3 elementos esenciales para que la acción climática perdure

Evidence shows climate action commitments are not happening fast enough.
Evidence shows climate action commitments are not happening fast enough.Image: Unsplash/Li-An Lim
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  • Muchos países, ciudades y empresas cuentan con compromisos y políticas de cero emisiones netas para hacer frente a la crisis climática.

  • Pero las pruebas muestran que la acción no avanza con suficiente rapidez, sobre todo en los países del G20.

  • Los líderes deben actuar para alcanzar el objetivo de 1,5 °C, afirma el presidente y director ejecutivo del Instituto de Recursos Mundiales.

La última década estuvo marcada por los compromisos para hacer frente a la crisis climática. Comenzó con un goteo lento y terminó en un torrente de países, ciudades y empresas que anunciaban objetivos para acabar con la deforestación, abandonar el carbón, pasar a los vehículos eléctricos y mucho más.

Muchos de estos compromisos perseguían una meta ambiciosa: alcanzar las cero emisiones netas a mediados de siglo. Hoy, 83 países responsables de tres cuartas partes de las emisiones mundiales cuentan con compromisos y políticas de cero emisiones netas. También los tienen más de 1.000 ciudades y 750 empresas. Es fantástico.

Pero todos estos compromisos dependen de una sola cosa: la acción, sobre todo por parte de los países del G20.

Y las pruebas muestran que la acción no avanza con suficiente rapidez. El último informe del IPCC concluye que tenemos menos de ocho años para reducir a la mitad las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero si queremos limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados Celsius (2,7 grados Fahrenheit), el objetivo que, según los científicos, es necesario para prevenir los peores efectos del cambio climático.

Cada vez está más claro que, si queremos lograr un cambio transformador a una velocidad vertiginosa, la acción climática debe beneficiar a las personas aquí y ahora. Esto supone un cambio fundamental respecto a cómo pensábamos incluso hace 10 años. Un cambio de enfoque —del CO2 en «partes por millón» a las personas— es lo que hará que la acción climática perdure.

No hay soluciones mágicas, pero hay tres elementos esenciales para que la acción climática perdure:

Primero, ser realistas

Las promesas de alcanzar cero emisiones netas a mediados de siglo deben ser creíbles. Demasiados compromisos climáticos poco ambiciosos y la falta de transparencia han suscitado escepticismo, comprensiblemente.

Tomemos el sector financiero. Instituciones financieras que controlan la asombrosa cifra de 130 billones de dólares en activos se sumaron a la Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas en 2021. Fue una noticia sin precedentes. Pero la credibilidad de estas promesas depende por completo de que esos mismos actores reduzcan gradualmente su dependencia de los combustibles fósiles.

Para que los países, las ciudades y las empresas hagan creíbles sus objetivos de cero emisiones netas, deben actuar en esta década, lograr avances verificables y comunicarlos con transparencia. Si no se toman estas medidas para generar confianza y credibilidad con rapidez, la confianza en los objetivos de cero emisiones netas seguirá erosionándose.

La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos propuso recientemente nuevos cambios normativos que, de adoptarse, obligarían a todas las empresas, nacionales y extranjeras, a divulgar ante la SEC los riesgos relacionados con el clima, las emisiones de gases de efecto invernadero y otra información pertinente. Pasar en Estados Unidos de un régimen de divulgación voluntaria a uno regulado tendría repercusiones mundiales. Este es exactamente el tipo de medida necesaria para crear las condiciones para una acción climática directa, avances verificables y una transparencia radical.

Segundo, prepararse

La transición a cero emisiones netas se acerca. Debemos hacer ahora grandes cambios sistémicos para garantizar que el camino sea fluido, fiable y justo.

El carbón es uno de los casos más claros en la transición mundial hacia cero emisiones netas. La ciencia sobre la eliminación gradual del carbón es clara. Es la fuente de energía más contaminante, y casi todas las vías para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C exigen eliminar su uso para 2050. La economía de abandonar el carbón también es convincente. Hoy, en la mayoría de las regiones del mundo, las nuevas fuentes de energía renovable son más baratas que las nuevas centrales de carbón. Y, aun así, el carbón sigue representando una proporción significativa del 25 % del consumo mundial de energía y emplea directamente a más de 7 millones de personas.

