¿Viagra gratis, pero no anticonceptivos? Así afecta a la economía

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«Quizá haya un invento que los historiadores, dentro de mil años, recordarán y dirán: eso definió el siglo XX», The Economist escribió en 1999. «Ese invento es la píldora anticonceptiva».

A algunos esto podría parecerles una exageración. Al fin y al cabo, el siglo XX nos trajo innovaciones que cambiaron la vida, como la World Wide Web, los microprocesadores y los aviones. Pero pensar así supondría subestimar enormemente cuánto ha cambiado el mundo moderno esta pequeña píldora.

Al permitir que las mujeres eligieran si querían tener hijos y cuándo, la píldora anticonceptiva desencadenó una revolución cultural, de género y económica. Pero ahora esa revolución corre el riesgo de estancarse. Debido a un cambio de política, a las mujeres de Estados Unidos les resulta mucho más difícil acceder a este medicamento milagroso.

Gracias a la Ley de Atención Médica Asequible, muchas menos mujeres de Estados Unidos tuvieron que costear su propia planificación familiarImage: Kaiser Family Foundation

Un sistema sanitario que cubre la Viagra, pero no la píldora

Es difícil asimilar estos últimos acontecimientos sin entender al menos los aspectos básicos del sistema sanitario estadounidense y, en particular, los cambios que ha experimentado en los últimos años.

Como las pólizas colectivas suelen ser más asequibles que las individuales, la mayoría de los estadounidenses obtiene su seguro médico a través de su empleador. Esto significa que el nivel de cobertura que recibe una persona depende en gran medida de la generosidad de su empresa.

Hasta hace relativamente poco, muchas empresas optaban por no cubrir los anticonceptivos, por lo que las mujeres solían afrontar gastos sanitarios de su bolsillo más elevados que los hombres. En 1998, por ejemplo, solo el 33 % de los grandes planes de salud colectivos cubría los anticonceptivos orales. Ese mismo año, cuando la Viagra, el fármaco contra la impotencia masculina, salió al mercado, más del 50 % de las recetas obtuvo cobertura.

La Ley de Atención Médica Asequible —también conocida como Obamacare— cambió eso y obligó a las aseguradoras a cubrir todos los métodos anticonceptivos aprobados por la FDA. Había algunas excepciones —por ejemplo, las iglesias y ciertos grupos religiosos—, pero el impacto fue enorme. En dos años, la proporción de mujeres que pagaban por los anticonceptivos orales cayó de casi el 21 % al 3,6 %.

Este mes, esas excepciones se ampliaron considerablemente. En consonancia con una promesa de campaña, el Gobierno de Trump anunció que cualquier empresa con «creencias religiosas o convicciones morales sinceras» puede negarse a cubrir los anticonceptivos. Esto significa que 55 millones de mujeres estadounidenses que actualmente tienen acceso gratuito a anticonceptivos corren el riesgo de perder esa cobertura.

El argumento socioeconómico a favor de los anticonceptivos

Aunque el anuncio del Gobierno estaba repleto de referencias espirituales y morales, muchas naciones profundamente religiosas sí comprenden la importancia económica del acceso a los anticonceptivos.

Por ejemplo, Filipinas —la tercera nación católica romana más grande del mundo— se ha comprometido a ofrecer planificación familiar moderna universal para 2018. La promesa forma parte de una iniciativa gubernamental más amplia para erradicar la pobreza.

De hecho, las investigaciones sugieren que ambas cosas —la planificación familiar y la pobreza— están indisolublemente ligadas. En lo más básico, cuando los gobiernos limitan el acceso a los anticonceptivos, las mujeres más pobres son quienes soportan las peores consecuencias. Eso es lo que los expertos temen que ocurra ahora en Estados Unidos. «Las mujeres más acomodadas podrán pagar de su bolsillo», explica Martha J. Bailey. Como profesora de Economía, lleva años estudiando el impacto socioeconómico del acceso a los anticonceptivos.

¿Y quienes no pueden afrontar el costo adicional? «Las investigaciones sugieren que aumentarán los embarazos no deseados», señala Bailey. «Es difícil decir cuánto, pero sabemos qué ocurre como consecuencia. En 2011, el 42 % de los embarazos no deseados terminó en aborto».

Sin embargo, la relación entre la pobreza y la planificación familiar es aún más profunda. Todas las investigaciones apuntan a que unos anticonceptivos fiables y asequibles contribuyen al empoderamiento económico de las mujeres. En 2005, por ejemplo, el economista Heinrich Hock descubrió que, entre 1969 y 1980, las mujeres de Estados Unidos con acceso a anticonceptivos orales tenían más probabilidades de matricularse en la educación superior y un 35 % menos de probabilidades de abandonarla.

Esas mismas mujeres accedieron después a empleos mejores y mejor remunerados que los que estaban al alcance de sus madres. Según las estimaciones de una investigación de Bailey y dos colegas, Brad Hershbein y Amalia R. Miller, la píldora explicó el 10 % de la reducción de la brecha de género en la década de 1980 y el 30 % en la de 1990.

«La capacidad de la píldora para transformar la maternidad de algo probabilístico en algo planificado modificó las decisiones profesionales y la remuneración de las mujeres durante las décadas siguientes», concluyeron los autores.

El efecto multiplicador

¿Por qué importa todo esto? Pues, para empezar, como señala el último Informe Global sobre la Brecha de Género, está la cuestión de la equidad. «Existe un argumento moral fundamental a favor del empoderamiento de las mujeres: representan la mitad de la población mundial y es evidente que deben tener el mismo acceso a la salud, la educación y las oportunidades de obtener ingresos», afirma el informe.

Pero incluso si no crees que el empoderamiento educativo y económico de las mujeres sea importante, los programas de planificación familiar siguen teniendo sentido. Esto se debe a que sus efectos positivos no benefician solo a las personas. De hecho, se benefician las familias, las comunidades e incluso los países.

«El maltusianismo, uno de los modelos más antiguos de la economía, mostró cómo la maternidad puede afectar a toda la economía. Esto sigue siendo cierto hoy: los costos de los embarazos no deseados nos afectan a todos», afirma Bailey. «Los programas de planificación familiar aumentan los ingresos de los padres y reducen la incidencia de la pobreza infantil y el gasto público en asistencia social».

El genio ya salió de la botella

¿Qué les espera a las mujeres de Estados Unidos afectadas por este cambio de política? Kitty Kolbert, exabogada especializada en derechos reproductivos, cree que el Gobierno, las empresas y la ciudadanía tienen, cada uno, un papel que desempeñar.

«Es importante que haya más mujeres proelección en cargos electos y en puestos clave de liderazgo en el Gobierno y las empresas», afirma. «Pero es igualmente importante que las familias expresen abierta y enérgicamente su descontento cuando las empresas y los políticos les nieguen el acceso a estos importantes fármacos y dispositivos».

Pase lo que pase, Bailey tiene algo claro: las mujeres de Estados Unidos no se rendirán sin luchar. «Creo que será difícil volver a meter el genio en la botella», añade. «Las mujeres no renunciarán fácilmente a lo que han logrado».

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