Cómo las tarjetas de rascar de 1 dólar ayudan a los agricultores a invertir en el futuro

Ajege Zacharia and wife Victoria Kigbu work on their farm in the midst of the coronavirus disease (COVID-19) outbreak in Abuja, Nigeria June 10, 2020. Picture taken June 10, 2020. REUTERS/Afolabi Sotunde - RC2RPH998KQ1
African farmers’ fortunes have been dealt a blow by the pandemic.Image: REUTERS/Afolabi Sotunde
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  • Un nuevo programa permite a los agricultores apartar pequeñas cantidades de dinero durante la estación seca para pagar semillas y fertilizantes que aumenten sus cosechas cuando llegan las lluvias.

  • Los agricultores evitan el estrés de acumular deudas y las presiones culturales que desvían el dinero hacia otros usos.

  • Programas como este pueden ayudar a cerrar la brecha de financiación necesaria para garantizar el futuro de las pequeñas explotaciones.

Los pequeños agricultores de África están en primera línea del cambio climático, enfrentándose a un mundo que se calienta y a sequías cada vez más frecuentes. Sus productos alimentan al continente, pero a menudo carecen de la financiación necesaria para invertir en semillas y fertilizantes esenciales que hagan sostenibles sus frágiles explotaciones agrícolas. Muchos de ellos tienen dificultades para alimentar a sus propias familias.

Ahora, sus perspectivas se han visto aún más perjudicadas por la COVID-19, que ha debilitado los mercados alimentarios locales y reducido sus ingresos. Es una combinación alarmante que agrava las penurias de cientos de millones de pequeños agricultores, que constituyen el 80 % de las personas más pobres del mundo, es decir, quienes viven con menos de 2 dólares al día.

Fortalecer sus precarios medios de vida es fundamental para garantizar la estabilidad y la resiliencia ante futuras crisis, dado que se prevé que la población de África subsahariana se duplique para 2050. También es esencial para el medio ambiente, ya que, sin mejoras en los rendimientos de los cultivos, la única vía para aumentar la producción es ampliar el cultivo de tierras, lo que conduce a más deforestación.

El enfoque tradicional de desarrollo, que consiste en ofrecer crédito a los pequeños agricultores, no ha funcionado suficientemente, debido a la falta de cuentas bancarias y a la reticencia de los productores de bajos ingresos a asumir riesgos financieros.

Image: Mastercard

Pero existe otra vía. Con la amplia disponibilidad de teléfonos móviles y la llegada de servicios de internet a muchas aldeas, decenas de miles de agricultores han descubierto un método nuevo y sencillo para invertir poco a poco en semillas de calidad, fertilizantes, herramientas y formación que pueden transformar sus perspectivas.

Desde 2011, mi organización myAgro – una empresa social reconocida como galardonada por la Fundación Schwab en 2020 – ha impulsado un programa móvil de ahorro anticipado que permite a los agricultores apartar pequeñas cantidades de dinero durante la estación seca para pagar insumos que aumentarán significativamente sus cosechas cuando llegan las lluvias.

Se ha demostrado que es una innovación que cambia la vida de agricultores como Adama, de Malí, que luchan contra la disminución de los rendimientos en medio del cambio climático. Las lluvias escasas de la última temporada de cultivo podrían haber supuesto un desastre para su familia si no hubiera sido por una parcela que recibió fertilizante. El rendimiento adicional permitió a Adama evitar que sus hijos abandonaran la escuela y que se saltaran comidas.

Con las lluvias cada vez más irregulares, el acceso a fertilizantes y semillas resistentes a la sequía es más necesario que nunca para agricultores como Adama. También será vital para alimentar a las comunidades de África y de otros lugares tras la pandemia de coronavirus. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas considera que el número de personas que sufren hambre aguda en los países de ingresos bajos y medianos podría casi duplicarse este año hasta alcanzar los 265 millones.

El atractivo del programa de ahorro anticipado es que permite a los agricultores apartar pequeñas cantidades de dinero cuando pueden, comprando tarjetas de rascar por tan solo 1 dólar a los vendedores. El sistema reproduce la práctica extendida de comprar pequeñas cantidades de saldo de telefonía móvil con tarjetas de rascar. El vendedor simplemente introduce un código en su teléfono para registrar las inversiones en las cuentas de los agricultores, y las semillas y los fertilizantes se entregan una vez completado el pago.

Los agricultores evitan el estrés de acumular deudas y, al ahorrar pequeñas cantidades a lo largo de la temporada, pueden eludir las presiones culturales que desvían hacia otros usos el dinero necesario para sus campos. Esto es especialmente importante para las mujeres, que cultivan la mayor parte de los alimentos de las pequeñas explotaciones pero que a menudo quedan excluidas de la toma de decisiones. Los pagos móviles del programa de ahorro anticipado les proporcionan una privacidad y una flexibilidad fundamentales.

Hoy en día, myAgro tiene casi 90 000 clientes en Malí, Senegal y Tanzania, y nuestro objetivo es llegar a 1 millón en 2025. En ese momento, deberíamos alcanzar un punto de inflexión que anime a los socios del sector privado o a los gobiernos a replicar el modelo y acelerar aún más su adopción.

Además de recibir semillas y fertilizantes, los agricultores con los que trabajamos también reciben formación agrícola impartida por una red de más de 1800 «emprendedores de aldea» equipados con teléfonos inteligentes. En última instancia, lo que cuenta son los resultados sobre el terreno, y los rendimientos financieros han sido impresionantes: los rendimientos de las cosechas han aumentado entre un 50 y un 100 % y los beneficios se han incrementado en torno a un 50 %, lo que equivale a 110 dólares adicionales al año para cada agricultor.

Al dotar a los productores de una herramienta digital para invertir su propio dinero, creo que podemos ayudar a cerrar la profunda brecha de financiación necesaria para garantizar el futuro de las pequeñas explotaciones. Es un gran desafío. Mastercard calcula que el crédito proporcionado por las instituciones financieras formales e informales cubre actualmente solo 50 000 millones de dólares de los más de 200 000 millones de dólares necesarios para la financiación de pequeños agricultores en África subsahariana, América Latina, y el sur y el sudeste de Asia.

La buena noticia es que la tecnología juega a nuestro favor. Los índices de posesión de teléfonos móviles se sitúan ahora en torno al 80 % en muchos países de África subsahariana, lo que contribuye a una amplia democratización de la información, desde los precios de mercado hasta las previsiones meteorológicas. Los teléfonos móviles también están abriendo oportunidades para otras iniciativas, al poner al alcance de los africanos, en su bolsillo, todo tipo de servicios, desde alquiler de tractores al estilo Uber hasta energía solar de pago por uso.

Abordar las vulnerabilidades de la agricultura africana es una tarea enorme, pero parte de la solución empieza con una pequeña tarjeta de rascar.

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