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Los cuellos de botella comerciales —marítimos, costeros y terrestres— plantean un riesgo creciente y poco estudiado para la seguridad alimentaria mundial, sostiene el informe Cuellos de botella y vulnerabilidades en el comercio mundial de alimentos.
Los cuellos de botella marítimos serán cada vez más esenciales para satisfacer el suministro mundial de alimentos, ya que el crecimiento demográfico, los cambios en las preferencias alimentarias, la expansión de la bioenergía y la ralentización de las mejoras en el rendimiento de los cultivos impulsan al alza la demanda de cereales importados.
El aumento de los volúmenes comerciales, la creciente dependencia de las importaciones en los países con déficit alimentario, la falta de inversión, una gobernanza débil, el cambio climático y la aparición de peligros disruptivos hacen que las interrupciones en los cuellos de botella, tanto a pequeña como a gran escala, sean cada vez más probables.
El cambio climático tendrá un efecto acumulativo en el riesgo de los cuellos de botella y aumentará la probabilidad de perturbaciones meteorológicas aisladas y de varias perturbaciones simultáneas.
La inversión en infraestructura va a la zaga del crecimiento de la demanda: las redes esenciales de las principales regiones productoras de cultivos son débiles y están envejeciendo, y urge ampliar su capacidad.
Tres cultivos clave
La seguridad alimentaria mundial se sustenta en el comercio de unos pocos cultivos y fertilizantes. Solo tres cultivos —maíz, trigo y arroz— representan alrededor del 60 % de la ingesta energética alimentaria mundial. Un cuarto cultivo, la soja, es la mayor fuente mundial de piensos proteicos de origen animal y representa el 65 % del suministro mundial de piensos proteicos.
Cada año, el sistema de transporte mundial mueve suficiente maíz, trigo, arroz y soja para alimentar a aproximadamente 2.800 millones de personas. Mientras tanto, los 180 millones de toneladas de fertilizantes que se aplican anualmente a las tierras agrícolas desempeñan un papel esencial para ayudarnos a cultivar suficiente trigo, arroz y maíz para sostener a una población en expansión. El comercio internacional de estos productos básicos está creciendo, lo que aumenta la presión sobre un pequeño número de «cuellos de botella»: puntos críticos de las rutas de transporte por los que pasan volúmenes excepcionales de comercio.
Tres tipos principales de cuellos de botella son esenciales para la seguridad alimentaria mundial: corredores marítimos como estrechos y canales; infraestructura costera en las principales regiones exportadoras de cultivos; e infraestructura de transporte terrestre en las principales regiones exportadoras de cultivos. Una interrupción grave en uno o varios de estos puntos podría provocar escasez de suministro y alzas de precios, con consecuencias sistémicas que podrían extenderse más allá de los mercados alimentarios.
Las interrupciones más habituales quizá no desencadenen crisis por sí solas, pero pueden aumentar las demoras, el deterioro de los productos y los costos de transporte, limitar la capacidad de respuesta de los mercados y contribuir a precios más altos y una mayor volatilidad.
Los cuellos de botella de los que depende la seguridad alimentaria mundial
Cuellos de botella y vulnerabilidades en el comercio mundial de alimentos ofrece un análisis pionero de los cuellos de botella del sistema alimentario mundial, que combina datos comerciales de la Base de datos sobre el comercio de recursos de Chatham House con un modelo creado específicamente para trazar los flujos bilaterales de productos básicos en las rutas comerciales.
Identifica 14 cuellos de botella esenciales para la seguridad alimentaria mundial, señalados en la Figura 1.
Entre los cuellos de botella marítimos, el Canal de Panamá y el estrecho de Malaca registran el mayor tránsito de cereales debido a su ubicación, que conecta los mercados occidentales y asiáticos.
Más de una cuarta parte de las exportaciones mundiales de soja transita por el estrecho de Malaca, principalmente para satisfacer la demanda de piensos para animales en China y el Sudeste Asiático. Los estrechos turcos son especialmente esenciales para el trigo: una quinta parte de las exportaciones mundiales pasa por ellos cada año, en gran medida desde la región del mar Negro, conocida como el «granero» de la zona.

