¿No te gustan las noticias falsas? Entonces demuestra que lo dices en serio y empieza a apoyar el periodismo de verdad

A journalist films the site of a Saudi-led air strike on a bridge in Yemen's capital Sanaa March 23, 2016.
Fake news has dangerous consequencesImage: REUTERS/Khaled Abdullah
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Hasta ahora, 2017 ha girado en torno a las noticias falsas, al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al ataque de su administración contra los medios de comunicación tradicionales. Una de las víctimas más ignoradas de la posverdad en política son las noticias veraces sobre las crisis humanitarias, en las que los hechos deberían hablar por sí solos.

Tras dos años de guerra, se estima que 18,8 millones de personas en Yemen —el 69 % de la población— necesitan asistencia; tras seis años de guerra, 13,5 millones de sirios necesitan ayuda y otros 5 millones viven en el extranjero como refugiados; se ha declarado hambruna en algunas zonas de Sudán del Sur, donde 5 millones de personas padecen hambre extrema; la inanición y el cólera ya se han cobrado cientos de vidas en Somalia, lo que recuerda las hambrunas de 1992 y 2011, que causaron más de 200.000 muertes cada una.

Esto no es más que la punta del iceberg para un sistema humanitario del que se decía que estaba «en quiebra» o «roto» mucho antes de que la administración Trump propusiera profundos recortes a las contribuciones de Estados Unidos a la ayuda exterior.

Saber dónde está la verdad

La verdad es que las crisis humanitarias duran cada vez más y las necesidades crecen a un ritmo sin precedentes, a medida que los efectos del cambio climático, el conflicto y las fallas del mercado se combinan con consecuencias mortales. Es urgente renovar los mecanismos de distribución de la ayuda mundial.

Las agencias de ayuda deben planificar mejor y contar con el acceso que necesitan para actuar más rápido y sin obstáculos. Pero no se les puede exigir que hagan lo imposible con fondos insuficientes y, desde luego, no pueden abordar por sí solas las causas profundas.

Hay que aplaudir a António Guterres por haber convertido la prevención temprana de conflictos en su consigna inicial como secretario general de la ONU, pero el tipo de multilateralismo que requiere su enfoque está en declive y bajo grave amenaza por el auge del populismo y el aislacionismo. La política refleja el estado de ánimo de la opinión pública, y las percepciones sobre cuestiones como los conflictos, el cambio climático, la migración y la distribución de la ayuda influyen enormemente en las políticas públicas. En esta era de noticias falsas, la gente necesita más que nunca información basada en hechos sobre estos asuntos mundiales clave.

Lo que lo hace aún más difícil es que incluso los hechos humanitarios se tergiversan y se adaptan para ajustarse a agendas particulares. Y en un mercado informativo fragmentado, donde la izquierda y la derecha, o los nativistas y los internacionalistas, compiten constantemente por imponerse y difunden conclusiones interesadas, ¿cómo se supone que el público puede decidir dónde está la verdad y cuáles son las prioridades?

Necesitamos más matices

Lo que falta gravemente en tiempos de creciente polarización son los matices. Los apasionados argumentos entre bandos rivales atrincherados solo animan a quienes toman las decisiones a refugiarse en sus propias cámaras de resonancia y predicar a los ya convencidos. La realidad sobre el terreno suele ser mucho más compleja y gris, y exige soluciones más matizadas y menos aisladas por sectores. La colaboración y las alianzas internacionales son más necesarias que nunca, pero el ambiente es de repliegue y división.

La calificación de Trump a los medios como «el enemigo del pueblo estadounidense» y sus iracundas diatribas en Twitter son, en realidad, una distracción. Hay preocupaciones más graves para el periodismo y los periodistas. En 2016, tres de cada cuatro profesionales del periodismo que perdieron la vida lo hicieron en Siria, Yemen, Irak, Afganistán, Libia o Somalia, países sumidos en conflictos y en desastres humanitarios cada vez más graves, desde Mosul hasta Trípoli y Mogadiscio.

Esa sombría lista incluye a uno de nuestros colaboradores, Almigdad Mojalli, asesinado en las afueras de Saná, la capital yemení, en lo que se cree que fue un ataque aéreo saudí. Entre las amenazas menos mortíferas para la labor periodística figuran la obstrucción y la ocultación de información. Pero quienes manipulan los medios no son solo gobiernos corruptos o portales macedonios de noticias falsas. La manipulación está por todas partes, incluso en el sector de la ayuda. No es de extrañar: es un gran negocio. En 2016 se gastaron alrededor de 23.000 millones de dólares en ayuda de emergencia. El gasto total en ayuda, incluida la destinada al desarrollo, superó los 130.000 millones de dólares en 2015.

Combatir las noticias falsas

Sin embargo, quizá las mayores amenazas para el periodismo serio sean los modelos de negocio que favorecen los clics, las visitas a páginas y las veces que se comparte el contenido casi a cualquier precio. El mercado digital de noticias se ha convertido en una carrera hacia el mínimo común denominador, en la que los titulares sensacionalistas priman sobre las noticias veraces. «Si hay sangre, va en portada» se ha convertido en «invéntatelo para triunfar».

Por eso es más importante que nunca que medios como el nuestro cuenten con el apoyo necesario para sobrevivir, sobre todo cuando se trata de asuntos de importancia mundial como las crisis humanitarias. Hay señales alentadoras de que la gente empieza a darse cuenta. Las suscripciones a medios de comunicación sin ánimo de lucro se dispararon tras la elección de Trump. Mientras tanto, Facebook, acusado de contribuir a difundir noticias falsas e incluso de influir en las elecciones estadounidenses, por fin está proclamando la importancia del periodismo de calidad. Mark Zuckerberg incluso ha contratado a verificadores de datos y promete hacer más para proporcionar al sector el apoyo vital que necesita. Facebook se ha asociado con Mozilla, Craig Newmark, fundador de Craigslist, la Fundación Ford y otros para poner en marcha la Iniciativa por la Integridad de las Noticias, un fondo de 14 millones de dólares destinado a promover la alfabetización informativa y aumentar la confianza en el periodismo. Además, Pierre Omidyar, fundador de eBay, se comprometió recientemente a aportar 100 millones de dólares para apoyar el periodismo de investigación y combatir la desinformación en todo el mundo.

Pero este impulso positivo al periodismo no puede ser una moda pasajera: también debe centrarse en mejorar la cobertura sobre el terreno para que quienes pueden marcar una gran diferencia tengan a su alcance los hechos importantes. Hay que fomentar un mayor apoyo, porque queda muchísimo por hacer. Si de verdad quieres un periodismo que exija responsabilidades a quienes tienen poder y desempeñe un papel fundamental en la protección de los intereses de las personas más vulnerables, no hay alternativa: hay que empezar a financiarlo adecuadamente. Difunde la palabra y ayúdanos a hacer realidad esta visión.

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