3 formas de generar confianza y participación de los jóvenes en las instituciones públicas

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  • La confianza en las instituciones públicas se encuentra en su nivel más bajo de todos los tiempos, y entre los jóvenes lleva años disminuyendo.

  • Los jóvenes comprenden el poder de la protesta, pero necesitan acceso a las instituciones para generar cambios desde dentro.

  • Presentamos tres formas de ayudarles a cumplir sus ambiciones de cambiar el mundo.

A comienzos de 2021, el anual Barómetro de Confianza Edelman reveló que, en todo el mundo, la confianza en las instituciones públicas siguió su espiral descendente. Las instituciones públicas se situaron temporalmente como las más confiables en mayo de 2020, frente a las ONG, las empresas y los medios de comunicación. Eso ocurrió cuando la gente esperaba que contuvieran la COVID-19 y reactivaran las economías. Pero ahora esa burbuja de confianza ha estallado.

Como advirtió Rosemary DiCarlo, Secretaria General Adjunta de la ONU para Asuntos Políticos y de Consolidación de la Paz, advirtió ante el Consejo de Seguridad de la ONU en septiembre que la ruptura de la confianza pública “aumenta la fragilidad y tiene el potencial de provocar inestabilidad en contextos en los que la población considera que las autoridades no han abordado eficazmente la pandemia o no han sido transparentes respecto de su impacto”.

Debemos prestar especial atención a las personas de entre mediados de la adolescencia y finales de los veinte años que perciben –con razón o sin ella– que las instituciones públicas tienen poca capacidad o disposición para mejorar su bienestar. Cuanto más sienten los jóvenes de todo el mundo que están desconectados de las instituciones públicas y que estas no los respaldan, mayor es la probabilidad de que aumente su cinismo. Ese cinismo hace que nuestras instituciones públicas sean más vulnerables y menos eficaces.

Recuperar su confianza requerirá un esfuerzo concertado por parte de las instituciones públicas para incorporar a más jóvenes en sus filas, escuchar con mayor atención sus inquietudes y ofrecer servicios que atiendan sus necesidades específicas.

Las nuevas generaciones también deben entender que, si bien protestar contra instituciones ineficaces o corruptas es un deber cívico, también lo es involucrarse en ellas y participar en su funcionamiento. Reconstruir la confianza en las instituciones públicas exige pequeños esfuerzos cotidianos que marquen la diferencia en la forma en que prestan sus servicios e interactúan con sus ciudadanos.

El descenso de la confianza de los jóvenes no se produjo de la noche a la mañana. La participación juvenil en las instituciones públicas ha sido desalentadoramente baja durante años. La participación electoral de las personas de 18 a 25 años se sitúa muy por detrás de la de otros grupos de edad en los países democráticos. A nivel mundial, solo alrededor del 6 % de los parlamentarios tiene menos de 35 años.

Image: ONU.

Según la OCDE, la confianza en los gobiernos de la OCDE descendió unos 5 puntos porcentuales entre 2007 y 2012. Para 2019, los niveles de confianza se habían recuperado en todos los grupos de edad, incluido el de los jóvenes. Sin embargo, en 20 de los 37 países en cuestión, la confianza de los jóvenes en los gobiernos nacionales, en relación con el total de la población, ha disminuido desde 2006.

¿Cómo podemos detener e invertir el deterioro de la confianza juvenil?

1. Aprovechar sus ambiciones de cambiar el mundo

A comienzos de la década de 1960, Estados Unidos creó el Cuerpo de Paz no solo para impulsar el desarrollo internacional mediante voluntarios, sino también para proyectar la imagen del país, a través de intercambios entre personas, como una potencia noble. Con el tiempo, al igual que muchos programas dirigidos por la Corporación para el Servicio Comunitario, el Cuerpo de Paz también transformó la vida de quienes prestaron servicio como voluntarios.

Sin embargo, se podría hacer mucho más con estos programas para incorporar a más jóvenes y reforzar la percepción pública de que son indispensables para resolver los problemas que más les importan. Una mayor financiación sería una buena forma de contribuir.

2. Centrarse en la participación local

Las personas de todas las edades suelen tener más experiencia con el gobierno local que con cualquier otro nivel de gobierno, porque este atiende sus necesidades más inmediatas, como la educación, el transporte público, la aplicación de la ley, la salud pública, la zonificación y muchas más.

Sin embargo, estos servicios funcionan con poca o ninguna participación juvenil. Necesitamos encontrar formas de que los jóvenes se involucren con estas instituciones para aumentar los beneficios que brindan a las comunidades. Harían bien en emular, a nivel subnacional, la labor de Ichmache>Politik, un proyecto del Consejo Federal de la Juventud de Alemania (Deutscher Bundesjugendring – DBJR) que utiliza métodos digitales (ePartool) para respaldar la participación de los jóvenes en la elaboración de políticas a nivel nacional.

3. Reavivar el interés por el voluntariado

Los jóvenes están más inclinados que cualquier otro grupo de edad a elegir la protesta para transmitir su mensaje a las instituciones públicas. Eso es algo positivo; bien empleada, la protesta hace avanzar a la sociedad. Al mismo tiempo, también debemos ofrecer a los jóvenes la oportunidad de pasar de la protesta a una mentalidad de “esto es lo que puedo hacer para lograrlo”. Debemos llevarlos del exterior al interior.

Muchas sociedades, en especial la estadounidense, valoran el voluntariado, y personas de todas las edades dedican su tiempo a causas que van desde campañas de recogida de alimentos para los necesitados hasta esfuerzos por mitigar los desastres naturales. Sabemos que el servicio comunitario inculca un sentido de responsabilidad cívica en los estudiantes y predice la probabilidad de hacer voluntariado después de la graduación.

Sin embargo, demasiadas sociedades subvaloran el voluntariado en las instituciones públicas, que están destinadas a beneficiar a la sociedad o a una comunidad. El servicio voluntario en una institución pública tiene el potencial de generar mayores beneficios para una comunidad o la sociedad.

Por ejemplo, la OCDE señala un movimiento social conocido como “Fridays for Future”, que ha atraído a más de 13 millones de estudiantes y otras personas que exigen a los gobiernos europeos que actúen contra el cambio climático. Eso ha contribuido, desde fuera, a cambiar políticas. El Gobierno danés ha ido un paso más allá e incorporó voces jóvenes al interior de la elaboración de políticas mediante la creación de un Consejo Juvenil sobre el Clima, que asesora al Ministerio de Medio Ambiente en materia de cambio climático, protección ambiental, agricultura y producción de alimentos.

El desafío de la desconfianza juvenil hacia las instituciones públicas exigirá estos y muchos otros esfuerzos para conectar e involucrarse con un segmento fundamental de la población de cada país. El primero de muchos pasos en esa dirección es que los líderes de dichas instituciones reconozcan la magnitud y la gravedad de este desafío que se avecina, lo admitan y, cuanto antes, dediquen energía, recursos y una pasión auténtica a revertirlo.

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