Más de 260 millones de personas en todo el mundo tienen asma.
Los inhaladores tradicionales ofrecen alivio inmediato y a largo plazo, pero emiten gases de efecto invernadero.
Se está desarrollando una nueva generación de inhaladores más ecológicos para proteger a las personas con asma y al medio ambiente.
Más de 260 millones de personas en todo el mundo tienen asma, y en 2019 esta enfermedad causó más de 460.000 muertes. Sin embargo, algunos inhaladores, el tratamiento de primera línea para esta afección, tienen un problema: cada inhalación contiene gases de efecto invernadero.
Por eso, importantes empresas farmacéuticas han creado alternativas que, según afirman, son igual de eficaces para tratar el asma, la enfermedad crónica más común entre los niños y no dañan la atmósfera.
La empresa británica GlaxoSmithKline (GSK) afirma que la huella de carbono de 100 inhalaciones con un inhalador aerosol tradicional de dosis medida (MDI) equivale a la de un trayecto de 290 kilómetros en coche. Todo se debe a los gases fluorados que se utilizan como «propulsores» en este tipo de inhalador para ayudar a llevar los medicamentos a los pulmones de los pacientes.
En su lugar, GSK promueve el uso de inhaladores de polvo seco, en los que el paciente aspira el medicamento. Según la empresa, las emisiones de este tipo de inhalador son 18 veces menores que las de un MDI.
Se estima que los inhaladores para el asma representan el 3,5 % de las emisiones de carbono del servicio de salud del Reino Unido. GSK afirma que el Reino Unido depende demasiado de los MDI, que representan el 70 % de todas las recetas de inhaladores. En cambio, en Suecia los MDI constituyen apenas el 10 % de los inhaladores en uso.
Cómo elegir el inhalador adecuado
En 2019, el Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención del Reino Unido lanzó una herramienta para ayudar a los pacientes a elegir un inhalador adecuado para ellos y para el medio ambiente.
Ahora, AstraZeneca, competidora de GSK, ha ido un paso más allá y planea comercializar inhaladores que utilizan un «propulsor con un potencial de calentamiento global cercano a cero». La empresa afirma que este avance, desarrollado en colaboración con Honeywell, una compañía estadounidense de tecnología de consumo, permitirá usar MDI seguros.
Los inhaladores utilizarán un propulsor llamado HFO-1234ze en lugar de los gases fluorados tradicionales, y AstraZeneca afirma que es un 99 % menos perjudicial. Las primeras pruebas en pacientes muestran que los inhaladores son igual de eficaces y no causan efectos adversos, según las empresas. Su objetivo es lanzar el producto en 2025.
Otros productos que liberan gases de efecto invernadero
Los inhaladores para el asma no son la única fuente sorprendente de gases de efecto invernadero en nuestra vida cotidiana. Desde hace tiempo, los aerosoles desodorantes se consideran una fuente de emisiones perjudiciales para el clima, pero nuevos materiales y gases prometen eliminar este riesgo.
La colaboración entre la empresa alemana Beiersdorf, fabricante de los productos para el cuidado de la piel Nivea, y la británica Salvalco ha permitido desarrollar una nueva válvula que hace posible que los desodorantes en aerosol utilicen nitrógeno neutro para el clima como propulsor, en lugar de gases de hidrocarburos.
Esta misma tecnología se utiliza ahora para fabricar espuma de afeitar respetuosa con el medio ambiente.
Puede que te guste la nata montada en el café, pero el envase que la dispensa sobre la bebida también ha sido identificado como una fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. El Gobierno del Reino Unido, basándose en datos de Dinamarca, afirma que el propulsor de óxido nitroso de los aerosoles de nata es motivo de preocupación.
En 2020, Starbucks afirmó que añadir nata montada a millones de sus bebidas generaba 50 veces más emisiones de gases de efecto invernadero que el avión privado de la empresa. La empresa se ha comprometido a abordar el problema como parte del plan de Starbucks para reducir a la mitad las emisiones para 2030.
Quizá la prueba más contundente de que cambiar los propulsores puede salvar el planeta llegó en 2020, cuando los científicos revelaron que la prohibición mundial del uso de clorofluorocarbonos —más conocidos como CFC— ha «sanado» el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida.