Los cuellos de botella terrestres y costeros más importantes se encuentran en Estados Unidos, Brasil y el mar Negro, que representan el 53 % de las exportaciones mundiales de trigo, arroz, maíz y soja.
Las vías navegables interiores transportan al mar alrededor del 60 % de las exportaciones estadounidenses de los cuatro cultivos (que representan el 13 % de las exportaciones mundiales), principalmente hacia los puertos de la costa del Golfo. En Brasil, cuatro puertos de la costa sudoriental concentran casi una cuarta parte de las exportaciones mundiales de soja; estos puertos, a su vez, dependen de las carreteras que los conectan con las enormes explotaciones agrícolas del interior del país.
Alrededor del 60 % de las exportaciones de trigo de Rusia y Ucrania (el 12 % del total mundial, con rápido crecimiento) depende del ferrocarril para llegar al mar Negro.
El riesgo de los cuellos de botella aumenta
Estos cuellos de botella están expuestos a tres grandes categorías de peligros disruptivos.
En primer lugar, están los peligros meteorológicos y climáticos, como tormentas o inundaciones que pueden cerrar temporalmente los cuellos de botella, así como el desgaste de la infraestructura causado por las condiciones meteorológicas, que reduce su eficiencia y la hace más vulnerable a los fenómenos extremos.
En segundo lugar, pueden surgir peligros relacionados con la seguridad y los conflictos a raíz de guerras, inestabilidad política, piratería, delincuencia organizada o terrorismo.
La tercera categoría de peligros es institucional, como la decisión de las autoridades de cerrar un cuello de botella o restringir el paso de alimentos (por ejemplo, mediante la imposición de controles a la exportación). Las interrupciones menores son habituales. Todos los cuellos de botella examinados en este informe, salvo uno, han sufrido al menos un cierre o una interrupción del tránsito en los últimos 15 años, y no debe subestimarse el riesgo de que estos sucesos provoquen una crisis. En junio de 2017, se cerraron como parte de un bloqueo las rutas terrestres por las que llega el 40 % de las importaciones alimentarias de Qatar, incluida algo menos de una quinta parte de sus importaciones de trigo.
Estos acontecimientos deberían impulsar a los responsables de la formulación de políticas a prepararse para los peores escenarios, especialmente ante los crecientes riesgos derivados de los fenómenos meteorológicos extremos.
Además, estos riesgos están aumentando debido a tres tendencias distintas.
Creciente dependencia
En primer lugar, crece la dependencia de los cuellos de botella (véase la Figura 2). Por ejemplo, en los últimos 15 años, la proporción de cereales y fertilizantes comercializados internacionalmente que pasa por al menos uno de los cuellos de botella marítimos ha aumentado del 43 % al 54 %. Una proporción menor, pero aun así significativa —el 10 %—, depende ahora del tránsito por uno o varios cuellos de botella marítimos como única ruta viable de transporte, frente al 6 % en 2000.

El crecimiento del comercio internacional implica que la dependencia de los cuellos de botella probablemente seguirá aumentando en el futuro previsible. Algunos estarán sometidos a más presión que otros. El crecimiento rápido y sostenido de las exportaciones de la región del mar Negro aumentará la dependencia de los estrechos turcos, sobre todo para el trigo. Al mismo tiempo, el crecimiento sostenido de la demanda en China (con un promedio anual de alrededor del 14 % para las importaciones de soja en los últimos 15 años) seguirá incrementando los envíos procedentes de los países exportadores de cultivos de Occidente a través del Canal de Panamá y el estrecho de Malaca.
Cambio climático
En segundo lugar, el cambio climático está aumentando la amenaza de interrupciones al actuar como multiplicador de peligros en las tres categorías de riesgo de los cuellos de botella. Aumentará la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, lo que provocará cierres más frecuentes de estos puntos y un mayor desgaste de la infraestructura. El aumento del nivel del mar amenazará la integridad de las operaciones portuarias y de la infraestructura de almacenamiento costera, y aumentará su vulnerabilidad a las marejadas ciclónicas.
Se espera que el cambio climático agrave los factores que impulsan los conflictos y la inestabilidad. También provocará más pérdidas de cosechas, lo que aumentará el riesgo de que los gobiernos impongan controles ad hoc a las exportaciones. Asimismo, el cambio climático puede aumentar el riesgo de interrupciones simultáneas del suministro.
