Mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C sigue siendo posible, escribe Christiana Figueres, exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Es nuestra responsabilidad tomar, con rapidez, todas las medidas posibles para proteger nuestro clima.
Las compensaciones de carbono son una parte necesaria de nuestros esfuerzos por desarrollar resiliencia frente a futuros desastres.
Faltando apenas un mes para la crucial conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático en Glasgow, no hay garantía de que la humanidad haga lo necesario para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados Celsius, que los científicos han identificado como el aumento máximo de temperatura prudente. Esa es la amarga realidad que hoy debemos aceptar.
Al mismo tiempo, debemos mantener firme nuestra convicción de que el límite de 1,5 grados sigue siendo alcanzable y de que no tenemos otra opción que lograrlo.
Sigue siendo nuestra responsabilidad tomar, con rapidez, todas las medidas posibles para proteger nuestro clima. Esto incluye reducciones masivas de emisiones y la absorción del dióxido de carbono ya presente en la atmósfera, primero a través de la naturaleza y, con el tiempo, también mediante procesos industriales. Cuando la reducción o absorción de emisiones se contabiliza a favor de los esfuerzos de una entidad que no las redujo ni absorbió directamente, se denomina compensación.
Aunque en el pasado estuvo muy regulada, hoy la compensación de carbono es voluntaria y no está regulada, y presenta una multitud de exasperantes lagunas. Al igual que con los 1,5 grados, tampoco ofrece garantías. Este verano, extensas superficies de bosques compensados, adquiridos por grandes empresas emisoras para equilibrar sus cuentas de carbono, fueron devoradas por las llamas. Ha habido proyectos de energías renovables que se habrían llevado a cabo de todos modos, y otros en los que las comunidades locales de primera línea no recibieron ni un centavo por su duro trabajo.
Hoy, el mercado voluntario de compensaciones ha reconocido estas deficiencias y evoluciona con rapidez. Ya se trabaja intensamente para situar la integridad en el centro de ese mercado antes de la COP26.
Se está creando un nuevo órgano de gobierno, integrado por expertos en los ámbitos de las finanzas y la conservación de la naturaleza, para supervisar la compensación y contribuir a generar confianza en ella como una de las muchas herramientas necesarias para alcanzar las emisiones netas cero. Se trata de un mercado con potencial para crecer hasta alcanzar los 100 000 millones de dólares para finales de esta década, siempre que supere los errores de su juventud.
La compensación no es perfecta y, incluso con una gobernanza adecuada, seguirán existiendo desafíos. Pero hay que tener en cuenta lo siguiente: no vivimos en un mundo perfecto. Todavía no hemos descarbonizado nuestras economías, y los daños resultantes llegan con fuerza y rapidez.
No podemos permitirnos ignorar ninguna palanca que ayude a acelerar la descarbonización. Hoy, casi un tercio de los ciudadanos estadounidenses vive en un estado o condado que ha sido declarado zona de desastre. Y la creciente intensidad de los impactos climáticos supera la capacidad de algunos de los 90 países más pobres del mundo para hacerles frente.
Las compensaciones son una parte necesaria de nuestros esfuerzos por desarrollar resiliencia frente a futuros desastres, con el fin de mejorar la calidad de vida humana en nuestro planeta durante las próximas décadas.
En mi país natal, Costa Rica, están marcando la diferencia: las compensaciones han generado 30 millones de dólares en financiación sobre casi un millón de hectáreas, lo que contribuye a proteger y restaurar nuestra cobertura forestal tropical, al tiempo que mejora los medios de vida de la población local.
Si se realizan con integridad, con normas adecuadas y mecanismos de rendición de cuentas, las compensaciones pueden ayudar a empresas y países grandes y pequeños en su camino hacia nuestro futuro de emisiones netas cero, al tiempo que apoyan a las comunidades sobre el terreno.
Lo que las compensaciones no son, ni siquiera con el máximo grado de integridad, es un salvoconducto para seguir emitiendo. Todavía tenemos que reducir nuestras emisiones a la mitad en esta década.
Así, a medida que las empresas adoptan objetivos basados en la ciencia para el clima, sus planes deben seguir este orden de prioridad: primero descarbonizar, después compensar y establecer un calendario para utilizar cada vez menos compensaciones.
Mientras tanto, los mercados voluntarios con alta integridad son un paso crítico hacia un mercado de carbono regulado a nivel internacional y acordado en el futuro. A medida que este se desarrolle, es fundamental que garanticemos que las normas sobre compensaciones en todas las etapas de madurez estén alineadas con las que rigen la forma en que las empresas informan sobre sus emisiones y reducciones de emisiones.
Los gobiernos también deben acelerar sus esfuerzos para establecer un precio del carbono regulado y adecuado que recompense a quienes adoptan medidas reales.
Y los mercados deben ser transparentes e inclusivos, ofreciendo a todas las personas, incluidos los pueblos indígenas y los pobres rurales que viven y trabajan en proyectos de compensación, la posibilidad de beneficiarse.
Si se nos ofrece un mecanismo mediante el cual las empresas más responsables del cambio climático paguen una parte de los costos para resolverlo, y que pueda proporcionar acceso rápido a financiación hoy, sería una locura ignorarlo. «Quien contamina paga» es un principio de larga data que ha demostrado su eficacia.
Los mercados voluntarios de carbono no son la panacea, pero son un paso importante hacia un mercado regulado y acordado, sin el cual no alcanzaremos el objetivo de París.
La labor del Grupo de Trabajo sobre el Escalamiento de los Mercados Voluntarios de Carbono y de la Iniciativa de Integridad de los Mercados Voluntarios de Carbono es urgente y debe recibir apoyo. El nuevo órgano de gobierno marca un momento de madurez para las compensaciones, y debemos acogerlo con satisfacción.




