garantizar un seguimiento y una revisión periódicos, de forma estandarizada y comparable entre territorios. Las acciones oportunas requieren rendición de cuentas y supervisión.
Por ejemplo, un estudio del Consejo para la Energía, el Medio Ambiente y el Agua (CEEW) muestra la importancia de realizar previsiones precisas sobre las fuentes que contribuyen a la contaminación del aire en Nueva Delhi, para que las respuestas sean medidas y oportunas. Cuando las políticas se basan en la recopilación periódica de datos, los reguladores y administradores pueden seguir un plan basado en la ciencia para mitigar la contaminación, en lugar de tener que reaccionar con medidas improvisadas cuando el smog se cierne sobre los horizontes urbanos.
El aire limpio, clave para el desarrollo humano sostenible
Los países y los negociadores comprenden por fin la necesidad de defender la salud al mismo tiempo que la acción climática, pero el mundo necesita una arquitectura creíble para supervisar las respuestas, medir los impactos y, en consecuencia, diseñar nuevas soluciones y recursos adicionales que apoyen a los territorios y jurisdicciones que buscan combatir la contaminación del aire.
Ante las cifras en alza y la urgencia desatendida, la realidad de la contaminación del aire se vuelve sorprendentemente personal. La crisis está innegablemente presente en cada tos, especialmente en las comunidades más pobres.
Es un recordatorio contundente de que el aire limpio no es solo una cuestión de bienestar, sino un pilar del desarrollo humano sostenible. Lo que está en juego es enorme, el coste es personal, los beneficios afectan a toda la economía y trascienden las fronteras, y el momento de despejar el aire es ahora.
El Dr. Arunabha Ghosh es fundador y director ejecutivo del Consejo para la Energía, el Medio Ambiente y el Agua (CEEW), y la Sra. Jane Burston es fundadora y directora ejecutiva del Clean Air Fund (CAF). Son copresidentes y comisionados de Our Common Air, una comisión mundial sobre la calidad del aire. También son miembros del Consejo Futuro Global sobre el Aire Limpio. Las opiniones son personales.






