Solo hay una Tierra, pero el crecimiento de la población humana hace que transporte cada vez más pasajeros. Y eso deja cada vez menos espacio para los compañeros de la humanidad en el planeta.
El lechwe del Nilo es un antílope que vive en los pantanos de Etiopía y Sudán del Sur. Su nombre linneano es Kobus megaceros y mide un metro hasta la cruz (aproximadamente 3,3 pies), así que sería imposible no verlo. Pero sí es posible.
Esto se debe a que es una de al menos 1.700 especies que los biólogos han identificado como amenazadas por la acción humana: sencillamente, a medida que los seres humanos ocupan una porción cada vez mayor del espacio vital de los animales, sus posibilidades de supervivencia disminuyen rápidamente.
Así, el lechwe del Nilo se suma a la rana crucífera de Lombok, Indonesia (Oreophryne monticola), y al pajonalero pico curvo (Limnornis curvirostris), que vive en los pantanos del noreste de Argentina, entre las especies en riesgo de extinción para 2070, simplemente porque la humanidad invadirá al menos la mitad de sus áreas de distribución geográfica.
Durante décadas, biólogos, conservacionistas y científicos del clima han advertido que la peligrosa combinación del crecimiento de la población humana y el cambio climático impulsado por el calentamiento global causado por los seres humanos pone en riesgo ecosistemas enteros, y acelerará la extinción de muchas especies cuyas poblaciones ya están disminuyendo.
Entre ellas se encuentran muchas especies que sustentan el suministro de alimentos, medicamentos y materiales para las ciudades del mundo, así como los sistemas de purificación del aire y del agua en los que se basa la civilización humana.
La mayoría de estas advertencias se han basado en proyecciones del crecimiento económico, la demanda urbana y el cambio climático. Investigadores estadounidenses abordaron el desafío de otra manera.
En la revista Nature Climate Change informan que recopilaron datos sobre la distribución geográfica de 19.400 especies y los combinaron con cuatro proyecciones diferentes de los cambios futuros en el uso del suelo —un eufemismo para referirse a bosques quemados o talados, pantanos drenados, praderas aradas y otros cambios— durante los próximos 50 años.
Responsabilidad compartida
Identificaron 1.700 especies que, incluso con cambios moderados en el uso del suelo, perderán aproximadamente entre un tercio y la mitad de su hábitat actual para 2070. El total incluye 886 especies de anfibios, 436 de aves y 376 de mamíferos. Esta pérdida de espacio vital agrava el peligro para su vida y su futuro.
Numerosas especies animales de África central y oriental, Mesoamérica, Sudamérica y el Sudeste Asiático corren un riesgo especial. Los autores advierten que, aunque estas pérdidas se producirían dentro de territorios nacionales y afectarían a especies con áreas de distribución limitadas, la responsabilidad por ellas sería mundial.
«La pérdida de poblaciones de especies puede perjudicar de forma irreversible el funcionamiento de los ecosistemas y la calidad de vida humana», afirmó Walter Jetz, ecólogo y biólogo evolutivo de la Universidad de Yale en Connecticut y uno de los autores.
«Aunque la erosión de la biodiversidad en lugares remotos del planeta no parezca afectarnos directamente, sus consecuencias para los medios de vida humanos pueden repercutir en todo el mundo. A menudo, son también las demandas de lugares lejanos las que impulsan estas pérdidas —pensemos en las maderas tropicales, el aceite de palma o la soja—, por lo que todos compartimos la responsabilidad».




