Los desastres humanitarios han provocado un nivel sin precedentes de desplazamiento forzoso.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informa de que ahora hay más personas desplazadas que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estamos presenciando, como nunca antes, grandes desplazamientos de personas que demuestran hasta qué punto nuestro mundo está interconectado: una guerra civil en Oriente Medio ha llegado a las costas de Europa.
Dada la complejidad y la probable prolongación de los conflictos actuales, para 2030 se estima que el 80% de las personas en situación de pobreza extrema del mundo vivirá en zonas consideradas frágiles – la mayoría de ellas en países de mayoría musulmana o en Estados con poblaciones musulmanas significativas.
El cambio climático también es una cuestión humanitaria, y está surgiendo como un factor clave del desplazamiento.
Existe una necesidad apremiante de capital para ayudar a los Estados frágiles a hacer frente a todo, desde la inseguridad generalizada en materia de alimentos y agua hasta las consecuencias de los desastres naturales.
En 2016, un panel de alto nivel encargado por el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, estimó que el déficit de financiación humanitaria ascendía a 15.000 millones de dólares, y la brecha se amplía cada año. El año pasado, solo se cubrió el 58,5% de las necesidades de financiación humanitaria solicitadas.
La secretaria general adjunta de la ONU para Asuntos Políticos y de Consolidación de la Paz, Rosemary DiCarlo, advirtió al Consejo de Seguridad a principios de este año y señaló que «el cambio climático ha intensificado la competencia por recursos cada vez más escasos de tierra, pastos y agua en ciertos países, alimentando las tensiones entre pastores y agricultores, agravando la exclusión socioeconómica y aumentando las posibilidades de que se reclute a jóvenes en grupos armados».
Ante la enorme brecha en la financiación humanitaria y la inmensa necesidad, los modelos de financiación innovadores empiezan a desempeñar un papel fundamental, pues está claro que ningún actor por sí solo puede cubrir el déficit.
En el sector humanitario, las organizaciones internacionales de ayuda buscan nuevas fuentes de capital y utilizan las finanzas sociales islámicas para proyectos humanitarios.
El auge de las finanzas sociales islámicas
Las finanzas sociales islámicas se desarrollaron de conformidad con los principios de la sharía de justicia socioeconómica, igualdad y prosperidad colectiva. Mediante la movilización de instrumentos como la Zakat, el waqf y la sadaqah, pueden aportar la financiación tan necesaria para afrontar los desafíos humanitarios causados por el cambio climático.
La zakat —un impuesto sobre la riqueza y un medio para distribuirla— se considera un mecanismo que armoniza la relación entre el individuo y el interés público («maslaha»). Cada año, los musulmanes deben donar a las personas pobres, en forma de zakat, el 2,5% de su riqueza total acumulada durante un año. Solo el año pasado, aproximadamente los musulmanes del Reino Unido donaron zakat por valor de 300 millones de libras esterlinas. El Banco Islámico de Desarrollo estima que el valor mundial de la zakat oscila entre 232.000 y 560.000 millones de dólares anuales.
El waqf es una donación destinada a una causa religiosa, educativa o benéfica, y se utiliza con mayor frecuencia para construir escuelas, hospitales o instituciones religiosas. Dado su carácter comunitario, el waqf se utiliza a menudo para financiar proyectos y servicios sociales.
La sadaqah es una donación voluntaria que se entrega de manera ocasional. Pensemos, por ejemplo, en echar monedas en una caja de donativos para una organización benéfica. Debido a su carácter irregular, la sadaqah suele ser difícil de calcular, pues varía de una persona a otra y depende de sus ingresos disponibles y su nivel de generosidad.
Los instrumentos de las finanzas sociales islámicas, como la zakat, la sadaqah y el waqf, tienen un enorme potencial de aplicación y ampliación.
Por ejemplo, en Indonesia se ha utilizado la zakat para financiar proyectos de energías renovables en zonas rurales. La agencia nacional de recaudación de zakat del país, BAZNAS, utilizó aproximadamente 350.000 dólares para financiar la construcción de una central eléctrica en la provincia de Jambi, con el fin de proporcionar la electricidad tan necesaria a los residentes de aldeas desfavorecidas.
A través de mecanismos de zakat, los fondos recaudados empiezan a destinarse estratégicamente a generar un impacto humanitario y de desarrollo relacionado con el clima.
Programa de asistencia de la IFRC ante la sequía
Kenia es un ejemplo concreto.
El año pasado, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) utilizó la zakat recaudada en el estado malasio de Perlis para financiar un programa de asistencia ante la sequía en el condado keniano de Kitui, poniendo en marcha una iniciativa humanitaria sostenible basada en la zakat.
El objetivo del programa era ayudar a las comunidades afectadas por la sequía provocada por el cambio climático en el sur de Kenia, mediante un enfoque de dos niveles que abordaba simultáneamente tanto el acceso al agua como los problemas relacionados con los cultivos comerciales.
El programa proporcionó acceso a agua potable y oportunidades de subsistencia a los residentes del condado mediante el uso de fondos de zakat para reparar perforaciones de agua y excavar otras nuevas. Además, se compraron semillas de frijol mungo (un cultivo básico de la región) con fondos de zakat y se distribuyeron a las familias locales para que las cultivaran. En promedio, cada familia recibió 2 kg de semillas, con las que podía obtener una cosecha de 180 kg.
Los resultados hablan por sí solos. En total, se canalizaron 1,2 millones de dólares en financiación de zakat al condado de Kitui. No solo se generó un rendimiento total de aproximadamente 20 millones de dólares por la venta de frijol mungo, sino que también se facilitó el acceso a agua potable, tan necesaria, a 175.000 familias.
Dado que, de losdos tercios de las personas que padecen hambre aguda en nuestro mundo, el 62,5% pertenece a Estados miembros de la Organización de Cooperación Islámica, el ejemplo del condado keniano de Kitui demuestra que las finanzas sociales islámicas pueden ofrecer soluciones sostenibles a los problemas de alimentación y agua.

Del alivio humanitario al desarrollo
Las finanzas sociales islámicas se destacaron en laCumbre Humanitaria Mundial de 2016 como una fuente importante de financiación. Sin embargo, todavía no se ha aprovechado todo su potencial.
Los ejemplos de Indonesia y Kenia muestran cómo se pueden movilizar instrumentos como la zakat para abordar los problemas humanitarios causados por el cambio climático. Más importante aún, ofrecen modelos para pasar de un enfoque de «socorro en casos de desastre» basado en la caridad al desarrollo a largo plazo, acercándonos al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Los responsables de la formulación de políticas y las organizaciones humanitarias internacionales deben empezar a considerar las finanzas sociales islámicas como una opción viable. En una época en la que el cambio climático está poniendo a prueba como nunca los mecanismos de respuesta humanitaria, las formas tradicionales de dar arraigadas en la cultura islámica ofrecen una vía de avance.


