La filantropía está en un punto de inflexión. Estas son 6 posibles vías

Philanthropists Mark Zuckerberg, founder and CEO of Facebook, and Priscilla Chan.
When it comes to private assets for public good, there's still work to be done.Image: Reuters/Stephen Lam
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La filantropía atraviesa un momento difícil. Desafíos como el cambio climático global exigen una acción colectiva a una escala sin precedentes. Mientras tanto, la tecnología está creando nuevos problemas sociales a la vez que ofrece nuevas herramientas para abordar los existentes. A esto se suman los cambios demográficos y las tendencias sociales, que están transformando hasta hacer irreconocibles nuestras ideas de comunidad, sociedad y nación.

Pero el desafío no es solo la necesidad constante de seguir siendo pertinente: al mismo tiempo, el propio concepto de filantropía está siendo cuestionado. Sus críticos se preguntan si es eficaz, cómo debe entenderse en el contexto más amplio de la desigualdad global y si puede conservar su legitimidad en una sociedad democrática.

Para quienes siguen creyendo en el valor de la filantropía —la idea de que los activos privados destinados al bien público pueden ser una poderosa fuerza para mejorar la sociedad— queda mucho por hacer. Se necesitan nuevos esfuerzos para ayudarla a adaptarse a los tiempos cambiantes, elaborar un relato convincente sobre su función y encontrar modelos y enfoques capaces de responder a las críticas.

Entonces, ¿qué hay que hacer?

Reconocer cómo se obtiene el dinero

La reciente controversia en torno a las donaciones de la familia Sackler, a la luz de su presunto papel en la crisis de los opioides ha dejado claro que ya no se puede separar la forma en que se dona el dinero de la forma en que se obtiene.

La idea de que algunas donaciones están «manchadas» ha vuelto a primer plano. Se trata de una crítica con una larga historia: muchos de los grandes filántropos industriales de principios del siglo XX, como John D. Rockefeller y Andrew Carnegie, vieron cómo sus donaciones eran objeto de un intenso escrutinio por parte de quienes consideraban inaceptables sus prácticas empresariales. Pero, a la inversa, siempre hubo quienes sostenían que el pragmatismo debía prevalecer sobre la pureza ideológica y que era mejor destinar a fines benéficos incluso el dinero más cuestionable. (George Bernard Shaw, por ejemplo, se burló de la idea de las donaciones manchadas, calificándola de «fantasía individualista».)

Sin embargo, el caso Sackler parece dejar claro que cada vez hay más consenso en que los fondos éticamente cuestionables no pueden destinarse legítimamente a fines filantrópicos. Por eso, el principio de «ante todo, no hacer daño» debe aplicarse a la creación de riqueza antes siquiera de pensar en donarla.

Y el problema no es solo cómo se obtiene el dinero: la forma en que luego se utiliza también es una preocupación creciente para la filantropía. Ya se han dirigido campañas de gran repercusión para desinvertir en universidades e instituciones artísticas, y sin duda son una señal de lo que se avecina para el mundo de la filantropía en general en cuanto al escrutinio de las prácticas de inversión.

Adoptar el cambio estructural

Para algunos críticos de gran repercusión, como Anand Giridharadas, autor de Winners Take All, el problema no son actos concretos de creación de riqueza, sino la desigualdad estructural de la sociedad, que permite que algunos acumulen una enorme riqueza mientras muchos languidecen en la pobreza. Asimismo, el historiador neerlandés Rutger Bregman, durante su intervención viral en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de este año, criticó la filantropía alegando que la tributación es el único mecanismo real para abordar los desafíos fundamentales que plantea la desigualdad. Para estos críticos, la filantropía siempre forma parte del problema y nunca de la solución, y distrae inútilmente del verdadero trabajo necesario para impulsar un cambio estructural.

Image: Statista

Muchos en el mundo de las organizaciones sin fines de lucro coincidirían en que la desigualdad y la justicia fiscal son cuestiones de suma importancia, pero discreparían de que la filantropía sea incapaz de abordarlas. Puede que no siempre sea fácil, pero, en lugar de abandonarla por completo, muchas personas trabajan para diseñar enfoques que permitan lograr una reforma estructural auténtica.

Democratizar la filantropía

Para que la filantropía pueda abordar la desigualdad, es fundamental evitar que se la considere una mera herramienta para que los poderosos consoliden sus ventajas. Por eso, es vital encontrar formas de donar no solo dinero, sino también poder. Algunos intentan hacerlo animando a los grandes donantes a centrarse en financiar organizaciones con una base amplia de apoyo popular, a fin de reducir el riesgo de que sus decisiones introduzcan un sesgo plutocrático. Otros están desarrollando modelos de concesión participativa de subvenciones, en los que quienes tradicionalmente serían considerados beneficiarios de la filantropía pueden opinar de verdad sobre el uso de los recursos.

