El Convenio sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a gran distancia se firmó en 1979 por 32 países europeos, Estados Unidos y Canadá.
Desde su firma en 1979, el Convenio LRTAP ha contribuido a mejorar considerablemente la calidad del aire en Europa y América del Norte.
Ha sido difícil alcanzar un consenso internacional sobre cuestiones ambientales transfronterizas, pero el Convenio sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a gran distancia, con 40 años de historia (conocido como LRTAP entre los profesionales del desarrollo), ha cosechado un gran éxito, aunque poco reconocido, en la lucha contra la contaminación atmosférica y el cambio climático. El Convenio también contribuyó a que el aire, los bosques, los suelos y los lagos de América del Norte fueran más saludables, y evitó 600.000 muertes prematuras al año en Europa.
Firmado en 1979 por 32 países europeos, Estados Unidos y Canadá, el acuerdo tenía inicialmente como objetivo combatir la lluvia ácida. Con el tiempo, se convirtió en un modelo de cooperación ambiental internacional eficaz, al reunir a científicos y responsables de políticas para resolver problemas transfronterizos complejos. Hasta la fecha, más de 51 países se han adherido al Convenio y se han añadido un total de ocho protocolos o acuerdos internacionales para abordar diversos problemas ambientales y de salud causados por la industrialización, la modernización agrícola y el consumo de combustibles fósiles, entre ellos el ozono troposférico, el carbono negro, los contaminantes orgánicos persistentes, los metales pesados y las partículas en suspensión. Estos acuerdos se basan en evaluaciones científicas que identifican las medidas necesarias para mejorar la salud humana y los ecosistemas.
El Convenio ha dado resultados concretos. Las emisiones de partículas en suspensión y azufre disminuyeron entre un 30 % y un 80 % desde 1990 en Europa, y entre un 30 % y un 40 % en América del Norte. En Europa, estas medidas han prolongado la esperanza de vida un año. Las emisiones de óxidos de nitrógeno también se han reducido a la mitad y los niveles de contaminación por plomo en los países de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE) disminuyeron casi un 80 % entre 1990 y 2012.
Qué pueden aprender las ciudades del Convenio
Este éxito es especialmente pertinente para las ciudades. Con la industrialización y el crecimiento demográfico, la contaminación atmosférica está empeorando en muchas ciudades en desarrollo, donde los niveles de contaminación pueden ser entre cuatro y 14 veces superiores a los valores guía de la Organización Mundial de la Salud sobre contaminantes atmosféricos y salud. Dado que las fuentes no urbanas también pueden contribuir de manera importante a la contaminación atmosférica urbana, muchas ciudades no podrán reducirla únicamente mediante acciones locales. El Convenio ofrece herramientas científicas, modelos, datos, métodos de seguimiento, documentos de orientación y buenas prácticas para que las ciudades aborden integralmente la contaminación atmosférica a nivel local.
Políticas respaldadas por la ciencia
A diferencia de otros convenios ambientales o sobre el cambio climático, el Convenio reúne en una misma sala a científicos y responsables de políticas. Esta estructura garantiza que los grupos de trabajo colaborativos, que cuentan con conocimientos técnicos y científicos de distintos ámbitos, estén vinculados al proceso de negociación política y toma de decisiones. Esta interacción en ambos sentidos permite que la información científica basada en los resultados de modelos defina los resultados. Estos pueden consistir en alcanzar un acuerdo sobre los niveles de reducción de la contaminación y, al mismo tiempo, garantizar que las negociaciones y los procesos políticos internacionales aporten información sobre las prioridades de la investigación científica.
La interacción continua entre responsables de políticas y científicos ha impulsado la comunicación informal, que ha generado confianza y ha dado lugar a una base común de investigación y conocimientos científicos. El Convenio ha logrado promover resultados científicos neutrales y no controvertidos que pueden servir para tomar buenas decisiones. Otros convenios deberían tomar nota y seguir su ejemplo.
