En 2050, África será el hogar de 1.000 millones de jóvenes. Y necesitarán educación

Children displaced as a result of Boko Haram attacks in the northeast region of Nigeria, attend class at Maikohi secondary school inside a camp for internally displaced persons (IDP) in Yola, Adamawa State January 13, 2015. Boko Haram says it is building an Islamic state that will revive the glory days of northern Nigeria's medieval Muslim empires, but for those in its territory life is a litany of killings, kidnappings, hunger and economic collapse. Picture taken January 13. To match Insight NIGERIA-BOKOHARAM/ REUTERS/Afolabi Sotunde (NIGERIA - Tags: CIVIL UNREST EDUCATION SOCIETY) - RTR4M2KN
We now risk compromising the future of an entire generation.Image: REUTERS/Afolabi Sotunde
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Puede que sea cierto que todo viaje comienza con un solo paso. Pero, cuando se trata de educación, especialmente en los países de ingresos bajos y medios, aún nos queda mucho camino por recorrer. Afortunadamente, ya están en marcha numerosos esfuerzos para ayudar a estos países a avanzar y alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de garantizar una educación de calidad para todos para 2030.

Como enviado especial de la Comisión Internacional sobre la Financiación de la Educación Mundial, he encabezado delegaciones de alto nivel en 14 países de África. Durante esas visitas, fui testigo directo del compromiso de los líderes del continente con la implementación de reformas y el aumento de la inversión en educación.

Pero, para alcanzar el ODS en materia de educación, el compromiso de los líderes africanos debe ir acompañado de un apoyo proporcional de la comunidad internacional, posiblemente mediante un Mecanismo Internacional de Financiación para la Educación (IFFEd). En la situación actual, la comunidad internacional se está quedando corta en este ámbito, especialmente en lo que respecta a la financiación.

Aunque muchos países del mundo en desarrollo han reforzado su compromiso de mejorar y ampliar las oportunidades educativas, la educación sigue padeciendo una falta crónica de financiación, con niveles de fondos muy inferiores a los necesarios para alcanzar los objetivos educativos. Desde 2002, la proporción de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) destinada a educación ha disminuido, del 13% al 10%.

Image: Naciones Unidas

El innovador informe de la Comisión sobre la Educación, Learning Generation, deja claro lo que está en juego, en particular para los países africanos que llevan mucho tiempo sufriendo carencias educativas. En 2050, África será el hogar de mil millones de jóvenes. Para 2030, si se mantienen las tendencias actuales, solo uno de cada diez jóvenes de los países de ingresos bajos —la mayoría de los cuales está en África— estará en vías de adquirir competencias básicas de educación secundaria. En pocas palabras, ahora corremos el riesgo de poner en peligro el futuro de toda una generación.

Pero ese resultado puede evitarse. El informe de la Comisión sobre la Educación también muestra que los avances en la reforma educativa, junto con un gasto más eficaz, podrían ampliar considerablemente el acceso a la educación, aumentar las tasas de finalización y mejorar los resultados de aprendizaje.

Para avanzar hacia estos objetivos, la Comisión sobre la Educación propone un pacto de financiación por el cual los países de ingresos bajos y medios se comprometerían a aumentar el gasto público nacional en educación desde un promedio actual de alrededor del 4% del PIB hasta el 5,8% del PIB para 2030, al tiempo que aplicarían reformas para garantizar un uso eficiente de los recursos. A cambio, la comunidad internacional aumentaría su financiación durante este período, de unos 16.000 millones de dólares al año a cerca de 90.000 millones, y proporcionaría mecanismos de coordinación para garantizar el uso más eficiente de los fondos.

La AOD tendría un papel importante en el cumplimiento del pacto. De hecho, la Comisión sobre la Educación pide aumentar al 15% la proporción de la AOD destinada a educación. Pero incluso con ese aumento, se necesitarán más fondos. Ahí es donde entra en juego el IFFEd.

El IFFEd reuniría de manera coordinada a donantes bilaterales, el Banco Mundial y bancos regionales de desarrollo, lo que les permitiría mancomunar sus recursos y aprovechar el capital ocioso cuando proceda. Una vez en funcionamiento, el IFFEd podría movilizar para 2020 13.000 millones de dólares anuales en recursos adicionales para la educación en países decididos a invertir en educación y reformarla.

El IFFEd no sería una dádiva. Apoyaría a los países —muchos de los cuales ya destinan una parte significativa de sus presupuestos nacionales a la educación— en sus esfuerzos por alcanzar el ODS en materia de educación. Es el paso más grande, audaz y trascendental que podemos dar para garantizar que la próxima generación no se pierda, sino que aprenda.

En colaboración con el presidente de la Comisión sobre la Educación y ex primer ministro británico Gordon Brown, he dado varios pasos para impulsar la creación de un IFFEd. El primero fue determinar qué países, si los había, consideraban que era necesario y estarían dispuestos a realizar el trabajo requerido para beneficiarse de él.

Así, cuando visitaba a un líder africano, le hacía una pregunta sencilla: a la luz del informe y el plan de acción de la Comisión sobre la Educación, ¿estaría dispuesto a comprometerse con los niveles de inversión y reforma educativa necesarios para optar a la ayuda del IFFEd? Los líderes de los 14 países que visité respondieron que sí. De hecho, no solo expresaron su interés en convertirse en «países pioneros»; todos los líderes con quienes me reuní afirmaron que un avance de ese tipo era fundamental y que debería haberse producido hace mucho tiempo.

Ahora llega la parte difícil: convertir las palabras en realidad y el compromiso en avances. Dado que la demanda de un IFFEd está bien establecida, estamos listos para hacer llegar a quienes pueden llevarla a cabo el llamamiento a movilizar masivamente financiación internacional para la educación. Lo haremos esta semana en las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial, en la cumbre del G20 en julio y en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre.

Seguiremos dando pasos para impulsar la reforma y el desarrollo educativos allí donde más se necesitan. Esperamos que, dentro de poco, la comunidad internacional se una a nosotros participando en el IFFEd. Solo si trabajamos todos de manera concertada podremos cumplir nuestra promesa de que todos los niños estén escolarizados en el plazo de una generación.

Mientras damos nuevos pasos para alcanzar este objetivo vital, las palabras de Nelson Mandela deberían inspirarnos y guiarnos: «La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo». Podemos lograr una revolución educativa capaz de transformar el mundo en el plazo de una generación. Pero todos debemos poner de nuestra parte.

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