Haiyan, Mangkhut, Yutu.
Asia es una de las regiones más afectadas por los desastres naturales, como los supertifones mencionados anteriormente. Se estima que el 40 % de las pérdidas mundiales debidas a desastres se producirá en el continente en los próximos años.
Los desastres adoptan muchas formas, desde ciclones y terremotos de aparición repentina hasta desastres de aparición lenta y recurrentes, como la sequía y las inundaciones persistentes. Estos desastres cobran vidas y tienen efectos en cascada negativos y duraderos sobre los medios de vida, la educación, la salud y las oportunidades económicas.
Los desastres en el sudeste asiático causaron el 61 % de los nuevos desplazamientos en 2017. En los países en desarrollo, se estima que el sector agrícola absorbe, de media, el 22 % de los daños provocados por los desastres naturales. Se prevé que el cambio climático intensifique los desastres naturales y que la subida del nivel del mar aumente las inundaciones y las marejadas ciclónicas, especialmente entre las comunidades costeras.
Desarrollar la resiliencia ante desastres es fundamental para alcanzar los ODS y constituye un objetivo central de la Alianza Mundial para la Resiliencia (GRP, por sus siglas en inglés). Hemos aprendido que desarrollar la resiliencia ante desastres exige innovación, pensamiento sistémico y alianzas ágiles. Debemos ir más allá del enfoque tradicional centrado en la reparación posterior a los desastres y, en cambio, centrarnos en fortalecer la capacidad de las comunidades para perseverar, adaptarse e incluso prosperar frente a los riesgos y los cambios.
No es una tarea sencilla, pero es posible. GRP ha invertido millones de dólares junto con sus socios para desarrollar nuevos enfoques de resiliencia ante desastres entre las personas más pobres y vulnerables. Hemos trabajado con socios de todo el sudeste asiático, que están poniendo a prueba métodos audaces para alcanzar este objetivo. Al concluir sus proyectos este otoño, nos preguntamos: ¿qué funcionó? Estos son algunos ejemplos de lo que hemos aprendido.
1. Las redes sociales son el futuro de los sistemas de alerta temprana
Semarang, en Indonesia, no es ajena a las inundaciones ni a los deslizamientos de tierra. Mercy Corps trabaja para reducir este riesgo. El equipo detectó que muchos de los problemas que causan inundaciones en la ciudad de Semarang tienen su origen en la regencia de Semarang, que se rige por separado. Establecieron un “foro transfronterizo de cuencas hidrográficas” para encontrar medidas de reducción del riesgo de inundaciones que beneficiaran a ambas zonas. Una popular herramienta local de redes sociales llamada AtmaGo ha ayudado a los residentes de ambas comunidades a compartir información de alerta temprana sobre inundaciones. Utilizada en toda Indonesia, se estima que en Yakarta esta aplicación podría reducir los daños materiales durante un desastre en 324 dólares por hogar al año para los residentes. También ha ayudado a los residentes a denunciar la basura arrojada en la vía pública, una de las principales causas de las inundaciones en la región.
2. Unir a los gobiernos dentro de los gobiernos es clave
Cuando el tifón Haiyan azotó Filipinas en 2014, ONE Architecture vio en ello una oportunidad para comenzar a diseñar un cinturón verde costero que pudiera actuar como una barrera ante futuros fenómenos meteorológicos extremos. Identificaron la especie de manglar adecuada, con una probabilidad superior al 90 % de sobrevivir a una tormenta. A pesar de contar con financiación del GRP y con los conocimientos científicos necesarios, el equipo comprobó que no era suficiente para poner en marcha sus planes. Las estructuras de gobernanza complejas, en las que intervenían agentes locales, provinciales, regionales y nacionales, obstaculizaban los esfuerzos de restauración. En lugar de buscar emplazamientos alternativos para poner en marcha el programa piloto, ONE Architecture trabajó para superar este desafío. Como resultado, se firmó un Memorando de Entendimiento, de carácter pionero, entre una agencia local y una nacional, que ahora abre el camino hacia un cambio real.
3. Las mujeres pueden impulsar los esfuerzos para reducir el riesgo de desastres
Las mujeres del sudeste asiático son especialmente vulnerables a las inundaciones. Sus medios de vida a menudo dependen directamente de los recursos naturales, y con frecuencia son las responsables del cuidado de los niños, las personas mayores y las personas enfermas o con discapacidad. Según un estudio de la Universidad de Potsdam, las mujeres tienen más probabilidades de sufrir las consecuencias de una inundación y tardan más en recuperarse. Por eso, su proyecto en Thua Thien Hue en Vietnam sitúa a las mujeres en primera línea de los esfuerzos para reducir el riesgo de desastres. Su enfoque basado en los ecosistemas, que incluye la restauración de masas de agua tradicionales y de bosques de manglares, ha empoderado a cientos de mujeres dedicadas a la agricultura, la pesca y la gestión de pequeños negocios en la zona, para que emprendan acciones que protejan el entorno del que dependen, contribuyendo así a fortalecer la resiliencia de la comunidad y de ellas mismas.
Estos proyectos demuestran nuevos enfoques para una nueva era de incertidumbre. Muestran la necesidad de empoderar a las comunidades locales, especialmente a las mujeres, para que tomen las riendas. Muestran la necesidad de informar a todas las partes implicadas sobre cuáles son los desafíos y por qué existen. También demuestran que, cuando se fracasa, si se fracasa con inteligencia y se trabaja para resolver el problema, es posible cambiar el statu quo.
De cara a la Cumbre del Secretario General de las Naciones Unidas de 2019, GRP trabajará con sus socios y las principales partes interesadas para desarrollar conjuntamente una nueva agenda para fortalecer la resiliencia en la intersección entre la paz y la seguridad, la reducción del riesgo de desastres y la seguridad hídrica y alimentaria entre las personas y los lugares más vulnerables.