Un enfoque multipolutante
La introducción del concepto de cargas críticas, aplicado mediante el modelo RAINS (Simulación de Información sobre Acidificación Regional), contribuyó a revolucionar las evaluaciones científicas utilizadas para tomar decisiones en el marco del Convenio. Fue una de las razones clave por las que el Convenio pudo pasar de una estrategia centrada en cada sustancia por separado a una estrategia multipolutante, aplicada en el Protocolo de Gotemburgo para combatir la acidificación, la eutrofización y el ozono troposférico.
Este concepto integra los efectos ambientales de uno o varios contaminantes con datos sobre las fuentes de emisiones, estimaciones del transporte atmosférico e información sobre los costos de reducción. Como resultado, el Convenio ha creado varias opciones de estrategias de reducción centradas en los efectos, en lugar de en límites de emisión específicos. Estas estrategias permiten a los Estados centrarse en distintos contaminantes en diferentes momentos y en cómo afectan a múltiples problemas ambientales.
Esta innovación científica aumentó la capacidad de los Estados para reducir la contaminación a menor costo y con más flexibilidad. También les proporcionó planes optimizados para utilizar en sus negociaciones y facilitó la obtención de apoyo político y del sector privado para las estrategias de reducción de emisiones.
Aplicación flexible y datos transparentes
El órgano ejecutivo del Convenio aborda los casos de incumplimiento mediante la facilitación y la cooperación. Ofrece sugerencias prácticas para acelerar la reducción de emisiones. También pone a disposición del público los datos sobre emisiones comunicados por cada parte del Convenio, incluidas las tendencias históricas, los valores de referencia y las estrategias y políticas que aplican.
Las partes deben comunicar anualmente sus emisiones y proyecciones. Los países que no hayan cumplido los objetivos de emisiones del Convenio deben explicar los motivos y los problemas que afrontaron durante la aplicación. Esta transparencia y el acceso a los datos han impulsado los avances, reforzado el cumplimiento y fortalecido los incentivos para responder a las demandas políticas.
Cooperación ambiental internacional exitosa
Muchos consideran que el Convenio es una de las iniciativas más exitosas para facilitar la cooperación ambiental internacional. Incluye una coordinación científica encabezada por el Programa Europeo de Seguimiento y Evaluación (EMEP). El EMEP recopila datos sobre emisiones, mide la calidad del aire y las precipitaciones, y modeliza el transporte y la deposición atmosféricos de contaminantes del aire. Estos datos se utilizan para evaluar la magnitud y la importancia de los flujos transfronterizos (cambios en la composición y las concentraciones de contaminantes atmosféricos), así como las zonas que superan las cargas críticas y los niveles umbral.
La colaboración y coordinación intergubernamental en materia de políticas del Convenio ha estimulado una acción más amplia contra la contaminación atmosférica, incluido el apoyo técnico y político a la ratificación en países de Europa oriental. Los representantes del Convenio también han colaborado con otros acuerdos y organizaciones internacionales y regionales, como el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, el Programa de Vigilancia y Evaluación del Ártico, convenios sobre mares regionales como HELCOM y OSPAR, y la Coalición Clima y Aire Limpio, en torno a la intersección entre la contaminación atmosférica y otros desafíos ambientales, como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Qué viene ahora
Habida cuenta del éxito de este acuerdo, una participación más estrecha con el órgano ejecutivo del Convenio en la CEPE podría ayudar a otras regiones y a los países que no son miembros a aplicar estas lecciones y generar impulso para la acción entre múltiples jurisdicciones. Tras el 40.º aniversario del Convenio, su órgano ejecutivo estableció un foro de colaboración para reducir la contaminación atmosférica. El objetivo es promover enfoques integrados para abordar la contaminación atmosférica, con miras a lograr múltiples beneficios para la salud humana, la economía y los ecosistemas, así como impulsar iniciativas intersectoriales que mejoren la calidad del aire.
Mañana, 26 de febrero, el Centro de Gobernanza de WRI y el Centro Ross de WRI para las Ciudades Sostenibles analizarán las lecciones que las ciudades pueden extraer del LRTAP en un seminario sobre gobernanza ecológica. Ponentes de WRI, la Agencia de Protección Ambiental y NASA Goddard destacarán estrategias transfronterizas de gestión de cuencas atmosféricas y ejemplos de ciudades de todo el mundo.




