¿Deberíamos ofrecer una red de seguridad a los emprendedores?

¿Deberíamos ofrecer una red de seguridad a los emprendedores?
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Cuando los estadounidenses hablan de los emprendedores, o al menos de las razones para convertirse en uno, el primer tema de conversación suele ser la posibilidad de alcanzar un gran éxito. La gran riqueza que acumularon fundadores de empresas como Bill Gates o Mark Zuckerberg hace sin duda más atractiva la idea de crear una empresa para los posibles emprendedores. Sin embargo, según un nuevo documento de trabajo de la Oficina Nacional de Investigación Económica, deberíamos prestar más atención a los riesgos a la baja cuando se trata de fomentar el emprendimiento.

El nuevo documento, elaborado por los economistas John Hombert y David Thesmar, de HEC Paris; David Sraer, de la Universidad de California en Berkeley; y Antoinette Schoar, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, analiza una reforma del sistema francés de seguro de desempleo promulgada en 2002. La reforma permitió a los trabajadores desempleados que iniciaran una nueva empresa conservar el derecho a sus prestaciones por desempleo durante un máximo de tres años. Podían utilizar las prestaciones acumuladas para compensar la diferencia entre los ingresos de su empresa y el nivel de las prestaciones que, de otro modo, habrían recibido.

Los cuatro investigadores concluyen que el cambio de política actuó como una especie de seguro para el emprendimiento. Los trabajadores que antes habrían dudado en iniciar una empresa podrían tener ahora más probabilidades de hacerlo, al contar con cierta protección frente a los riesgos a la baja. El nuevo documento muestra que la tasa de creación de empresas aumentó un 25 por ciento tras la reforma de 2002.

¿Eran estos nuevos emprendedores personas con aptitudes para crear una empresa, pero simplemente más reacias al riesgo? ¿O eran, más bien, personas que simplemente se animaban a probar suerte? Hombert, Schoar, Sraer y Thesmar concluyen que los nuevos emprendedores eran bastante parecidos a los anteriores y, de hecho, algo más ambiciosos en sus objetivos. También observan que las empresas recién creadas tenían las mismas probabilidades de aumentar el empleo —y de fracasar— que las cohortes anteriores de nuevas empresas.

Por tanto, las pruebas apuntan a que estos nuevos emprendedores eran empresarios capaces que simplemente necesitaban una red de seguridad antes de iniciar una empresa. Además, estas nuevas empresas tuvieron un impacto positivo en la economía en su conjunto. La reforma no alteró el nivel de empleo total de la economía francesa, pero los cuatro economistas concluyen que las nuevas empresas ofrecían salarios más altos y eran más productivas que las empresas a las que reemplazaron. La reforma contribuyó a impulsar la productividad de la economía francesa.

Por supuesto, estos resultados se refieren a la economía francesa. Extrapolar resultados de una economía a otra siempre entraña riesgos. Como señalan los autores, la tasa de creación de empresas es mucho más baja en Francia que en Estados Unidos. Por ello, una reforma similar en este país podría tener un impacto menor. Sin embargo, es importante tener en cuenta el principio subyacente. A muchos responsables políticos y economistas de Estados Unidos les preocupa el descenso del emprendimiento y la creación de empresas. Quizá quieran considerar la posibilidad de investigar si aliviar los riesgos a la baja de crear una empresa puede ayudar a resolver ese problema.

Esta publicación apareció primero en The Washington Center for Equitable Growth

Autor: Nick Bunker es asociado de investigación de políticas en el Washington Center for Equitable Growth.

Imagen: REUTERS

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