También estamos viendo surgir nuevos modelos en red de protesta y cambio social, como #BlackLivesMatter, #MeToo y las huelgas juveniles por el clima. Son ejemplos poderosos de personas y comunidades que toman las riendas de los problemas, aprovechando las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología. Si los donantes encuentran formas de apoyar estos movimientos en red que los empoderen sin coartarlos, podrían contribuir a democratizar aún más la filantropía.

Reflejar la diversidad

Los cambios reales en la distribución del poder dentro de la filantropía solo pueden producirse si el sector refleja la diversidad de las sociedades en las que opera y de las personas y comunidades a las que sirve. Con ese fin, algunas organizaciones sin fines de lucro están planteándose preguntas difíciles sobre si el equilibrio de género, etnia y origen entre su personal y sus consejos de administración es el adecuado. Mientras tanto, a medida que la filantropía crece en el resto del mundo, es importante que lo haga de maneras que reflejen las tradiciones locales de donación y apoyo. Una clase media en expansión podría convertirse en un importante nuevo motor de la filantropía: una investigación de Charities Aid Foundation muestra que si la clase media emergente del sur global donara al mismo nivel que la población del Reino Unido, se destinarían 345.000 millones de dólares al año a obras benéficas. Sin embargo, cuando los integrantes de esta nueva clase media participen en actividades filantrópicas, no debemos dar por sentado que seguirán modelos o enfoques occidentales.

Innovación y descubrimiento

El libro reciente del filósofo de Stanford Rob Reich, Just Giving, plantea preguntas difíciles sobre cómo equilibramos las libertades que se conceden a la filantropía con las exigencias de justicia e igualdad en una sociedad democrática.

Una respuesta podría estar en la idea del «descubrimiento»: la capacidad de sacar a la luz nuevos problemas y encontrar nuevas formas de abordarlos. En su mejor versión, la filantropía puede ser un poderoso motor de descubrimiento. Sin embargo, esto puede plantear preguntas difíciles en el contexto de una democracia, porque la libertad de innovar suele exigir autonomía y la capacidad de ir contra el statu quo.

Pone su dinero en órbita… Elon Musk, fundador de SpaceX.Image: Reuters/Mike Blake

Esta tensión se aprecia en el creciente número de donantes que realizan «grandes apuestas filantrópicas». Emprendedores tecnológicos de gran repercusión, como Elon Musk y Larry Page, destinan gran parte de sus recursos al desarrollo de los viajes espaciales, mientras que otros, como Dustin Moskovitz, se centran en contrarrestar la amenaza de que una inteligencia artificial sobrehumana tome el control. Para algunos, estas iniciativas representan lo mejor de la filantropía: asumir riesgos e impulsar la innovación de una manera que los gobiernos no pueden. Para otros, representan sus peores excesos: cruzadas autocomplacientes de donantes cuya perspectiva sobre los problemas está moldeada por completo por las industrias en las que hicieron fortuna.

Transparencia y apertura

Uno de los principales desafíos de la filantropía en los próximos años será garantizar que sea abierta y transparente. Aunque a veces puede ser necesario cierto anonimato para proteger a un donante o a quien recibe la donación, en general deberíamos aspirar a la apertura. Esto es fundamental no solo para mantener la legitimidad ante las preguntas sobre el origen del dinero o el posible efecto perturbador de la filantropía en los procesos democráticos, sino que también podría impulsar nuevos descubrimientos si los datos fueran accesibles y, de ese modo, la innovación pudiera descentralizarse.

Un desafío para la transparencia filantrópica podría ser la tendencia de los grandes donantes (especialmente en EE. UU.) a alejarse de las estructuras filantrópicas tradicionales y, en su lugar, a utilizar estructuras comerciales como las sociedades de responsabilidad limitada (LLC). Mark Zuckerberg y Priscilla Chan eligieron célebremente este enfoque para su filantropía, y John y Laura Arnold acapararon recientemente los titulares al pasar de una fundación tradicional a una LLC. Esto ofrece ventajas en términos de flexibilidad a la hora de realizar inversiones comerciales o participar en campañas políticas, pero también exige mucha menos transparencia por parte del donante, lo que podría socavar los esfuerzos por hacer que la filantropía en su conjunto sea más abierta.

¿Optimismo de cara al futuro?

Está claro que la filantropía se enfrenta ahora a muchos desafíos. Algunos exigen una mayor implicación en los cambios tecnológicos o sociales más amplios, a los que hasta ahora ha tardado en responder. Otros, en cambio, requieren cierta introspección: examinar las estructuras y dinámicas internas de la filantropía para detectar los problemas y ver cómo puede evolucionar para ser más eficaz y reflejar mejor a las personas y comunidades a las que sirve. Ninguno es fácil, pero todos son posibles. Y si la filantropía está a la altura en este momento, cabe esperar que su función como fuerza positiva para dar forma a nuestra sociedad no solo se mantenga, sino que se fortalezca.

La sociedad civil en la Cuarta Revolución Industrial: preparación y respuesta: lea aquí nuestro informe completo. Forma parte de la iniciativa Preparar a la sociedad civil para la Cuarta Revolución Industrialque lidera el Foro Económico Mundial en colaboración con organizaciones del sector social.

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