Las empresas de carácter “tradicional” que sobreviven en entornos maduros y que están orientadas a la eficiencia, tienen un futuro incierto, porque actualmente ningún sector está a salvo de la disrupción.

La tecnología está erosionando las barreras a la entrada que protegían sus negocios, generando fácil accesibilidad. El tamaño y el volumen ya no son suficientes para sostener las ventajas competitivas ante la amenaza de tecnologías exponenciales que proporcionan altas velocidades de expansión una vez encuentran su aplicación en el mercado.

Además, el entorno evoluciona de forma acelerada. Hemos cambiado la métrica de años a meses. Las compañías deben aprender a validar hipótesis más rápido, a la vez que ganan flexibilidad para adaptarse a lo que el cliente verdaderamente desea y, sobre todo, a aquello que aún no sabe que necesitará. Las organizaciones se ven obligadas a pasar de la inspiración al impacto en tiempos cada vez más cortos.

La receta más eficaz para las empresas consolidadas es adoptar comportamientos propios de los emprendedores

La receta más eficaz para las empresas consolidadas es adoptar comportamientos propios de los emprendedores, por lo que hoy se hace imprescindible disponer de políticas de emprendimiento corporativo. Combinando fortalezas y recursos propios de la empresa consolidada con el dinamismo de los más rápidos, seremos capaces de detectar las oportunidades y organizar los recursos y el talento para explotarlas de forma rápida y eficaz.

El emprendimiento corporativo se basa en las personas, en su mentalidad emprendedora, sus valores y su compromiso. Y sobre todo en su pasión, que es la fuente de energía vital y de persistencia que convierte cualquier iniciativa en un éxito.

Lamentablemente, algunas organizaciones son especialistas en matar la pasión sin saberlo, fagocitando cualquier iniciativa innovadora porque “siempre se ha hecho así”. Hoy los que somos emprendedores sabemos cómo crear el hábitat adecuado, en el que también se priorice el largo plazo, se pueda asumir riesgos, se tolere el fracaso bien intencionado y, en definitiva, nos inviten a soñar, liderar y crecer.

Este artículo ha sido originalmente publicado en Mundo Empresarial, el 30 de junio de 2017