Investigaciones anteriores han demostrado que los adultos prefieren los paisajes naturales a los urbanos, pero no estaba claro si esa preferencia es innata o si se aprende mediante la experiencia.
Para ayudar a responder esa pregunta, un equipo de psicólogos de la Universidad de Chicago encuestó a 239 niños de entre 4 y 11 años.
Los investigadores descubrieron que esos niños preferían los entornos urbanos mucho más que los 167 adultos participantes. Sin embargo, la preferencia por los entornos urbanos era significativamente menor entre los niños de más edad, lo que sugiere que la afinidad por la naturaleza puede desarrollarse gradualmente a lo largo de la vida, en lugar de ser innata a una edad temprana.
«…EXPONER A LOS NIÑOS A EXPERIENCIAS EN LA NATURALEZA A UNA EDAD TEMPRANA PUEDE SER FUNDAMENTAL PARA QUE MÁS ADELANTE DESARROLLEN UNA APRECIACIÓN POR LA NATURALEZA.»
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«Planteamos la hipótesis de que los niños preferirían la naturaleza porque los adultos la prefieren de forma abrumadora», afirma Kim Lewis Meidenbauer, estudiante de doctorado de la Universidad de Chicago y autora principal del estudio publicado en Journal of Environmental Psychology. «Nos sorprendió muchísimo encontrar pruebas en sentido contrario».
Al reclutar participantes en un museo local, ella y sus coautores entrevistaron a más de 90 niños de Chicago y otras zonas de Illinois, a más de 100 de otros estados y a 11 de otros países anglófonos. Procuraron incluir al menos 20 niños de cada grupo de edad y también analizaron un subconjunto de la muestra que excluía a los hermanos.
Los investigadores utilizaron imágenes igualadas en atractivo visual para tener en cuenta las preferencias estéticas no relacionadas con los entornos naturales o urbanos. También descubrieron que las preferencias de los niños no guardaban relación con el tiempo que pasaban al aire libre en entornos naturales.
«Es importante señalar que nuestros resultados no significan que la naturaleza no sea buena para los niños», afirma Marc Berman, autor principal del estudio y profesor asociado del departamento de Psicología. «Numerosos estudios sobre la interacción con la naturaleza, incluidos muchos de nuestro laboratorio, muestran que los beneficios cognitivos, sociales y para la salud en los adultos no se deben a sus preferencias ni a mejoras en el estado de ánimo. Así que no parece que los beneficios cognitivos de la exposición a la naturalezase deban únicamente a que les guste la naturaleza o a algún tipo de respuesta hedónica.
«Este trabajo también sugiere que el aprecio por la naturaleza no viene dado en la infancia. Por tanto, exponer a los niños a experiencias en la naturaleza a una edad temprana puede ser fundamental para que más adelante desarrollen una apreciación por ella».
Como director del Laboratorio de Neurociencia Ambiental, Berman es un destacado experto en la relación entre los factores ambientales y el procesamiento neuronal individual. Sus investigaciones anteriores han contribuido a dar forma a la comprensión académica de cómo la naturaleza puede influir en el rendimiento cognitivo, incluso cuando se experimenta a través de vídeos y sonidos.
Los investigadores aún no han identificado una causa evidente que explique por qué las preferencias de los niños difieren de las de los adultos. Una teoría sostiene que los niños reciben la influencia de sus padres y que esas influencias pueden tardar en manifestarse. Los datos de los investigadores respaldan esta idea: muestran que las preferencias de los niños de más edad se parecían cada vez más a las de sus padres.
Los psicólogos esperan seguir investigando si intervienen otros mecanismos y si adultos y niños ponderan en distinto grado sus preferencias ambientales. También esperan realizar investigaciones similares sobre las preferencias de los adolescentes.
«Nuestro estudio también encontró pruebas de los beneficios cognitivos de la exposición a la naturaleza en los niños, y estos no guardaban ninguna relación con sus preferencias», afirma Meidenbauer. «Esto es importante porque realmente sugiere que a los niños no tiene que gustarles la naturaleza para que les haga bien».





