El caos se relaciona con cosas fundamentalmente impredecibles.
Una serie de descubrimientos en las décadas de 1960 y 1970 demostró lo fácil que es crear caos.
Es importante señalar la clara diferencia entre algo aleatorio y algo caótico, escribe el experto en sistemas complejos Mitchell Newberry.
El caos evoca imágenes de dinosaurios desbocados en Jurassic Park, o del hijo pequeño de mi amigo arrasando el salón.
En un mundo caótico, nunca sabes qué esperar. Ocurren cosas todo el tiempo, impulsadas por cualquier tipo de impulso aleatorio.
Pero el caos tiene un significado más profundo en relación con la física y la ciencia del clima, vinculado a cómo ciertos sistemas, como el tiempo atmosférico o el comportamiento de un niño pequeño, son fundamentalmente impredecibles.
Los científicos definen el caos como los efectos amplificados de pequeños cambios en el momento presente que conducen a una imprevisibilidad a largo plazo. Imaginemos dos historias casi idénticas. En una versión, dos personas se encuentran por casualidad en una estación de tren; pero en la otra, el tren llega diez segundos antes y el encuentro nunca se produce. A partir de ahí, las dos tramas pueden ser totalmente diferentes.
Normalmente, esos pequeños detalles no importan, pero a veces las pequeñas diferencias tienen consecuencias que se acumulan. Y esa acumulación es lo que conduce al caos.
Una sorprendente serie de descubrimientos en las décadas de 1960 y 1970 demostró lo fácil que es crear caos. Nada podría ser más predecible que el péndulo oscilante de un reloj de pie. Pero si se separa un péndulo a mitad de su longitud añadiendo otro eje, su oscilación se vuelve tremendamente impredecible.
El caos es distinto de lo aleatorio
Como científico de sistemas complejos, pienso mucho en qué es lo aleatorio.
¿Cuál es la diferencia entre un mazo de cartas y el tiempo atmosférico?
No puedes predecir tu próxima mano de póquer; si pudieras, te echarían del casino. En cambio, probablemente puedas adivinar el tiempo de mañana. Pero ¿y el tiempo de dentro de dos semanas? ¿O de dentro de un año?
La aleatoriedad, como ocurre con las cartas o los dados, es impredecible porque simplemente no disponemos de la información adecuada. El caos se sitúa en algún punto entre lo aleatorio y lo predecible. Una característica de los sistemas caóticos es la previsibilidad a corto plazo, que se deteriora rápidamente con el tiempo, como ocurre en los rápidos de un río o en los ecosistemas.
Por qué importa la teoría del caos
Isaac Newton concebía la física como un conjunto de reglas que gobiernan un universo de relojería: reglas que, una vez puestas en marcha, conducirían a un resultado predeterminado. Pero la teoría del caos demuestra que incluso las reglas más estrictas y la información casi perfecta pueden dar lugar a resultados impredecibles.
Esta constatación tiene aplicaciones prácticas para determinar qué tipo de cosas son predecibles en absoluto. El caos es la razón por la que ninguna aplicación meteorológica puede decirte el tiempo que hará dentro de dos semanas: simplemente es imposible saberlo.
Por otro lado, las predicciones más generales sí pueden seguir siendo posibles. No podemos pronosticar el tiempo de dentro de un año, pero sí sabemos cómo suele ser el tiempo en esta época del año. Así es como el clima puede ser predecible incluso cuando el tiempo no lo es. Las teorías del caos y de la aleatoriedad ayudan a los científicos a distinguir qué tipos de predicciones tienen sentido y cuáles no.





