Un nuevo estudio muestra algunas de las primeras pruebas de que el cambio climático ha tenido impactos observables en la salud de los australianos entre 1968 y 2018.
El calentamiento a largo plazo está asociado con un cambio en el equilibrio estacional de las muertes en Australia, lo que significa más muertes en verano y menos en invierno.
El estrés por calor puede agravar enfermedades crónicas, incluidas las cardiopatías y las enfermedades renales, especialmente en las personas mayores, escriben tres expertos.
Si las tendencias de calentamiento continúan, es casi seguro que aumenten las muertes en verano; por ello, es necesario implementar medidas sanitarias para afrontar esta eventualidad.
El cambio climático no solo supone enormes peligros para el planeta, sino que también perjudica la salud humana. En nuestro estudio, demostramos algunas de las primeras pruebas de que el cambio climático ha tenido impactos observables en la salud de los australianos entre 1968 y 2018.
Constatamos que el calentamiento a largo plazo está asociado con un cambio en el equilibrio estacional de las muertes en Australia, con relativamente más muertes en los meses de verano y relativamente menos en los meses de invierno en las últimas décadas.
Nuestros hallazgos pueden explicarse por el calentamiento global gradual asociado al cambio climático. Durante los 51 años de nuestro estudio, las temperaturas medias anuales aumentaron más de 1 °C en Australia. La última década (2011 a 2020) fue la más cálida de la historia registrada del país.
Si seguimos por esta trayectoria, es probable que veamos muchas más muertes relacionadas con el clima en los próximos años.
Lo que hicimos y lo que encontramos
Utilizando datos del Instituto Australiano de Salud y Bienestar, de la Oficina Australiana de Estadística y de otras fuentes, recopilamos datos de mortalidad de personas de 55 años o más entre 1968 y 2018. Después, analizamos las muertes en verano en comparación con las de invierno de cada año.
Constatamos que en 1968 hubo aproximadamente 73 muertes en verano por cada 100 muertes en invierno. En 2018, esta cifra había aumentado a unas 83 muertes en verano por cada 100 muertes en invierno.
La misma tendencia, aunque con distinta intensidad, se observó en todos los estados de Australia, en todos los grupos de edad a partir de 55 años, en mujeres y hombres, y en las tres grandes causas de muerte que analizamos (enfermedades respiratorias, cardiacas y renales).
El clima cálido y el frío pueden tener diversos efectos directos e indirectos en nuestra salud. Las tasas de mortalidad en invierno suelen superar las de los meses de verano porque las enfermedades infecciosas, como la gripe, tienden a propagarse más en invierno. Por su parte, el estrés por calor puede agravar enfermedades crónicas, como las cardiopatías y las enfermedades renales, especialmente en las personas mayores.
Sin embargo, la brecha entre las muertes relacionadas con el frío y las relacionadas con el calor parece estar reduciéndose. Y al comparar las muertes de los veranos más calurosos con las de los inviernos más fríos, constatamos que los años especialmente cálidos aumentan la probabilidad de que las razones de mortalidad estacional se aproximen a 1 a 1 (es decir, un número igual de muertes en verano e invierno).
Dado que se prevé que los veranos sean cada vez más calurosos, creemos que esto es un indicio temprano de los efectos del cambio climático en el futuro.
Nuestra investigación es única
A escala mundial, nuestro estudio es uno de los pocos que muestra directamente los impactos del cambio climático en la salud. La mayoría de los demás estudios analizan los efectos de las condiciones meteorológicas o climáticas pasadas en la salud y extrapolan estos efectos al futuro sobre la base de escenarios proyectados de cambio climático, con las incertidumbres asociadas. Por ejemplo, es probable que las características demográficas de la población cambien con el tiempo.
El cambio climático se produce lentamente, por lo que, por lo general, se necesitan al menos entre 30 y 50 años de registros para mostrar con precisión cómo el cambio climático está afectando a la salud. La información sanitaria adecuada rara vez está disponible durante periodos tan largos, debido a diversos desafíos en la recopilación de datos sanitarios electrónicos (especialmente en los países de ingreso bajo y mediano).
Además, las tendencias de salud a largo plazo pueden verse influidas por numerosos factores no relacionados con el clima, como las mejoras en la atención sanitaria.
En nuestro estudio utilizamos registros de mortalidad australianos, recopilados con una consistencia y una calidad de detalle notables durante el último medio siglo. Y, al centrarnos en la proporción de muertes en verano frente a las de invierno dentro de cada año, evitamos posibles factores de confusión asociados, por ejemplo, a las mejoras en la atención sanitaria.
Sin embargo, no pudimos tener en cuenta algunas cuestiones, como las distintas tendencias climáticas en zonas pequeñas dentro de cada estado o territorio, ni los efectos de las variaciones de temperatura en distintos grupos profesionales, como los trabajadores de la construcción.
Nuestros datos tampoco nos permiten tener en cuenta los posibles efectos de la adaptación de las personas a temperaturas más cálidas en el futuro.
Perspectivas de futuro
La evolución de la proporción de muertes en verano frente a las de invierno se ha identificado previamente como una posible señal de alerta del impacto del cambio climático en la salud humana.
En un estudio sobre este tema, los autores constataron que Australia podría experimentar inicialmente una reducción neta de las muertes relacionadas con la temperatura. Es decir, el aumento de las muertes por calor en verano se compensaría con menos muertes en invierno, a medida que los inviernos se suavizan.
Sin embargo, predicen que esta pauta se invertiría a mediados de siglo con el escenario de emisiones habitual, con aumentos de las muertes relacionadas con el calor que superarían la disminución de las muertes relacionadas con el frío a largo plazo.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
Nuestros hallazgos respaldan estas preocupantes predicciones. Si las tendencias de calentamiento continúan, es casi seguro que aumenten las muertes en verano y que lleguen a predominar en la carga de muertes relacionadas con la temperatura en Australia.
Constatamos que la velocidad de cambio en la proporción de muertes en verano frente a las de invierno fue mayor en los años más calurosos de cada década. Esto refuerza nuestra conclusión de que estamos observando un efecto del cambio climático a largo plazo.
Además de ayudar a responder a la pregunta «¿afecta el cambio climático a la salud humana?», creemos que nuestros hallazgos deberían orientar la planificación de la mitigación y la adaptación al cambio climático. Las implicaciones son considerables para la planificación de los servicios hospitalarios y la prestación de atención sanitaria, así como para los servicios de emergencia, la vivienda, el suministro de energía, los periodos vacacionales y la preparación ante desastres por incendios forestales.





