Por qué deben cambiar las reglas sobre las armas nucleares

Por qué deben cambiar las reglas sobre las armas nucleares
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Hace veintiún años, el expresidente de Sudáfrica, FW de Klerk, anunció que se había desmantelado el programa de armas nucleares del país, que había producido seis bombas nucleares.

La semana pasada, en Viena, Austria, Sudáfrica se sumó a otros 43 países para pedir explícitamente —e incluso exigir— que se negociara un marco jurídico para prohibir la producción, el almacenamiento y el uso de armas nucleares.

La 3.ª Conferencia Internacional sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares cerró sus debates de dos días el 9 de diciembre. Esta fue la primera conferencia a la que asistieron Estados reconocidos como poseedores de armas nucleares. El Reino Unido y Estados Unidos, ambos Estados poseedores de armas nucleares en virtud del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), estuvieron entre los 158 países que participaron.

Los otros tres Estados reconocidos oficialmente como poseedores de armas nucleares —Rusia, Francia y China— no asistieron. Los cinco Estados habían boicoteado de hecho las dos conferencias anteriores, celebradas en Oslo, Noruega, y Nayarit, México.

Aunque su asistencia a Viena fue significativa, tanto el Reino Unido como Estados Unidos se opusieron a una prohibición nuclear, alegando que estas armas aportan estabilidad y seguridad, y que los llamamientos a prohibirlas no tienen en cuenta los intereses de seguridad.

En cambio, Sudáfrica argumentó elocuentemente que, mientras existan armas nucleares, sigue siendo real el riesgo de que se utilicen deliberadamente, por un error de cálculo o por locura, por fallos técnicos o humanos. «La única manera de garantizar la seguridad que buscamos es eliminar totalmente las armas nucleares y prohibirlas». Los Estados africanos que apoyaron a Sudáfrica fueron Burundi, Chad, Congo, Egipto, Ghana, Guinea-Bisáu, Kenia, Libia, Malawi, Malí, Senegal, Togo, Uganda, Zambia y Zimbabue.

El movimiento mundial que ha vuelto a situar en la agenda internacional las catastróficas consecuencias humanitarias de cualquier uso de armas nucleares surgió a raíz de varios acontecimientos: la detonación de armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, Japón; las pruebas de armas nucleares en el norte de África, Australia, las Islas Marshall y Estados Unidos; así como los escasos avances en el desarme nuclear.

La conferencia de Viena fue principalmente una oportunidad para evaluar el impacto del uso de armas nucleares en el cambio climático, la seguridad alimentaria, la degradación ambiental y la devastación humana. Pero también fue la primera vez que los Estados abordaron de forma exhaustiva el vacío del derecho internacional por el que las armas nucleares son las únicas armas de destrucción masiva que no están sujetas a un tratado internacional de prohibición. También se debatió por primera vez el efecto a largo plazo de las pruebas nucleares.

«Se nos han presentado nuevas pruebas científicas sobre el impacto que incluso un uso limitado de armas nucleares tendría en las temperaturas mundiales, la producción de alimentos, la salud pública y la economía mundial», sostuvo el Comité Internacional de la Cruz Roja durante la reunión. «A la luz de lo aprendido, ahora es difícil negar que el impacto del uso de armas nucleares sería catastrófico, duradero e inaceptable desde el punto de vista humanitario».

Es evidente que replantear el desarme nuclear como un imperativo humanitario y moral ha permitido a los Estados no poseedores de armas nucleares, también en África, reafirmar la necesidad de un mundo libre de armas nucleares.

Setsuko Thurlow, superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima a los 13 años, ofreció un relato cautivador que dejó clara la importancia de un mundo sin armas nucleares: «Nosotros, los hibakusha, llegamos a la convicción de que ningún ser humano debería tener que repetir jamás nuestra experiencia del bombardeo atómico inhumano, inmoral y cruel, y de que nuestra misión es advertir al mundo sobre la realidad de la amenaza nuclear y ayudar a la gente a comprender la ilegalidad y la maldad suprema de las armas nucleares».

Cuarenta y cinco Estados africanos participaron en la conferencia y muchos abogaron por negociaciones inmediatas de conformidad con el artículo VI del TNP. Debido al carácter indiscriminado de estas armas, es muy probable que el continente africano sufriera impactos como la reducción de la producción agrícola y el impacto secundario del desplazamiento de recursos humanitarios, incluso si la detonación ocurriera en otro continente.

Los efectos de una detonación nuclear se sentirían de forma desproporcionada en los países en desarrollo que actualmente dependen de organizaciones internacionales para recibir ayuda al desarrollo y asistencia humanitaria, ya que muchos de esos recursos se destinarían a otros lugares. Además, muchos de estos países carecen de infraestructuras nacionales sólidas o de capacidad de respuesta inicial para mitigar los efectos de una detonación nuclear.

En efecto, la conferencia de Viena confirmó que no podría haber una respuesta adecuada si se detonaran una o más armas nucleares, intencionadamente o por accidente, en cualquier lugar del mundo.

Lo que falta actualmente es un instrumento que defina explícitamente las armas nucleares como inaceptables según el derecho internacional. Está claro que hace falta un nuevo proceso diplomático para elaborar un tratado internacional que prohíba las armas nucleares, del mismo modo que se han prohibido la producción y el uso de armas químicas y biológicas.

El apoyo expresado por la mayoría de los gobiernos y la sociedad civil mundial refleja que ha llegado el momento de subsanar este déficit jurídico para ayudar a desterrar para siempre la posibilidad de otro Hiroshima y Nagasaki. Como señaló Malawi, muchos ahora «esperan participar en las negociaciones diplomáticas para lograr ese instrumento jurídico, tan esperado, que prohíba las armas nucleares y vivir en un mundo libre de armas nucleares».

Sudáfrica es el único país que ha desarrollado y luego desmantelado voluntariamente sus armas nucleares. Puede desempeñar un papel de liderazgo único al identificar y promover medidas eficaces para subsanar el vacío jurídico que impide prohibir y eliminar las armas nucleares.

En lugar de considerarlas una fuente de estabilidad y seguridad, es necesario estigmatizar las armas nucleares por sus inaceptables consecuencias humanitarias y los riesgos asociados.

Este artículo se publica en colaboración con ISS Africa. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Mothepa Shadung es investigador en prácticas en el Institute for Security Studies. Noel Stott es investigador sénior en el Institute for Security Studies.

Imagen: Se ven válvulas dentro de la unidad seis, clausurada, de la central nuclear de Greifswald, a las afueras de la localidad nororiental de Lubmin, el 5 de agosto de 2014. REUTERS/Thomas Peter

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