Sería fácil concluir que los migrantes y la migración son impulsores clave de la nueva fragilidad, en todas sus formas. Crece el discurso según el cual los migrantes podrían amenazar la seguridad nacional, un discurso agravado por los recientes atentados terroristas en París y San Bernardino. Con frecuencia se culpa a los migrantes del aumento del desempleo. La migración puede imponer nuevas cargas a unos servicios sociales ya sobrecargados, lo que genera un creciente malestar social. La migración se encuentra en el centro de algunos de los extremos que se normalizan cada vez más en los debates políticos, como ejemplifica la sostenida popularidad de Donald Trump.
En conjunto, esta conclusión sería errónea, y existen muy pocas pruebas que respalden muchas de estas suposiciones. Pero sí debemos reconocer que, en determinadas circunstancias, la migración plantea un desafío y que los migrantes pueden llegar a constituir una amenaza. Como han demostrado las investigaciones sobre las actitudes ante la migración, la opinión pública varía enormemente en este tema. Lamentablemente, el espacio para un debate razonable sobre la migración se reduce, otra característica de un mundo frágil, fracturado y frustrado.
Una conclusión mucho más sustancial consiste en entender la movilidad y la migración como consecuencia, y no como causa, de la nueva fragilidad. Una de cada tres personas sirias ha abandonado ya su hogar, y muchas de ellas se encuentran ya en Europa o se dirigen hacia allí. Muchos de los solicitantes de asilo que llegan a Europa y a otros lugares no huyen del conflicto y la persecución, sino de la fragilidad, que se manifiesta en la falta de empleo, de bienestar y de esperanza. La mayoría de ellos son trasladados por traficantes de migrantes: la normalización de la ilegalidad es otro síntoma de un mundo frágil, regido por instituciones, leyes y normas obsoletas, y carente de políticas eficaces para gestionar el cambio.
Es casi seguro que la escala de la migración seguirá creciendo. Acostumbrarse a la movilidad será un aspecto importante de la adaptación a la nueva fragilidad. Ya hoy, una de cada 33 personas en el mundo es migrante internacional, desplazada en respuesta a las disparidades mundiales en materia de desarrollo, demografía y democracia. Esa proporción aumentará a medida que los efectos del cambio climático golpeen a las personas vulnerables: se ha previsto que cientos de millones de personas podrían huir de los efectos del cambio climático en este siglo. Alrededor de una de cada siete personas ya son migrantes internos, que se trasladan a ciudades que serán el eje de las oportunidades y los desafíos de la nueva fragilidad.
Pues habrá oportunidades, y la migración puede contribuir a materializarlas. En primer lugar, los migrantes y las diásporas pueden ayudar a paliar algunos de los extremos de un mundo frágil, mediante el envío de remesas y la transferencia de activos menos tangibles para contribuir a estabilizar los Estados frágiles y los entornos posconflicto. La diáspora siria mantiene estrechos lazos de solidaridad con los refugiados en Jordania, el Líbano y Turquía, así como con las comunidades en su país de origen. En segundo lugar, los migrantes promueven el desarrollo. Se prevé que en 2015 los migrantes envíen a sus países de origen unos 400.000 millones de dólares, generalmente a países pobres y, a menudo, en beneficio directo de las economías locales, regionales y nacionales. La escala de las remesas en todo el mundo seguirá creciendo. Los migrantes han sido reconocidos como un motor clave de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible. En tercer lugar, la migración impulsa el crecimiento de las ciudades globales, promueve el multiculturalismo y da lugar a la diversidad. Estos fenómenos no están exentos de desafíos, pero representan manifestaciones estimulantes de un mundo hiperactivo.
En el nuevo contexto mundial, más personas, con antecedentes más diversos, entrarán en contacto sin precedentes entre sí. Para muchas, esto constituye motivo de preocupación. Pero la movilidad es tanto una norma como la fragilidad, y debemos encontrar la manera de aceptarla, gestionarla y beneficiarnos de ella.
¿Ya lo ha leído?
¿Qué países valoran más favorablemente la inmigración?
Cómo puede contribuir la migración a combatir el extremismo violento
Autor: Khalid Koser, director ejecutivo de la Secretaría Provisional del Fondo Mundial para la Participación Comunitaria y la Resiliencia (GCERF). Presidente del Global Agenda Council on Migration.
Imagen: Policías macedonios intentan controlar a refugiados y migrantes en la frontera greco-macedonia. REUTERS/Yannis Behrakis



