Los jóvenes están ahora completamente inmersos en la era digital, que gira alrededor de ellos y dentro de ellos.
Esta es la época del Antropoceno, la era de los seres humanos, en la que una visión tecnológica del mundo y las herramientas humanas ocupan el lugar central en la transformación de la Tierra y de sus habitantes. También es una época en la que 1.800 millones de jóvenes conforman la generación más numerosa de personas de entre 10 y 24 años de la historia de la humanidad, y el 50 % de la población mundial es menor de 30 años.
He investigado la vida de los jóvenes durante casi tres décadas. Me interesa saber cómo viven hoy los jóvenes cuando nuestro planeta ha sido llevado a la fragilidad por las tendencias de consumo estrechamente relacionadas con el auge de la producción en masa posible gracias a las tecnologías.
Las tecnologías digitales se han adoptado con demasiada frecuencia en las escuelas, con políticas de uso y directrices que no han tenido en cuenta los efectos a largo plazo ambientales, sanitarios o éticos: hoy, las preocupaciones sobre la equidad han pasado de inquietarse por que los niños más pobres no tengan dispositivos a plantearse qué significa que los desarrolladores acomodados críen a sus hijos sin tecnología.
Los investigadores centrados en el Sur Global han destacado cómo el acceso a la tecnología ha estado impulsado por intereses comerciales, y los datos sobre los resultados los generan personas que se beneficiarán de ello. Quienes se ocupan de los jóvenes deben encontrar nuevas formas de determinar si existen posibles beneficios para ellos al vivir inmersos en la tecnología digital, especialmente porque las intervenciones para distribuir más tecnología pueden agravar, en lugar de eliminar, las desigualdades existentes.
Con mi equipo del Young Lives Research Lab, con sede en la Universidad de York, realicé un estudio de cinco años sobre la juventud y la era digital, en el que analicé 185 relatos recogidos de jóvenes (de 16 a 24 años) en Canadá, Australia y Escocia. A partir de estos relatos, me queda claro que no consideran que la tecnología sea la panacea del bienestar que en su día se afirmó que era.
Abandonados a su suerte
Hoy, cuando la vigilancia digital es mayor que nunca, se produce un vaciamiento del aprendizaje, una superficialidad que va unida a los abusos de la privacidad y la vigilancia y a una pérdida del valioso contacto humano.

Los jóvenes afirman que las herramientas digitales y las formas de vida están cambiando hasta hacerse irreconocibles. Viven una profunda paradoja tecnológica moderna y se les deja a su suerte (valga el juego de palabras) para resolverla. Les preocupa lo que los medios digitales están haciendo con los niños que observan.
Naomi, una de las jóvenes participantes, puso de relieve una sensación de vulnerabilidad:
«La mayoría de sus aplicaciones y de las aplicaciones de redes sociales están orientadas a nuestro grupo de edad porque siento que es cuando más se puede … No sé por qué, parece que quieren hacernos daño. No sé quiénes son ‘ellos’, pero siento que somos el grupo más vulnerable en el que se fijan, y que quieren sacarnos todo lo que puedan en beneficio propio.»
undefined
La Tierra se detuvo
Como parte de nuestro estudio sobre la juventud, mi colaborador Ron Srigley diseñó y analizó una investigación en la que los jóvenes vivieron sin sus teléfonos durante una semana. El capítulo de Ron en Youth in the Digital Age: Paradox, Promise, Predicament recoge los resultados de esta investigación empírica.
Los jóvenes describieron una pérdida de contacto humano, así como una mayor libertad y concentración, y la oportunidad de reflexionar sobre los problemas éticos y morales de vivir pendientes de los teléfonos móviles, las aplicaciones y los medios. Un comentario fue muy representativo:
«¿Lo creas o no, tuve que acercarme a un desconocido y preguntarle qué hora era. Sinceramente, me costó mucho valor y confianza preguntarle algo a alguien.»
undefined
Un joven observó que, con solo caminar «junto a desconocidos en el pasillo o al cruzarme con ellos por la calle», casi todos sacaban «el teléfono justo antes de que pudiera establecer contacto visual con ellos».
Varios jóvenes sugirieron que, sin el teléfono, carecían de confianza para resolver problemas básicos o temían por su seguridad:
«¿Lo creas o no, tuve que acercarme a un desconocido y preguntarle qué hora era. Sinceramente, me costó mucho valor y confianza preguntarle algo a alguien.»
undefined
«Otra cosa que no me gustaba de no tener teléfono móvil, y que a veces me asustaba, era que alguien me atacara o secuestrara … Realmente no podría estar en condiciones de pedir ayuda por mí misma …»
undefined
Los jóvenes señalaron una mayor conciencia de un intenso conflicto por la falta de conexión en línea instantánea.
Una persona dijo que vivir sin su teléfono era «como si la Tierra se hubiera detenido».
Un experimento sin teléfono pidió a los jóvenes que vivieran sin sus teléfonos durante una semana. (jon asato / unsplash),CC BYMejoras para las personas
Tanto en el «experimento sin teléfono» como en las demás entrevistas en profundidad, los jóvenes expresaron una conexión profundamente arraigada y dada por sentada con sus teléfonos, al tiempo que sentían desesperanza ante una sensación premonitoria de que la tecnología se está apoderando de la vida humana.
Como afirmó Easton:
«Creo que los seres humanos se convertirán en la nueva tecnología, y que las empresas venderán mejoras para las personas.»
undefined
O, como relató Piper:
«Está bien que la tecnología avance rápido, porque quizá ayude a alguna buena causa. Pero también está el inconveniente de … ¿cómo se controla?»
undefined
Un joven predijo que las empresas venderán mejoras para las personas. (Shutterstock) Vida digital y bienestar
¿Hemos perdido de vista el bienestar emocional, espiritual y físico de los jóvenes?
Los jóvenes de nuestra investigación pidieron que los adultos presten mayor atención a las innumerables formas en que la era digital afecta al bienestar de los jóvenes. Mostraron cómo los medios digitales afectan a todos los aspectos de su vida en los que se mide el bienestar, como la salud, la educación y las relaciones sociales.
Lo más interesante es que afirmaron que se necesitan nuevos análisis sobre la profundidad y la paradoja de la vida digital de los jóvenes si queremos comprender plenamente el bienestar de la juventud.
Como resultado de lo que escuché a los jóvenes de nuestro estudio, ahora me he involucrado en una red mundial de investigación centrada en la juventud y el Antropoceno. Esta red investiga cómo es ser joven hoy y cómo navegan los jóvenes por el bienestar en este tiempo frágil.
Los investigadores de esta red se han conectado con la ayuda de los medios digitales, al tiempo que expresan su preocupación por la visión tecnológica y capitalista del mundo de la que nacen estas herramientas.
Es hora de preguntarse si las sociedades apoyarán el bienestar de los jóvenes en el Antropoceno y en la era digital, y cómo lo harán. Para hacerlo bien, debemos escuchar e involucrar a los jóvenes.





