En el Día Mundial de los Refugiados, una mirada a cómo la COVID-19 afecta a las personas refugiadas y solicitantes de asilo

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  • A medida que se intensifica la amenaza de la pandemia de COVID-19 en las comunidades de personas refugiadas, la preparación es más importante que nunca.

  • La difusión de información errónea en los campamentos de personas refugiadas supone una grave amenaza para estas personas y para los trabajadores humanitarios.

  • Las personas solicitantes de asilo que huyen de situaciones desesperadas quedan atrapadas debido a políticas migratorias cada vez más estrictas y al cierre de fronteras.

En todo el mundo, las personas refugiadas y solicitantes de asilo sufren los efectos físicos y políticos de la COVID-19, agravados por la circulación de información errónea, que provoca miedo e incertidumbre.

En las zonas donde el acceso a servicios gubernamentales, como la atención médica, es limitado, urge la cooperación internacional para proteger los derechos de los grupos vulnerables. Día Mundial de los Refugiados – el 20 de junio – es una oportunidad para hacer un llamamiento a la acción en todos los sectores y fortalecer la resiliencia de las personas refugiadas y solicitantes de asilo en medio de la crisis.

Global Shapers y Jóvenes Líderes Mundiales del Foro Económico Mundial, junto con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Konexio, Kakuma Hub y The New Humanitarian se reunieron virtualmente para debatir los desafíos y las iniciativas destinadas a facilitar el acceso al conocimiento y la ayuda para quienes más los necesitan.

Actualmente nos encontramos en la «calma antes de la tormenta»... No es cuestión de si la pandemia afectará a la población refugiada, sino de cuándo.

S. A. R. el príncipe Jaime de Bourbon de Parme, Joven Líder Mundial y asesor principal de Alianzas con el Sector Privado del ACNUR

Respuesta del ACNUR al impacto de la COVID-19 en las personas refugiadas y solicitantes de asilo

El ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, está aplicando un enfoque multifacético para preparar los campamentos de todo el mundo ante posibles brotes. Una parte central de este enfoque es el trabajo continuo con los gobiernos para abogar por la inclusión de las personas refugiadas en las respuestas sanitarias nacionales. La COVID-19 agrava una crisis de larga data, en la que la mayoría de las personas refugiadas y solicitantes de asilo reside en países con sistemas de salud deficientes.

Es fundamental subsanar las carencias de infraestructura y garantizar que el personal sanitario disponga de equipos de protección personal. Según S. A. R. Jaime de Bourbon de Parme, asesor principal del ACNUR para Alianzas con el Sector Privado, en el momento de la sesión: «El ACNUR ha distribuido 6,4 millones de mascarillas en todo el mundo, unos 600 a 640 respiradores en 525 países prioritarios y está habilitando instalaciones de aislamiento».

También se han puesto en marcha programas de asistencia en efectivo para ayudar a familias y personas refugiadas que han perdido ingresos debido a las cuarentenas obligatorias. Sin embargo, siguen sin respuesta muchas preguntas, entre ellas cómo responder mejor a los numerosos efectos socioeconómicos, incluida la interrupción de la educación.

Fortalecer la resiliencia en el campamento de personas refugiadas de Kakuma

Enclavado en el condado de Turkana, en el noroeste de Kenia, el campamento de personas refugiadas de Kakuma es un ejemplo de los asentamientos densamente poblados tan habituales en los campamentos de refugiados de todo el mundo. En marzo de 2020, el campamento albergaba a más de 190.000 residentes, lo que planteaba dificultades para aplicar medidas de distanciamiento físico y alimentaba la rápida difusión de información inexacta.

Niños en el campamento de personas refugiadas de Kakuma, Kenia, en 2018Image: REUTERS/Baz Ratner

Kakuma Hub, una red de jóvenes desplazados por conflictos e inestabilidad en países vecinos, se asoció con el ACNUR para combatir la difusión de información errónea relacionada con la COVID-19. El proyecto utilizó aplicaciones de mensajería social para difundir entre líderes comunitarios y residentes información actualizada y adaptada al contexto, procedente de ACNUR Kakuma.

Zakaria Odowa, Global Shaper de Kakuma Hub, explicó que «al compartir información correcta y pertinente, los miembros de la comunidad del campamento de refugiados pueden protegerse a sí mismos y a sus familias».

Además, la alianza puso en marcha una campaña de lavado de manos basada en las directrices de la OMS para enseñar al campamento prácticas de higiene de manos y saneamiento.

Políticas migratorias estrictas

«Cientos de organizaciones dirigidas por personas refugiadas cuentan con la confianza de sus comunidades y pueden llegar a la gente de manera eficaz, pero no tienen el apoyo ni los recursos que necesitan», afirmó Heba Aly, Joven Líder Mundial y directora de The New Humanitarian.

La pandemia ha generado limitaciones operativas y logísticas en los servicios de inmigración de todo el mundo. El cierre de fronteras y las suspensiones temporales de la tramitación de solicitudes de asilo han hecho imposible que quienes huyen de zonas de conflicto puedan evacuarse y solicitar asilo. Además, no se pueden registrar nuevas solicitudes de asilo en países como Italia, donde las oficinas de inmigración han sido reasignadas a tareas de emergencia relacionadas con el coronavirus. Como consecuencia, las personas refugiadas y solicitantes de asilo no pueden registrar una nueva solicitud de reconocimiento de estatus y quedan privadas de atención médica básica al carecer de documentos oficiales de identificación y registro.

También se ha utilizado la pandemia como justificación para que los países impulsen políticas contra las personas migrantes. Los gobiernos están aprovechando la crisis para imponer políticas migratorias de línea dura, legalmente cuestionables y que no se justifican por motivos de salud pública.

Uganda, que acoge a aproximadamente 1,4 millones de personas refugiadas, principalmente de la región de los Grandes Lagos, anunció la suspensión de la recepción de nuevas personas refugiadas y solicitantes de asilo. Las normas que restringen la circulación de quienes solicitan asilo podrían limitar la protección de sus derechos individuales y su seguridad física, especialmente si estas nuevas normas siguen vigentes después de la crisis.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para gestionar los riesgos emergentes de la COVID-19?

Un llamamiento a la acción

Se plantearon llamamientos claros a la acción para que Jóvenes Líderes Mundiales y Global Shapers apoyaran a las personas refugiadas durante la crisis de la COVID-19 y después de ella:

«Muchas personas refugiadas viven en entornos urbanos; podría ser una ciudad en la que trabajen o vivan ustedes», dijo S. A. R. el príncipe Jaime de Bourbon de Parme, del ACNUR. «Animaría a los Jóvenes Líderes Mundiales y a los Global Shapers a ponerse en contacto con ellas a través de ONG locales y organizaciones religiosas, y a hablar con ellas sobre lo que realmente necesitan».

«Las políticas nacionales e internacionales inclusivas y no discriminatorias son fundamentales para proteger y mejorar la vida de las personas refugiadas, teniendo presente la necesidad de que participen en los procesos de toma de decisiones», añadió Zakaria Odowa, de Kakuma Hub.

«Mantenerse al día e informarse sobre lo que ocurre con las personas refugiadas en todo el mundo es un primer paso», concluyó Heba Aly, de The New Humanitarian.

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