Las tecnologías disruptivas dictan un nuevo futuro para la humanidad. Prácticamente a diario oímos hablar de nuevos avances que borran los límites entre lo físico, lo digital y lo biológico. Ya hay robots en nuestros quirófanos y nuestros restaurantes de comida rápida. Gracias a la impresión 3D y la extracción de células madre, podemos crear un hueso a partir de las propias células del paciente. La impresión 3D comienza a cambiar la forma en la que usamos y reciclamos las materias primas y ha dado lugar a una economía circular, en lugar del tradicional modelo lineal de construir cosas y luego tirarlas.

Este tsunami de cambio tecnológico claramente desafía la forma en la que funcionamos como sociedad. La magnitud y el ritmo del cambio son tales que comienza a cambiar profundamente la forma en la que vivimos y trabajamos. Se prevén cambios fundamentales en todas las disciplinas, economías e industrias.

En esta nueva era, que ahora llamamos la Cuarta Revolución Industrial, confluirán distintas tecnologías que están cerca de su madurez, como la robótica, la nanotecnología, la realidad virtual, la impresión 3D, el Internet de las cosas (IoT), la Inteligencia Artificial (AI) y la biología avanzada.

Estas tecnologías están en diferentes etapas de desarrollo y adopción pero, a medida que se asienten, se popularicen y converjan, veremos un cambio radical en la forma en la que los individuos, las empresas y las sociedades producen, distribuyen, consumen y reutilizan bienes y servicios.

¿Destruirá puestos de trabajo la nueva revolución industrial?

Estos desarrollos comienzan a gestar una inquietud generalizada por el papel que jugarán los humanos en el nuevo mundo. Conforme se acelera el ritmo del cambio, aumenta también el nivel de inquietud. Un estudio de la Universidad de Oxford estimó que aproximadamente la mitad de los trabajos en EE. UU. podrían ser reemplazados por sistemas automatizados durante la próxima década. Por el contrario, economistas como James Bessen opinan que la automatización y la creación de puestos de trabajo muchas veces van de la mano.

A esta altura, es imposible predecir cuál será el impacto general sobre el empleo. De lo que podemos estar seguros es de que ocurrirá un cambio disruptivo. Sin embargo, antes de digerir todas las malas noticias, debemos analizar la historia. La historia nos dice que, a menudo, lo que se ve afectado es la naturaleza del trabajo más que la oportunidad de participar en el trabajo.

Cómo las revoluciones industriales cambiaron la naturaleza del trabajo

La Primera Revolución Industrial llevó la industria manufacturera británica de los hogares a las fábricas y marcó el comienzo de la jerarquía de las organizaciones. Las personas migraron de las zonas rurales a las industriales. El cambio no siempre fue pacífico y surgieron los primeros movimientos obreros. Los famosos disturbios de los luditas en Inglaterra a principios del siglo XIX son un excelente ejemplo.

La Segunda Revolución Industrial se caracterizó por la electrificación, la producción a gran escala y la expansión de las redes de transporte y comunicaciones. Esta revolución llevó a la creación de profesiones —como la de ingeniero, banquero y docente—, creó las clases medias e introdujo las políticas sociales y el papel del gobierno.

En la Tercera Revolución Industrial, en la que la electrónica y la informática automatizaron la producción, muchos trabajos humanos comenzaron a orientarse hacia los servicios. Cuando aparecieron los primeros cajeros automáticos en la década de 1970, estos se percibieron como un desastre para los trabajadores de la industria bancaria minorista. Sin embargo, la cantidad de puestos de trabajo en las sucursales bancarias en realidad aumentó con el tiempo, conforme estas dejaron de centrarse en las transacciones y se enfocaron en cambio en las relaciones con los clientes.

¿Qué podemos aprender de la historia?

Cada una de las revoluciones industriales se ha caracterizado por la disrupción, y la cuarta no será la excepción. Debemos recordar esto y aplicar lo que hemos aprendido para afrontar el cambio:

  • Enfocarse en las habilidades. En lugar de enfocarnos en trabajos específicos que pueden aparecer o desaparecer, deberíamos concentrarnos en las habilidades que se necesitarán y luego educar, formar y recapacitar a los trabajadores para aprovechar las nuevas oportunidades que brinda la tecnología. Los departamentos de RR. HH., las instituciones educativas y los gobiernos estarán al frente de este proceso.
  • Proteger a los desfavorecidos. La experiencia señala una y otra vez la necesidad de proteger a los desfavorecidos y darles el tiempo y los medios para adaptarse. Como vimos este año, es más importante que nunca evitar que la desigualdad lleve a ciertos grupos sociales a perder la fe en el progreso.
  • Colaborar para crear nuevos ecosistemas. El gobierno, las empresas y los líderes civiles jugarán un papel crucial a la hora de generar los niveles de colaboración, la legislación y los estándares que se necesitan para garantizar que la cuarta revolución industrial se traduzca en crecimiento económico y genere beneficios para todos

Por supuesto, no soy tan ingenuo para pensar que será un camino fácil. El cambio será lento y difícil, particularmente en las democracias. Requerirá una combinación de políticas con visión de futuro, marcos normativos ágiles y, sobre todo, asociaciones efectivas que atraviesen las fronteras de las organizaciones y los países. Será la política, más que la tecnología, la que fije el ritmo de cambio.

Dinamarca se cita a menudo —y con razón— como un ejemplo de esto: su sistema de “flexiguridad” permite un nivel elevado de flexibilidad laboral a la vez que ofrece a los ciudadanos una serie de beneficios, oportunidades de formación y recapacitación que funcionan como una red de contención.

Una última reflexión. A pesar del ritmo exponencial del cambio tecnológico, no debemos olvidar el papel crucial del tiempo. Aunque los cambios serán monumentales —y, en efecto, revolucionarios—, no llegarán de un día para el otro, sino que probablemente ocurran a lo largo de varias décadas. Esto nos dará tiempo a adaptarnos como individuos, como empresas y como sociedades. Sin embargo, este no es motivo para sentarse a esperar, sino para ponerse a trabajar y forjar el nuevo futuro.