A diques con todo: ¿podría esta antigua tecnología protegernos del aumento del nivel del mar?

The Dutch have been master dam builders for centuriesImage: Noverodus on Pixabay
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  • Las costas de todo el mundo son vulnerables al aumento del nivel del mar.

  • Unas enormes presas que cerraran zonas tan extensas como los mares del Norte y Báltico podrían ser una solución.

  • Aunque sobre el papel sean tremendamente costosos, los costes de no actuar serán mucho mayores.

El 14 de diciembre de 1287, se rompieron los diques que protegían la costa de los Países Bajos del mar del Norte. La inundación resultante, conocida como la Inundación de Santa Lucía, causó entre 50.000 y 80.000 muertes. Los neerlandeses, que ya eran especialistas en la construcción de diques antes de este desastre, reforzaron los que ya tenían y mejoraron sus habilidades como constructores de diques.

Desde entonces, los diques han protegido las nuevas tierras cultivables y han defendido a los Países Bajos del aumento del nivel del mar. Hoy, la red de diques se extiende a lo largo de más de 22.000 km, y ha reducido la longitud de la costa neerlandesa a apenas 880 km, frente a los 2.600 km que alcanzó en el siglo XVI.

Sin embargo, los neerlandeses no construyeron diques únicamente para proteger sus tierras del mar del Norte; también los utilizaron como catalizador para transformar la campiña y la economía mediante innovaciones como los pólderes y los sistemas de canales que atraviesan los Países Bajos.

Si avanzamos hasta el presente, las costas de todo el mundo son vulnerables al aumento del nivel del mar. Aunque la comunidad internacional cumpla los compromisos de los acuerdos de París, el IPCC sigue pronosticando que el nivel del mar subirá entre 30 y 60 cm. Y probablemente ese sea el mejor escenario. Aún desconocemos todas las consecuencias del calentamiento global causado por el ser humano, así que, en el peor de los casos, los Acuerdos de París podrían no ser suficientes. Y si no se cumplen los compromisos, el nivel del mar subirá sin duda varios metros en todo el mundo durante los próximos siglos, sin contar los demás fenómenos meteorológicos extremos que serán más frecuentes a medida que aumenten las temperaturas globales, como las tormentas y las sequías.

Por lo tanto, los gobiernos deben seguir haciendo todo lo que esté en sus manos para cumplir los objetivos de París, pero también tienen que empezar a planificar infraestructuras para un futuro con un nivel del mar en aumento, porque puede que nuestras ambiciones actuales no sean suficientes. Además, no deberían centrarse únicamente en cómo proteger nuestras costas, sino también en cómo transformar y diseñar las economías, la ecología, la conectividad y el urbanismo como parte de ese esfuerzo.

Megaproyectos

Ha llegado el momento de desarrollar megaproyectos geográficos como la Presa de Contención del Norte de Europa (NEED, por sus siglas en inglés), propuesta por Sjoerd Groeskamp, del Real Instituto Neerlandés de Investigación Marina. Groeskamp propone construir dos presas: una de 475 km entre Escocia y Noruega y otra de 160 km entre Inglaterra y Francia con un coste de 508.000 millones de euros (601.000 millones de dólares).

Sería la mayor obra de ingeniería humana del planeta y empequeñecería con creces los 33 km del dique de Saemangeum en Corea del Sur. NEED es una visión, pero necesitamos más iniciativas como esta y debemos considerar cómo se integrarán estos proyectos en el desarrollo futuro de las regiones afectadas o creadas por ellos. ¿Cómo pueden también impulsar la innovación en ecología, energía y desarrollo regional para estimular nuevas meg regiones sostenibles?

