Cada una de las Convenciones de Río sobre cambio climático, biodiversidad y desertificación celebra su Conferencia de las Partes (COP) cada dos años, lo que genera un año de «triple COP».
Esta alineación bienal ofrece a los actores implicados –gobiernos, empresas y grupos de la sociedad civil– la oportunidad de aprovechar las sinergias entre estos tres mandatos interrelacionados.
En 2026, el objetivo es profundizar la coordinación pública con el sector privado en ámbitos clave como las señales de política, las vías de inversión y los incentivos de mercado.
Las economías y las sociedades navegan por un panorama mundial cada vez más complejo, marcado por la fragmentación geopolítica, las restricciones fiscales, el aumento del coste de la vida y las perturbaciones en las cadenas de suministro. Al mismo tiempo, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de las tierras están afectando negativamente al suministro de alimentos, la disponibilidad de agua, la infraestructura, los costes sanitarios y la productividad laboral, de forma simultánea y acumulativa. A su vez, esto está debilitando el crecimiento económico, las finanzas públicas y los resultados en materia de desarrollo.
Para las empresas, estos impactos son significativos: los activos están expuestos, los costes de insumos y seguros están aumentando y las olas de calor están perjudicando el bienestar y la productividad de los trabajadores. Esto repercute en la rentabilidad y en las perspectivas de crecimiento. Estos desafíos interconectados son aún más difíciles de gestionar para los grupos vulnerables, por lo que amplían las desigualdades y aumentan los riesgos de inestabilidad dentro de las naciones y entre ellas. Todo ello mientras se acerca un El Niño intenso .
Para cuantificar estos costes, la degradación de las tierras, la desertificación y la sequía cuestan a la economía mundial un estimado de 878 000 millones de dólares anuales, y se prevé que las pérdidas relacionadas con la sequía aumenten hasta un 7,5 % anual. Los desastres relacionados con el clima han causado daños por valor de 3,6 billones de dólares en lo que va de siglo, y 577 000 millones de dólares anuales de producción agrícola están en riesgo por la pérdida de polinizadores. Hasta la mitad de los pastizales del mundo están degradados, lo que pone en riesgo una sexta parte del suministro mundial de alimentos y una enorme reserva de carbono.
Ante la creciente tendencia global hacia la fragmentación geopolítica, los shocks climáticos, la pérdida de biodiversidad y la degradación de las tierras, se requiere más cooperación global, y no menos. Los países, las empresas y las comunidades podrán gestionar estas amenazas mucho más eficazmente juntos que por separado. Por esta razón, la cooperación convocada por la ONU se mantiene firme y está logrando avances reales.
El año «triple COP» de 2026
Las Convenciones de Río sobre cambio climático, biodiversidad y desertificación se establecieron hace más de tres décadas y siguen siendo los marcos mundiales centrales de cooperación sobre los sistemas naturales que sustentan la prosperidad global. Cada dos años, los procesos se alinean para que cada Convención celebre su Conferencia de las Partes (COP) en el mismo año, en lo que se conoce como año de «triple COP».
El año triple COP de 2026 comenzó con la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) en Mongolia, en agosto, seguida de la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) en Armenia, en octubre, y concluirá con la COP31 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Türkiye, en noviembre.
Esta alineación bienal es una oportunidad para aprovechar las sinergias entre estos tres mandatos interrelacionados.
Este año, las presidencias entrantes de las Convenciones de Río sitúan explícitamente las sinergias entre sus temas prioritarios, tanto dentro de sus respectivos procesos multilaterales como en el marco de su relación con las no partes, entre ellas los gobiernos locales, las empresas, los inversores, los centros de pensamiento, las organizaciones filantrópicas y la sociedad civil. Porque, aunque los gobiernos son las partes formales de las Convenciones de Río –negocian compromisos y crean marcos–, la ejecución y aplicación de los resultados de las COP se produce en todos los sectores de la sociedad, incluidos las empresas, los inversores y los innovadores.
Las tres COP de este año cuentan con foros empresariales oficiales específicos: el Business4Land Forum de la COP17 de la UNCCD (24 de agosto), el Foro Empresarial de la COP17 del CDB (25 de octubre) y la Cumbre de Negocios e Inversión de la COP31 de la CMNUCC (12-13 de noviembre), además de objetivos de participación empresarial integrados en sus prioridades temáticas.
Este año, en particular, existe una oportunidad y una necesidad de ampliar y profundizar la coordinación pública con el sector privado en ámbitos clave como las señales de política, las vías de inversión y los incentivos de mercado.
La oportunidad de la economía verde
Las empresas son coarquitectas de estas transiciones: escalan tecnologías, movilizan capital, adaptan las cadenas de suministro, crean empleo y competencias, y ofrecen productos y servicios esenciales. En efecto, la economía verde mundial ya supera los 5 billones de dólares anuales y se encamina a superar los 7 billones de dólares en 2030, y los ingresos verdes crecen al doble de velocidad que los ingresos convencionales.
Las empresas que generan la mayor parte de sus ingresos en mercados verdes obtienen primas de valoración y aprovechan soluciones que abordan la naturaleza y el clima de forma integrada. Entre los ejemplos figuran:
La agrosilvicultura optimiza la productividad de la tierra, reduce la conversión de tierras, secuestra carbono y diversifica las fuentes de ingresos de los agricultores y las agroempresas.
