La seguridad y la revolución genética: por qué los gobiernos de todo el mundo deben hablar de regulación

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Cuando la mayoría pensamos en tecnologías genéticas, es por buenas razones que nos viene a la mente la atención sanitaria. Nuestra comprensión cada vez mayor de cómo nuestros genes influyen en el funcionamiento del cuerpo ha hecho posibles innovaciones médicas extraordinarias para tratar e incluso curar algunas enfermedades genéticas verdaderamente terribles. Pero nuestros genomas no solo sustentan nuestra salud: son los planos de gran parte de nuestras vidas.


Como nuestras vidas abarcan mucho más que la atención sanitaria, el impacto de la revolución genética irá mucho más allá del ámbito de la salud. Cambiará la forma en que evaluamos nuestros riesgos y oportunidades, la manera en que tenemos hijos, nuestra esperanza de vida, la naturaleza de los hijos que tenemos y, en última instancia, nuestra trayectoria evolutiva como especie. Tendrá enormes repercusiones para la seguridad nacional.

A medida que se desarrolle esta transformación, las aplicaciones de las tecnologías genéticas para alterar la herencia genética de los seres humanos serán cada vez más controvertidas. Pensemos en lo mucho que se ha agitado la gente por los cultivos de organismos modificados genéticamente (OMG), aunque no hay ni una pizca de evidencia que sugiera que consumir cultivos OMG sea más peligroso para las personas que consumir cultivos no modificados genéticamente. Pensemos en toda la controversia y la violencia que han acompañado al debate sobre el aborto. Si la gente está dispuesta a recurrir a la violencia por diferencias de opinión sobre los cultivos OMG y el aborto, imaginemos lo que podría hacer cuando la cuestión sean los seres humanos modificados genéticamente.

Los primeros seres humanos del mundo con genes editados nacieron el año pasado en China, fruto de una serie de acciones secretas y, a mi juicio, poco éticas llevadas a cabo por un biofísico chino. Fue un primer paso muy desafortunado, pero, incluso si no hubiera ocurrido, sin duda unos años más tarde se habría realizado una primera aplicación de la edición genética heredable en seres humanos más ética, transparente y eficaz.

La cuestión fundamental es que la edición genética en seres humanos está por llegar. Esto, junto con una mayor capacidad para seleccionar con conocimiento de causa entre embriones antes de su implantación y para crear cantidades ilimitadas de óvulos humanos a partir de células madre obtenidas de las células adultas de la madre, transformará radicalmente la forma en que nuestra especie se reproduce y nuestra capacidad para manipular nuestra propia biología y la de las generaciones futuras.

En los próximos años, una serie continua y acelerada de innovaciones nos impulsará hacia una nueva era en la que concebiremos cada vez más a nuestros hijos en laboratorios, con el propósito tanto de protegerlos de posibles daños como de conferirles posibles ventajas.

Dado que distintas personas, comunidades y sociedades tendrán opiniones diferentes sobre esta aplicación de la ciencia revolucionaria a la esencia de nuestra humanidad, abordarán estas tecnologías de maneras diferentes. Algunas se mantendrán lo más alejadas posible y rechazarán este tipo de interferencia por considerarla «jugar a ser Dios» y un desafío peligroso a la naturaleza. Otras la adoptarán en busca de beneficios reales o percibidos.

Pero, suponiendo que con el tiempo esta tecnología permita tener hijos más sanos y longevos, con un coeficiente intelectual superior a la media y otras capacidades, ¿qué harán quienes hayan optado por no participar?

Peligro de conflicto

¿Esperarán a ver qué ocurre, sabiendo que dentro de una generación podrían encontrarse en una situación de verdadera desventaja? ¿Intentarán obligar a las otras sociedades que hayan optado por participar a detenerse mediante la persuasión, el derecho internacional o la fuerza? ¿O decidirán que el mundo está cambiando y que, en última instancia, no tienen más remedio que participar si quieren mantenerse al día?

Es fácil ver cómo esto podría convertirse en una cuestión extremadamente difícil, compleja, controvertida e incluso desestabilizadora, tanto dentro de las sociedades como entre ellas.

Los gobiernos de todo el mundo deberían abordar ahora estas cuestiones de forma proactiva para contribuir a que las tecnologías genéticas (y otras) se desarrollen de manera que se optimice el bien público y se minimicen los posibles daños y el peligro de conflicto en el futuro. Sin embargo, se está haciendo demasiado poco.

La revolución genética nos afectará a todos, así que es asunto de todos.

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Abre cualquier periódico: ¿qué ves? Todos los titulares parecen importantes, pero ¿cómo se comparan realmente con las revoluciones tecnológicas que están transformando el mundo que nos rodea y nuestro propio interior? Vivimos en una era de tecnología revolucionaria, no en la era de Donald J. Trump o del Brexit, pero esa no es la forma en que la mayoría distribuimos nuestra atención y energías.

Con enorme urgencia, necesitamos desarrollar procesos de abajo arriba y de arriba abajo para empezar a afrontar estas cuestiones críticas de maneras que nos unan, pese a nuestras diferencias, en lugar de separarnos. Por eso estoy poniendo en marcha un diálogo a escala mundial sobre el futuro de la ingeniería genética humana.

La revolución genética nos afectará a todos, así que es asunto de todos. Pero también necesitamos mucho más de nuestros líderes en todos los niveles, porque las tecnologías genéticas tocarán el núcleo mismo de lo que significa ser humano y deben regularse de manera responsable. La mayoría de nuestros dirigentes políticos no están ni remotamente a la altura de esta tarea, pero deben estarlo. Debemos exigírselo.

Todo esto es más urgente que nunca. La revolución genética no es algo que simplemente esté por llegar. Ya está aquí.

La revolución genética ya está aquí y tiene importantes repercusiones para la seguridad nacional, Jamie Metzl, del Atlantic Council

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