A medida que los fenómenos meteorológicos extremos se vuelvan más comunes, probablemente aumentará la posibilidad de que se produzcan interrupciones fortuitas en distintos lugares. Por ejemplo, distintos sistemas meteorológicos podrían perturbar simultáneamente cuellos de botella distantes, o un cuello de botella importante en una parte del mundo podría cerrarse durante una pérdida de cosechas en una región productora de cultivos en otra parte. En esas circunstancias, los efectos en los mercados se amplifican.
Por ejemplo, si un huracán de una intensidad comparable a la del huracán Katrina de 2005 paralizara las exportaciones estadounidenses desde el golfo de México al mismo tiempo que las lluvias extremas volvieran intransitables las carreteras de Brasil (como ocurrió en 2013), podrían verse afectadas hasta el 50 % de las exportaciones mundiales de soja. Si esto coincidiera, a su vez, con una ola de calor en el mar Negro similar a la registrada en 2010, podrían detenerse o retrasarse alrededor del 51 % de los envíos mundiales de soja, junto con el 41 % y el 18 % de las exportaciones mundiales de maíz y trigo, respectivamente.
Necesidad urgente de inversión
En tercer lugar, la falta crónica de inversión en infraestructura está creando un doble déficit: de capacidad frente al crecimiento de los volúmenes comerciales y de resiliencia frente al cambio climático.
Las vías navegables interiores de Estados Unidos son antiguas, están congestionadas, son vulnerables a las sequías y las inundaciones, y probablemente empezarán a fallar en un futuro próximo; sus puertos de la costa del Golfo son vulnerables a los huracanes y las marejadas ciclónicas. Las carreteras de Brasil están en mal estado y a menudo quedan intransitables debido a las lluvias y los hundimientos del terreno. La región del mar Negro necesita una inversión considerable en infraestructura de transporte, pero la inestabilidad regional la desincentiva.
Cada una de las regiones mencionadas debe movilizar inversiones importantes en las próximas décadas para evitar que empeoren los cuellos de botella y la vulnerabilidad climática, pero todas afrontan dificultades para hacerlo.
Las perspectivas de aumento del riesgo de los cuellos de botella también deben entenderse en el contexto de las crecientes presiones sobre los mercados agrícolas. El crecimiento de los rendimientos de los cereales se ha quedado por detrás del crecimiento previsto de la demanda de cereales.
Se espera que el cambio climático reduzca aún más los rendimientos de los cultivos y se convierta en un factor cada vez más desestabilizador para las cosechas mundiales. En consecuencia, es probable que los mercados internacionales se vuelvan más ajustados y volátiles a medida que aumenta la dependencia de ellos.
Las fallas en los cuellos de botella amenazan con agravar la fragilidad de los mercados al contribuir a mayores costos y demoras más prolongadas en las entregas, y al hacer más probables las grandes interrupciones del suministro.
Recomendaciones
Integrar el análisis de los cuellos de botella en la gestión de riesgos y la planificación de la seguridad habituales; por ejemplo, los organismos gubernamentales deberían evaluar la exposición y la vulnerabilidad al riesgo de estos puntos a nivel nacional y subnacional.
Invertir en infraestructura para garantizar la seguridad alimentaria futura; por ejemplo, acordar directrices para una infraestructura compatible con el clima mediante un grupo de trabajo internacional creado en el marco del G20.
Reforzar la confianza y la previsibilidad en el comercio mundial; por ejemplo, mediante un proceso en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para reducir continuamente el alcance de las restricciones a la exportación.
Desarrollar acuerdos de intercambio de suministros de emergencia y un almacenamiento estratégico más inteligente; por ejemplo, un mecanismo de respuesta en desarrollo entre los principales actores del comercio mundial de alimentos, basado en parte en el de la Agencia Internacional de la Energía para los mercados petroleros y dirigido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) o el Sistema de Información sobre los Mercados Agrícolas (AMIS).
Ampliar la base empírica sobre el riesgo de los cuellos de botella, incluso mediante la recopilación de datos en tiempo real sobre el comercio de alimentos y la capacidad de la infraestructura, para ayudar a evaluar los riesgos para las cadenas de suministro alimentario.