El reciclaje de baterías puede reducir la presión sobre la extracción de minerales, recuperando materiales valiosos y apoyando la transición energética.
Los sistemas industriales de gestión del agua pueden reducir el consumo de agua dulce y su tratamiento mediante el reciclaje y la reutilización.
Las soluciones basadas en la naturaleza, que emplean a 60 millones de personas en todo el mundo, podrían crear 32 millones de empleos adicionales para 2030.
Los mercados de carbono en el marco del artículo 6 del Acuerdo de París están comenzando a canalizar financiación privada hacia resultados de mitigación verificados.
La gestión sostenible y la restauración de los pastizales fortalecen las cadenas de valor de los alimentos, las fibras y el ganado, al tiempo que mejoran la seguridad hídrica, la conservación de la biodiversidad, la resiliencia climática y la productividad a largo plazo.
Incorporar la resiliencia frente a la sequía en los sistemas alimentarios, desde variedades de semillas resistentes hasta una gestión hídrica más inteligente, ayuda a proteger los rendimientos, los ingresos de los agricultores, los medios de vida de las comunidades y las cadenas de suministro alimentario frente a sequías cada vez más frecuentes e intensas.
Sin embargo, las inversiones contrarias a la naturaleza siguen superando en 30 a 1 a las inversiones positivas para la naturaleza. En 2023, el sector privado destinaba 4,9 billones de dólares a actividades negativas para la naturaleza, pero solo 23 000 millones de dólares a soluciones basadas en la naturaleza.
El año de triple COP ofrece oportunidades decisivas para cambiar la tendencia.
Integración transversal en gabinetes y altos directivos
La dirección de los acontecimientos está cada vez más clara. Los países están incorporando consideraciones ambientales en sus estrategias industriales y marcos regulatorios. Mecanismos innovadores como el Fondo de Cali y el Servicio de Inversión para la Resiliencia frente a la Sequía están dando paso a una nueva era de financiación para la resiliencia frente al clima, la biodiversidad y la sequía. Los enfoques de toda la economía están integrando las cuestiones climáticas, de biodiversidad y de tierras en todas las facetas de la formulación de políticas.
El reciente reconocimiento por parte de los líderes del G7 de la sequía y la degradación de las tierras como multiplicadores de riesgo para la paz y la seguridad refleja una creciente comprensión de que el deterioro ambiental está configurando la estabilidad económica, los mercados y el entorno operativo de las empresas.
En consecuencia, los gobiernos eficaces ya no tratan la acción climática, territorial y de biodiversidad de forma aislada, sino que la abordan en una serie de carteras ministeriales, entre ellas energía, salud, infraestructuras, empleo y finanzas. Comprenden que la población siente en su vida cotidiana los costes de la inacción. Y escuchan a los líderes empresariales hablar de las enormes oportunidades que ofrecen las transiciones económicas mundiales en curso hacia la energía limpia, la circularidad y la valoración del capital natural.
Sin embargo, los gobiernos necesitan escuchar con mayor regularidad y de manera más directa a las empresas comprometidas sobre los enormes beneficios disponibles y los enormes costes que pueden y deben evitarse. Todavía existen muchas oportunidades que no se aprovechan o no pueden ponerse en práctica debido a políticas incoherentes, señales de inversión poco claras y brechas persistentes de concienciación.
De igual modo, a medida que las cuestiones climáticas, de biodiversidad y de tierras afectan cada vez más al desempeño empresarial, las empresas más exitosas no las tratan como responsabilidad exclusiva de los directores de sostenibilidad, sino como un asunto central de negocio en todos los ámbitos, con indicadores de desempeño vinculados a la remuneración y la rendición de cuentas. Esta práctica se está afianzando en las empresas líderes, y el argumento a favor de que más compañías la adopten es claro.
El año triple COP de 2026 ofrecerá a las empresas oportunidades para aprender, participar, alinear esfuerzos y formar parte del movimiento global que va de la ambición a la acción.
En Ulán Bator, Mongolia, las empresas pueden participar a través de Business4Land, una plataforma del sector privado que ayuda a las empresas a integrar la restauración de tierras, la inversión en suelos sanos y la resiliencia frente a la sequía en sus operaciones y cadenas de valor, en apoyo de la restauración de 1.500 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030. En Ereván, Armenia, los resultados pretenden implicar a todos los actores, incluidas las empresas, para acelerar la aplicación del Marco Mundial de Biodiversidad hacia su plazo de 2030 para las metas mundiales y su horizonte de 2050 para los objetivos globales, con la visión de un mundo que vive en armonía con la naturaleza. Y en Antalya, Türkiye, la agenda de adaptación, financiación y agricultura que las Partes impulsarán ofrece otro momento para traducir la ambición en práctica.
En una era de división y disrupción, la acción en materia de clima, naturaleza y tierras puede convertirse en una agenda compartida de resiliencia, competitividad y prosperidad, si los gobiernos y las empresas utilizan 2026 no solo para negociar compromisos, sino para cocrear los mercados, los marcos de políticas, las instituciones y las alianzas necesarias para cumplirlos.




