Las sequías, el calor extremo, las inundaciones y la mayor exposición a enfermedades están vinculados al cambio climático y agravan las desigualdades a las que se enfrentan las adolescentes que viven en la pobreza.
El cambio climático y los desastres relacionados con el clima ya interrumpen la educación de aproximadamente 37,5 millones de estudiantes cada año. Al menos 200 millones de adolescentes que viven en la pobreza se enfrentan a un mayor riesgo debido a estos desastres.
Es fundamental ayudar a las adolescentes a completar una educación de calidad y a retrasar el matrimonio y el embarazo tempranos mucho más allá de la adolescencia. Estos objetivos son complejos y multifacéticos en ausencia de emergencias y ante los inminentes eventos climáticos, advierte el Banco Mundial.
Las mujeres y las niñas suelen soportar la peor parte de los desafíos que enfrenta nuestro mundo. El cambio climático no es una excepción. Las sequías, el calor extremo, las inundaciones y la mayor exposición a enfermedades están vinculados al cambio climático y agravan las desigualdades a las que se enfrentan las adolescentes que viven en la pobreza. El creciente emergencia climática está aumentando la probabilidad de conflictos y de violencia de género y socavando las inversiones en capital humano, y las adolescentes se ven afectadas de manera desproporcionada. Estos efectos son evidentes en varios frentes:
1. Los obstáculos para la educación de las niñas se multiplican por los efectos del cambio climático. El cambio climático y los desastres relacionados con el clima ya interrumpen la educación de aproximadamente 37,5 millones de estudiantes cada año. Al menos 200 millones de adolescentes que viven en la pobreza se enfrentan a un mayor riesgo debido a estos desastres. Tras las interrupciones de su educación, una investigación de UNICEF en Pakistán constata que las niñas tienen menos probabilidades de volver a la escuela. Si las tendencias actuales continúan, para 2025 el cambio climático podría impedir que más de 12 millones de niñas completen su educación cada año.
2. El impacto negativo del cambio climático en el nivel educativo socava las perspectivas socioeconómicas de las niñas. También las expone al riesgo de embarazo adolescente y, en algunos países, de matrimonio temprano y forzado. Las niñas, especialmente en zonas remotas, suelen ser la red de seguridad a la que recurre la familia cuando se producen crisis: son las primeras en asumir mayores responsabilidades domésticas, como recoger alimentos y agua y cuidar de los miembros de la familia. Por ejemplo, un estudio sobre la vulnerabilidad infantil durante las sequías en Botsuana constató que el 70 % de los niños que dejaron la escuela eran niñas, y que el 56 % de las niñas declaró dedicar más tiempo y recorrer distancias más largas para buscar agua.
3. El cambio climático puede exponer a las niñas a un mayor riesgo de matrimonio infantil. En períodos de crisis, el matrimonio infantil puede verse como una forma de que las familias reduzcan las graves dificultades económicas. Esto suele hacerse a costa de su educación y de sus opciones de futuro. Actualmente, más del 80 % de las adolescentes corren el riesgo de matrimonio infantil, embarazo temprano y abandono escolar en 10 países del Sahel- una región que es una de las más vulnerables a sequías, inundaciones y olas de calor más extremas.
4. Los desastres climáticos pueden afectar gravemente el acceso a los servicios de salud, lo que aumenta el riesgo de embarazos no planificados y de problemas de salud sexual y reproductiva. La falta de servicios de salud combinada con la falta de acceso a la educación hará que la comprensión de las niñas sobre su propia salud sexual y reproductiva también sea limitada. Los desastres climáticos también pueden contribuir a graves situaciones de inseguridad alimentaria y crisis hídricas. Las niñas suelen ser las primeras en quedarse sin comida cuando esta es escasa, y no pueden practicar una higiene menstrual adecuada cuando el agua no es accesible.
5. A medida que aumentan los factores de estrés ambiental y se reducen los recursos, aumentan la violencia de género (VBG) y la explotación. La trata de personas y la explotación laboral extrema pueden utilizarse como herramienta para mantener el control de los recursos mermados por los desastres climáticos. Además, las mujeres jóvenes cuyos medios de vida se ven amenazados por el cambio climático pueden verse obligadas a prostituirse. El desplazamiento relacionado con el clima también está aumentando, y los factores de estrés derivados del desplazamiento pueden dejar a las niñas en entornos de desplazamiento expuestas al riesgo de violencia de género. Cuando las niñas se desplazan, también tienen la mitad de probabilidades que los niños de estar escolarizadas.
Dar a las niñas una oportunidad justa
Al acercarse la 27.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), los responsables políticos y los líderes comunitarios tienen la responsabilidad de comprender los efectos del cambio climático en las adolescentes que viven en la pobreza, así como el papel que estas jóvenes podrían desempeñar en la adaptación climática. Por cada año adicional de escolarización que recibe una niña, mejora la resiliencia de su país frente a los desastres climáticos. Sin embargo, las estrategias climáticas guardan en gran medida silencio sobre las niñas y pasan por alto el papel de los jóvenes. Ninguna contribución determinada a nivel nacional (NDC) analiza las inversiones en la educación de las niñas; de hecho, menos de 10 NDC mencionan la educación y solo cuatro mencionan a las niñas. Sin embargo, la educación desempeña un papel importante en el apoyo a la resiliencia, la mitigación y la adaptación climáticas.
Para que las adolescentes tengan una oportunidad justa, es fundamental ayudarlas a completar una educación de calidad y a retrasar el matrimonio y el embarazo tempranos mucho más allá de la adolescencia. Estos objetivos son complejos y multifacéticos en ausencia de emergencias, pero lo serán aún más ante los inminentes eventos climáticos. El proyecto Sahel Women’s Empowerment and Demographic Dividend del Grupo Banco Mundial aborda las causas profundas del matrimonio infantil, la fecundidad adolescente y el abandono escolar temprano en África Occidental, adaptándose al mismo tiempo a los desafíos que plantea el cambio climático. En Etiopía y otros países, el Banco apoya la prestación de servicios de nutrición y salud a las comunidades vulnerables al clima para desarrollar resiliencia frente a la inseguridad alimentaria y la malnutrición vinculadas al cambio climático.
En las decisiones sobre financiación y programación, los responsables políticos, los donantes y los agentes de desarrollo deben abordar el cambio climático como un obstáculo importante para la educación de las niñas e invertir en la construcción de resiliencia climática en la educación de las niñas y a través de ella a nivel internacional, nacional, escolar y comunitario. Los programas educativos también deben ser proactivos para garantizar que las niñas afectadas por una crisis climática permanezcan en la escuela. Asimismo, es más esencial que nunca garantizar que las intervenciones aborden la naturaleza multisectorial de los desafíos que enfrentan las niñas, dirigiéndose a las más vulnerables, como las que viven en zonas de alta fecundidad adolescente.
Por último, debemos desarrollar la resiliencia de las niñas, fomentar su conocimiento de las estrategias de mitigación y adaptación climática y prepararlas para los empleos verdes. Para apoyar una transición justa en la que las niñas no se queden atrás, una agenda de aprendizaje verde puede desarrollar competencias verdes abordando deliberadamente la desigualdad de género y apoyando a las niñas en su transición hacia empleos y carreras verdes. Las niñas son parte integral de las soluciones al cambio climático precisamente porque se ven afectadas de manera desproporcionada por sus efectos adversos. No podemos permitirnos dejarlas atrás.