Debemos gestionar bien la eliminación gradual del carbón —y prepararnos para ella desde ahora— para lograr una transición de toda la economía a cero emisiones netas.

Entonces, ¿cómo podemos abandonar el carbón, mantener las luces encendidas y garantizar el bienestar de los trabajadores de los combustibles fósiles mientras aumenta la demanda total de energía?

Los mayores consumidores de carbón del mundo deben poner en marcha una eliminación gradual del carbón ahora, mientras la inversión mundial en energía renovable se triplica. No será fácil. Cerca del 60 % de la electricidad de China y el 70 % de la de India siguen procediendo del carbón. En países como India, que se han centrado en la energía solar y eólica, los costes del almacenamiento de energía son enormes. Reducir el uso del carbón requerirá un apoyo considerable del capital privado, catalizado por instituciones financieras bilaterales y multilaterales. Y tendremos que garantizar que se protejan los medios de vida de quienes trabajan en el sector de los combustibles fósiles.

Debemos gestionar bien la eliminación gradual del carbón —y prepararnos para ella desde ahora— si queremos tener posibilidades de lograr una transición de toda la economía a cero emisiones netas.

Tercero, hacerlo bien

Debemos afrontar y abordar la incómoda verdad central de la crisis climática: quienes menos responsabilidad tienen en haber creado el problema son quienes más lo sufren.

Esto ocurre entre países: el 12 % de la población mundial que reside en los 23 países más ricos es responsable de la mitad de las emisiones mundiales de CO2 históricas. También sucede dentro de los países: las comunidades marginadas económica o socialmente —incluidas las comunidades racializadas— son las que más probablemente están expuestas a la contaminación y a los efectos del cambio climático, y a menudo cuentan con menos recursos para hacerles frente.

La responsabilidad y los efectos del cambio climático se distribuyen de manera desigual, al igual que los recursos y el poder para hacer algo al respecto. Se mire por donde se mire, es una injusticia. Abordar esta realidad exige pensar en el cambio climático no solo en términos de carbono, sino también de justicia y derechos civiles. Exige transferir poder y financiación a las comunidades que viven en primera línea de los efectos del clima.

Transferir poder —y financiación— a las comunidades en primera línea es lo más sensato y lo correcto.

Primero, transferir poder. Las investigaciones muestran que la acción climática impulsada localmente es eficaz y equitativa. No debería sorprendernos. Los pueblos indígenas han sido custodios de sus tierras durante miles de años. Hoy, los pueblos indígenas poseen o gestionan al menos la mitad de las tierras del mundo, pero solo el 10 % de ellas está reconocido legalmente como suyo. Transferir poder —y financiación— a las comunidades en primera línea es lo más sensato y lo correcto.

Segundo, transferir financiación. En 2009, los países desarrollados se comprometieron a movilizar 100.000 millones de dólares al año para 2020, con el fin de apoyar la acción climática en los países en desarrollo. Pero a finales de 2021 estaba claro que habían incumplido ese objetivo. Además, solo una minúscula fracción de los fondos proporcionados se destinó a la acción climática impulsada localmente.

De cara al futuro, los países desarrollados deben no solo cumplir y reforzar sus compromisos de financiación climática, sino también destinar fondos a las comunidades en primera línea que más los necesitan y acelerar los esfuerzos mundiales para alinear todos los flujos financieros con los objetivos del Acuerdo de París.

Sabemos qué debemos hacer; solo tenemos que avanzar más rápido

Sabemos qué hay que hacer para reducir las emisiones y limitar el aumento de la temperatura mundial a niveles seguros. Y sabemos qué medidas hacen falta para adaptarnos y desarrollar resiliencia ante los efectos climáticos que ya nos afectan.

La pregunta apremiante es: ¿están preparados los líderes de los países del G20 —responsables del 75 % de las emisiones mundiales— para hacer lo necesario?

Los líderes y movimientos climáticos visionarios de los últimos años —Vanessa Nakate, Greta Thunberg, Alexandria Villaseñor, Fridays for Future y el Sunrise Movement— abrieron la puerta a un mundo sin los peores efectos del cambio climático. Corresponde a los líderes de hoy cruzarla.

Ha llegado el momento de convertir los compromisos en acciones que perduren.

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