¿Por qué la visión de la autonomía estratégica europea sigue siendo un espejismo?

Brigitte Macron, French President Emmanuel Macron, German Chancellor Angela Merkel, U.S. President Donald Trump, first lady Melania Trump and Morocco's King Mohammed VI attend a commemoration ceremony for Armistice Day, 100 years after the end of the First World War at the Arc de Triomphe in Paris, France, November 11, 2018. REUTERS/Benoit Tessier/Pool - RC1B69B65270
Some see a future for Europe that includes greater independence from the US in foreign and security policiesImage: REUTERS/Benoit Tessier
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Este artículo forma parte de la plataforma Geoestrategia del Foro Económico Mundial

La alianza transatlántica, uno de los pilares del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, atraviesa momentos difíciles. Muchas de las tensiones actuales entre Estados Unidos y Europa —aunque no todas, desde luego— se deben a las declaraciones y políticas del presidente estadounidense Donald J. Trump.

Al plantearse la retirada de Estados Unidos de la OTAN, imponer aranceles a las importaciones europeas, calificar a la Unión Europea (UE) de «enemigo», y incumplir su compromiso de mantener tropas estadounidenses en Siria, Trump no solo ha provocado tensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos, sino que también ha suscitado inquietud sobre si cumpliría el compromiso de seguridad de Washington con ellos. Como mínimo, carece de la confianza de amplios sectores del público europeo para actuar correctamente en la escena internacional.

Tras estos acontecimientos, algunos europeos debaten si la UE y sus Estados miembros deberían emprender un camino de autonomía estratégica, que incluiría una mayor independencia respecto de Estados Unidos en sus políticas exteriores y de seguridad. En octubre de 2017, un artículo de opinión en el diario liberal alemán Die Zeit reclamó una política exterior «posatlántica». Un año después, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, abogó por reformar la relación de Europa con Estados Unidos, incluida la actuación como contrapeso cuando Estados Unidos cruce líneas rojas.

La realidad se impone

Sin embargo, dadas las realidades políticas y estructurales actuales de Europa, es probable que esta aspiración siga siendo solo una cuestión de palabras.

Para que la autonomía estratégica europea sea alcanzable, todos los miembros de la UE deberían apoyar realmente este objetivo, lo cual no ocurre. Los miembros de la UE de Europa Central y Oriental, tradicionalmente más preocupados por las amenazas procedentes de Rusia, se oponen abiertamente a debilitar la alianza de seguridad con Estados Unidos.

En una entrevista reciente, el ministro de Asuntos Exteriores letón, Edgars Rinkēvičs, afirmó que, si Europa pretendiera crear su propio ejército, «habría preguntas muy legítimas por parte de Estados Unidos: “Si necesitáis vuestro propio ejército… entonces nos iremos a casa”. Eso es exactamente lo que no queremos».

Además, los miembros de la UE muestran con regularidad una incapacidad para ponerse de acuerdo en posiciones comunes de política exterior. Solo en los últimos dos meses, los Estados miembros de la UE no lograron alcanzar posiciones comunes sobre el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y sobre la retirada de Estados Unidos del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés). Ni siquiera lograron acordar conclusiones conjuntas para una cumbre UE-Liga Árabe.

Si los defensores más fervientes de la autonomía estratégica europea aún no se disuaden ante estos desafíos políticos, deberían considerar las realidades geopolíticas del entorno de seguridad de la UE sin la OTAN.

Además de los desafíos de seguridad reales y percibidos que plantea Rusia en su flanco oriental, la UE comparte frontera con Turquía (miembro de la OTAN), con la que Bruselas ya mantiene una relación tensa. Por su parte, el Reino Unido sigue exhibiendo uno de los ejércitos europeos más poderosos y pronto quedará fuera de una comunidad de seguridad de ámbito comunitario. Tras el Brexit, el 80 % del gasto en defensa de la OTAN procederá de miembros de la alianza que no pertenecen a la UE.

Una autonomía estratégica de otro tipo

Así, la visión maximalista de la autonomía estratégica europea probablemente seguirá siendo un espejismo.

Sin embargo, existe otra forma de definir la autonomía estratégica europea en torno a la cual la OTAN, la UE y Estados Unidos pueden y deben unirse. Una mejor cooperación de la UE en la adquisición de equipos militares haría que el gasto europeo en defensa fuera más eficiente, atendiendo así a las exigencias estadounidenses de un mayor reparto de la carga.

Según la Comisión Europea, la falta de coordinación entre los Estados miembros de la UE en materia de gasto en defensa les cuesta entre 25 000 y 100 000 millones de euros al año. Como señaló el senador estadounidense Lindsey Graham (republicano por Carolina del Sur), una cooperación reforzada de la UE podría aumentar la capacidad de la OTAN para desplazar tropas con rapidez entre los Estados miembros de la UE. A más largo plazo, una cooperación de seguridad reforzada de la UE podría permitirle actuar conjuntamente en su vecindad, como el norte de África, en casos en los que los intereses estadounidenses sean limitados y no esté justificada una acción conjunta de la OTAN.

Un planteamiento de este tipo podría constituir un paso hacia un nuevo pacto transatlántico más equitativo para el siglo XXI.

¿Mucho ruido y pocas nueces? La autonomía estratégica europea y la alianza transatlántica, Moritz Luetgerath, Atlantic Council

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