Por qué los robots deberían inspirar esperanza, no miedo

Robots assemble Renault and Nissan automobiles on the production line at the Renault SA car factory in Flins, near Paris, France, February 23, 2017. REUTERS/Benoit Tessier - RTS100DV
Despite what we may think, disruptive innovation is not exclusive to our ageImage: REUTERS/Benoit Tessier
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El futuro del trabajo parece prometedor. La combinación del potencial humano con la inteligencia artificial, la realidad virtual y la automatización revolucionará nuestra forma de trabajar. Ya hoy, la asistencia robótica ayuda a las personas a superar sus capacidades naturales; la IA abre la puerta a servicios inteligentes personalizados en tiempo real que reducen el desperdicio y maximizan los resultados. Además, la realidad virtual y aumentada permiten el aprendizaje en tiempo real, la colaboración entre personas y robots y una mayor seguridad laboral.

La innovación disruptiva no es exclusiva de nuestra época. La agricultura pasó del trabajo manual a la mecanización; la fabricación de automóviles dejó de ser una industria artesanal para adoptar la producción en cadena. Pero esto plantea grandes interrogantes a las empresas y a los trabajadores que afrontan los desafíos —y las oportunidades— de la disrupción digital.

La revolución tecnológica es nuestra principal esperanza para hacer frente a problemas como el envejecimiento y la disminución de la población. Sin embargo, debemos reconocer que puede suscitar temores, lo que quizá explique los crecientes llamamientos a adoptar respuestas radicales, como una renta básica universal garantizada por el Estado para ayudar a un número cada vez mayor de personas desempleadas. En cualquier caso, la digitalización plantea grandes interrogantes sobre la autoestima de las personas y su sentido de humanidad.

Entonces, ¿cómo debemos responder a las oportunidades y, si es necesario, prepararnos para los desafíos? Soy optimista. En el sector de las soluciones para la fuerza laboral, la automatización ya está liberando tiempo para tareas de mayor valor añadido: en otras palabras, más tiempo para celebrar reuniones presenciales, ofrecer formación, asesoramiento y trato humano, así como para desarrollar estrategias y optimizar procesos.

Por ejemplo, Ella, la agente digital de orientación profesional en forma de chatbot desarrollada por Lee Hecht Harrison, líder mundial en transición y desarrollo profesional. Ella analiza todas las vacantes disponibles, tanto las anunciadas públicamente como las de los clientes de la empresa, y las compara con los perfiles y las necesidades de los candidatos, lo que libera a los profesionales de recursos humanos para otras tareas.

Estoy convencido de que la digitalización y la tecnología serán motores clave del crecimiento inclusivo. Basta con observar WoWooHR, una empresa china que comenzó ofreciendo gestión de seguros sociales mediante una plataforma de recursos humanos en línea y que presta a las empresas un servicio de recursos humanos «Internet Plus» altamente eficiente y de gran calidad. La empresa prevé ampliar sus actividades a la gestión de nóminas y prestaciones para empleados. Mediante tecnología móvil en línea, gestión de macrodatos y plataformas en la nube, WoWooHR aspira a ofrecer servicios de recursos humanos profesionales, eficientes y de gran calidad a cualquier empleado de cualquier empresa, incluso en los rincones más remotos de China.

El impacto de la tecnología también es evidente en la educación. Ya sea para crear materiales educativos, distribuir contenidos (basta pensar en todos esos MOOC, cursos masivos y abiertos en línea) o evaluar los resultados del aprendizaje —en particular mediante macrodatos—, el arte de aprender está transformándose. Las oportunidades son especialmente prometedoras para los países en desarrollo, que ahora pueden garantizar que sus jóvenes tengan mayor acceso a la educación y al desarrollo de competencias.

Por supuesto, las oportunidades que ofrece la sostenibilidad digital van mucho más allá. Los trabajadores tienen ahora posibilidades reales de trabajar desde cualquier lugar y en cualquier momento. Las personas con talento ya no tienen que limitarse a un mercado local o incluso regional, sino que pueden competir a escala mundial.

La tecnología también ha ampliado las posibilidades de inclusión. Las personas que necesitan modalidades flexibles, como los padres y madres, tienen muchas más oportunidades de participar. Lo mismo ocurre con las personas con discapacidad y quienes trabajan a distancia.

Para aprovechar al máximo el nuevo orden tecnológico, los gobiernos, las empresas y los trabajadores deben adaptarse. Estas son solo algunas de las prioridades que los gobiernos y las empresas deben incluir en su agenda:

  • Invertir en investigación e innovación: no se puede detener el progreso, pero sí aprovecharlo.

  • Reformar la educación: las competencias en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM), así como las competencias digitales, son imprescindibles. Pero no hay que olvidar las habilidades interpersonales que requiere el nuevo mundo laboral: flexibilidad; capacidad para «aprender a aprender» y adaptarse a los cambios continuos; y habilidades de comunicación y colaboración para fomentar el trabajo en equipo y lograr resultados en equipos dispersos geográficamente.

  • Invertir en aprendizaje permanente y en el desarrollo de competencias para seguir el ritmo de los rápidos cambios. Esto es imprescindible para los trabajadores, que ahora se enfrentan a una era de múltiples carreras profesionales.

  • Adoptar la flexibilidad y la movilidad para fomentar la experiencia y las redes internacionales, así como las competencias interculturales.

La transformación digital está teniendo un enorme impacto en el empleo y la sociedad. Si actuamos ahora e invertimos en desarrollar y formar las competencias adecuadas, la fuerza laboral «digital» será el verdadero catalizador del crecimiento sostenible e inclusivo en el siglo XXI.

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