Este artículo se actualizó el 6 de agosto de 2019.
Grandes extensiones del Ártico arden a medida que los incendios forestales alcanzan niveles sin precedentes, según muestran las imágenes satelitales. Los incendios masivos arrasan todo a su paso, contaminan la atmósfera y obligan a miles de personas a abandonar sus hogares.
Los incendios forestales del Ártico emitieron en junio tanto dióxido de carbono como el que produce Suecia en un año entero, según el Servicio de Monitorización Atmosférica de Copernicus (CAMS). Se han liberado unas 50 megatoneladas de CO2, más de lo que los incendios árticos produjeron en conjunto en los ocho junios anteriores.
En un periodo de seis semanas, más de 100 incendios forestales intensos y de larga duración han afectado al Círculo Polar Ártico, algunos lo bastante grandes como para cubrir una superficie equivalente a 100 000 campos de fútbol.
Avivando las llamas
Aunque los incendios forestales son habituales en el hemisferio norte entre mayo y octubre, este año se están extendiendo más al norte. Los incendios han aumentado en intensidad y duran más que en años anteriores.
«Es inusual ver incendios de esta escala y duración a latitudes tan altas en junio», afirma Mark Parrington, científico sénior del CAMS. «Pero las temperaturas en el Ártico han aumentado a un ritmo mucho más rápido que la media mundial, y las condiciones más cálidas favorecen que los incendios crezcan y persistan una vez iniciados.»
En Alaska, las temperaturas estivales alcanzaron los 32 °C, frente a una media de alrededor de 18 °C. En las zonas de Siberia propensas a los incendios, las temperaturas de junio fueron casi 10 grados superiores a la media a largo plazo de 1981-2010.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
El Gobierno ruso ha declarado el estado de emergencia en cinco regiones de Siberia tras la intensificación de los incendios forestales, que han arrasado extensas zonas de bosque remoto. El humo de las llamas ha envuelto algunas zonas urbanas, entre ellas Novosibirsk, una de las ciudades más grandes de Rusia, oscureciendo la luz solar y contaminando el aire.
A nivel mundial, los últimos cuatro años han sido los más cálidos jamás registrados, según las cifras de la NASA.
Jugar con fuego
El calentamiento global provoca que el aumento de las temperaturas seque los bosques árticos y los haga más susceptibles a los incendios. El calor intenso calcina árboles, vegetación y cualquier animal del bosque que no pueda escapar de las llamas, mientras que libera el carbono almacenado en ramas y troncos.
Los incendios también conllevan el riesgo de el deshielo y la desecación del permafrost, al exponer la turba rica en carbono subyacente a la combustión, liberando así más gases de efecto invernadero.
También existe el peligro de que el hollín de los incendios se deposite sobre la nieve y el hielo, provocando que el hielo absorba calor en lugar de reflejarlo, lo que aumenta aún más las temperaturas.
Como parte del planeta relativamente poco alterada, el Ártico es sensible al cambio ambiental y se calienta más rápido que la mayoría de otras regiones.
El Foro Económico Mundial, en su Informe sobre Riesgos Globales 2019 sitúa la falta de mitigación del cambio climático como la segunda mayor amenaza para el mundo.
Lo que ocurre en el Ártico es un recordatorio contundente del desafío que plantea el cambio climático. Pero la región también proporciona a científicos y climatólogos una gran cantidad de información valiosa para ayudarles en la lucha contra el calentamiento global.