Dado que se prevé que la población urbana mundial aumente en 2.500 millones para 2050, podríamos asistir a una reubicación masiva lejos de las ciudades costeras si no pensamos de forma innovadora. Lo más probable es que el coste de estas iniciativas supere cualquier gasto económico concebido hasta ahora. Pero necesitamos más ideas para proteger y rediseñar las costas a gran escala, así como los grupos de trabajo necesarios para diseñar e imaginar nuevas regiones urbanas y ecosistemas que acompañen estos proyectos.

Al igual que el dique NEED, también se podría considerar una presa de 100 km entre el norte de Dinamarca y Suecia para proteger la región del mar Báltico. El proyecto podría incluir planes para una línea ferroviaria de alta velocidad que conectara aún más la región nórdica y la acercara a Europa en un futuro en el que dependamos menos del transporte intensivo en carbono para los viajes de corta distancia. Habría que considerar enfoques similares en todo el mundo, en lugares como el delta de Lagos, Bangladés o las costas de China, por mencionar solo algunos.

Tendencias del nivel absoluto del mar en Europa según mediciones satelitales, 1993-2019Image: Agencia Europea de Medio Ambiente

A primera vista, los costes de estos megaproyectos pueden parecer astronómicos, pero basta con compararlos con el coste de no hacer nada y proyectar esa cifra a los próximos cientos de años. Como han señalado Groeskamp y sus colegas: «Si se considera únicamente el valor monetario, el coste de la inacción supera entre cinco y diez veces el de la protección y la retirada planificada».

Si los cinco países más afectados por NEED unieran esfuerzos y pagaran la presa, el coste representaría entre el 0,15 % y el 0,32 % de su PIB anual durante los 20 años de construcción. En comparación, las estimaciones de un aumento del nivel del mar de hasta 1,5 m para 2100 sitúan los costes para los Países Bajos, por sí solos, entre 1.600 y 3.100 millones de euros (entre 1.900 y 3.700 millones de dólares) al año hasta 2050.

Del mismo modo, los daños causados por fenómenos meteorológicos extremos en Estados Unidos ascendieron a 110.000 millones de dólares en 2012 y 160.000 millones de dólares en 2005, en su mayoría debido a huracanes costeros.

¿Cómo empezamos?

Esto nos lleva a preguntarnos quién debería encabezar el inicio de las labores de protección de nuestras costas. La respuesta obvia es que las grandes regiones urbanas colaboren cada vez más para desarrollar formas financieramente viables de mitigar las consecuencias del cambio climático.

Un ejemplo es el marco STRING, centrado en crear una meg región verde en el norte de Europa, tal como propone la OCDE. Actualmente incluye las regiones urbanas de Oslo, Gotemburgo, Malmö, Copenhague y Hamburgo. Estas cinco regiones (Escandinavia por sí sola ocupa el puesto 17 entre las mayores regiones económicas del mundo, con un PIB combinado de 1,3 billones de dólares) y sus economías se beneficiarían enormemente de un megaproyecto de esta naturaleza, incluso sin incluir las grandes ciudades de la región báltica, como Helsinki y San Petersburgo, ni las ciudades costeras alemanas, bálticas y polacas. En conjunto, esta zona es una de las principales regiones económicas del mundo.

Dinamarca también anunció recientemente planes para construir «islas energéticas» —centros de generación eólica marina— en el mar del Norte. Sería poco sensato que esos planes no consideraran, al menos, cómo integrarse con una presa en el mar Báltico. La clave, por supuesto, es que Dinamarca está planificando un futuro basado en las energías renovables, y la eólica será uno de sus componentes. Pero una presa en el mar Báltico también ofrece la oportunidad de explorar más a fondo la creación de nuevas fuentes de energía renovable mediante la energía hidroeléctrica o el desarrollo de cultivos basados en la acuicultura, con miras a crear medios sostenibles para que el planeta prospere en el futuro. Durante demasiado tiempo hemos creado y diseñado soluciones centradas en el ser humano; huelga decir que una iniciativa de esta magnitud debe abordarse de manera integral y tener en cuenta la resiliencia del planeta de cara al futuro.

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