Desde el 1 de abril, los neoyorquinos deben separar los residuos de alimentos para reciclarlos o se arriesgan a una multa de hasta 300 dólares. Forma parte de los esfuerzos de la ciudad para combatir el cambio climático. Cuando los residuos orgánicos acaban en un vertedero, se descomponen y liberan metano, un potente gas de efecto invernadero. Nueva York aprovecha sus residuos de alimentos de otro modo: los composta y los convierte en fertilizante, o los introduce en un «biodigestor», donde generan biogás que se utiliza para producir energía renovable.

Acción climática
¿Cómo podemos construir prosperidad dentro de los límites del planeta?

