El cambio climático es una crisis global, pero sus efectos se sienten de manera desigual. Para muchas personas, no se trata solo del aumento de las temperaturas y del deshielo de los glaciares, sino de la supervivencia misma de sus comunidades.
La justicia climática es un movimiento global que lucha para garantizar que quienes menos han contribuido a la crisis climática no sean quienes más sufran sus consecuencias. Se trata de poner a las comunidades de primera línea en el centro de cada decisión que se tome hoy.
La carga desigual del cambio climático
Muchas naciones, especialmente las del Sur Global, soportan el peso de catástrofes provocadas por el cambio climático, como huracanes, inundaciones, incendios forestales, degradación ambiental, sequías y pérdida de biodiversidad. A menudo, estas naciones son las menos preparadas para afrontar tales desastres y las que menos han contribuido a las emisiones de carbono que los causaron.
Algunas, como los pequeños Estados insulares en desarrollo, casi no han contribuido a las emisiones históricas y, sin embargo, son las primeras amenazadas por el aumento del nivel del mar.
COP28: ¿un paso hacia la justicia climática?
En la COP28, las naciones ricas reconocieron por fin su responsabilidad en la crisis climática al comprometerse a crear un «fondo para daños climáticos» destinado a los países más pobres. Aunque la contribución «sustancial» de la UE parece un buen comienzo, no alcanza los 2 billones de dólares que los países en desarrollo necesitan cada año para adaptarse y abandonar gradualmente los combustibles fósiles.
La justicia climática exige más que promesas. Se trata de actuar de inmediato y garantizar que todas las personas, no solo las privilegiadas, puedan prosperar en un planeta saludable. El Centro para la Naturaleza y el Clima del Foro Económico Mundial es una plataforma para impulsar el progreso, pero la verdadera pregunta es: ¿cómo contribuye tu país?



