5 lecciones de resiliencia para apoyar la recuperación de Myanmar tras el terremoto

The 7.7-magnitude earthquake which struck Myanmar on 28 March 2025 has left entire communities in ruins.
The 7.7-magnitude earthquake which struck Myanmar on 28 March 2025 has left entire communities in ruins.Image: UNDP.
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  • Cuando los grandes terremotos azotan una comunidad, sus habitantes pueden ser quienes más sufran, pero también lideran los esfuerzos de recuperación.

  • La experiencia adquirida en crisis anteriores —en lugares como Türkiye, Siria, Afganistán y Haití— puede ayudar a Myanmar a afrontar su propia recuperación.

  • Mientras Myanmar moviliza su respuesta, estas son cinco lecciones clave para orientar los próximos pasos.

Cuando el terremoto de magnitud 7,7 sacudió Myanmar el 28 de marzo de 2025, destrozó vidas y dejó comunidades enteras en ruinas. Myanmar afronta ahora un enorme desafío: reconstruir tras pérdidas inmensas y en un contexto político complejo. Pero la historia ofrece orientación.

Justo antes del terremoto de Nepal de 2015, trabajaba estrechamente con equipos locales en la preparación ante desastres. Nunca imaginé que tan pronto pondrían a prueba esas lecciones. Cuando se produjo el terremoto, esos mismos equipos entraron en acción: salvaron vidas, coordinaron la ayuda y ayudaron a las comunidades a emprender el largo camino hacia la recuperación.

Esa experiencia reforzó una verdad clave que he constatado una y otra vez: la preparación y las respuestas lideradas por las comunidades son esenciales.

Ya se trate de los terremotos de 2023 en Türkiye, Siria y Afganistán, o del de Haití en 2010, todos subrayan un punto común: las comunidades pueden ser las más afectadas, pero también lideran los esfuerzos de recuperación.

La experiencia adquirida en crisis anteriores puede ayudar a Myanmar a afrontar su propia recuperación, sobre todo para garantizar que todas las zonas afectadas reciban el apoyo que necesitan. Mientras el país moviliza su respuesta, estas son algunas lecciones clave para orientar los próximos pasos.

1. La respuesta humanitaria y la recuperación temprana deben ir de la mano

Cuando visité el pasado octubre a comunidades afectadas por el ciclón Yagi en el estado de Shan, me impresionaron su fortaleza y determinación. Pese a la devastación, la gente no solo hablaba de lo que había perdido, sino también de su voluntad de reconstruir: de volver a ponerse en pie y recuperar sus vidas colectivamente. Hace dos décadas, un señor que conocí en un campamento para desplazados internos en Pakistán después de un terremoto me dijo lo mismo, y desde entonces lo recuerdo. Muchas otras personas que he conocido desde entonces se han hecho eco de ello. El deseo de autonomía es universal.

Cuando estalla una crisis, el apoyo humanitario es esencial. Pero, sin una recuperación temprana, las familias quedan atrapadas en el modo de supervivencia. Restablecer el acceso a la energía, reactivar los mercados locales y reconectar a las personas con servicios esenciales como la atención sanitaria debe comenzar de inmediato para que puedan retomar sus vidas.

Al responder a este terremoto, tenemos tanto una oportunidad como una responsabilidad: atender las necesidades inmediatas y, al mismo tiempo, sentar las bases de una resiliencia duradera. Podemos hacerlo integrando los esfuerzos humanitarios y de recuperación.

2. Retirar los escombros es un primer paso fundamental

El enorme volumen de escombros que deja un terremoto puede ser abrumador. En Myanmar, el análisis del PNUDestima que hay al menos 2,5 millones de toneladas de escombros, el equivalente a unos 125.000 camiones cargados. Bloquean carreteras, retrasan las labores de socorro y plantean graves riesgos para la salud. Gestionarlos eficazmente es uno de los primeros y más importantes pasos hacia la recuperación. El PNUD trabaja estrechamente con gobiernos, organismos técnicos y comunidades en este importante proceso.

En Türkiye, las instalaciones de reciclaje de escombros retiraron enormes cantidades y reutilizaron materiales para la reconstrucción. En Haití se retiró más de un millón de metros cúbicos de escombros mediante iniciativas lideradas por las comunidades.

Myanmar puede adoptar estrategias de este tipo para garantizar que los escombros se gestionen de forma segura y que las labores de reconstrucción avancen con rapidez.

3. Reconstruir en conjunto mediante la participación de las comunidades

La recuperación significa algo más que reconstruir lo que quedó dañado: significa restablecer vidas. Y eso empieza por situar a las comunidades afectadas en el centro del proceso de recuperación.

En Nepal, un modelo impulsado por los propietarios permitió que estos lideraran la construcción de viviendas resistentes a los terremotos. El PNUD también ayudó a reactivar más de 11.800 empresas afectadas por el terremoto y creó miles de empleos temporales en la retirada de escombros y la reparación de infraestructuras.

Del mismo modo, en Afganistán, los programas de dinero por trabajo ayudaron a más de 244.000 personas a obtener ingresos mientras se restablecían servicios comunitarios esenciales. Las comunidades locales ayudaron a reconstruir viviendas con bloques de tierra comprimida, preservando el patrimonioy mejorando la seguridad. En el noroeste de Siria, más de 900 personas participaron en la retirada de escombros liderada por la comunidad, lo que permitió una recuperación más inclusiva. Estos ejemplos demuestran el poder de la participación comunitaria.

Para Myanmar, es fundamental priorizar los conocimientos locales y el liderazgo en la toma de decisiones, a fin de garantizar una recuperación eficaz y empoderadora que construya comunidades más fuertes y resilientes.

El gerente de zona del PNUD en Alepo, Siria, conversa con Abo Abdo, propietario de un taller de reparación de calzado dañado por el terremoto. Image: PNUD.

4. Reducir los riesgos futuros mediante una reconstrucción resiliente

Los procesos de reconstrucción tras un terremoto deben garantizar que las comunidades estén preparadas para cualquier desastre futuro.

La labor del PNUD en Nepal, Haití y Afganistán ha demostrado la importancia de las infraestructuras resilientes. En Nepal se reconstruyeron 31.000 viviendas conforme a normas sísmicas; Haití reutilizó escombros para reforzar barrios, y Afganistán pasó a construir viviendas duraderas y resistentes a los terremotos.

En toda Asia meridional, el Programa de Reducción del Riesgo Sísmico del PNUD se centra en hacer cumplir los códigos de construcción, promover construcciones seguras y fomentar la cooperación regional. Invertir en infraestructuras resilientes, ya sea reforzando estructuras antiguas o garantizando que instalaciones esenciales como escuelas y hospitales cumplan estrictas normas de seguridad, contribuye enormemente a mitigar los riesgos.

Para Myanmar, las lecciones de iniciativas de este tipo son esenciales. Al combinar materiales de origen local y métodos arquitectónicos tradicionales con técnicas científicas modernas, las comunidades pueden reconstruir de manera que queden protegidas eficazmente frente a los desastres.

5. Aprovechar la tecnología y la innovación

Las herramientas digitales están transformando la preparación y la respuesta ante desastres. Las nuevas e innovadoras evaluaciones RAPIDA del PNUD ofrecen valiosos análisis basados en datos en un plazo de 48-72 horas desde el inicio de una crisis, mediante imágenes de alta resolución y tecnología SIG para analizar los daños. En Colombia, Libia, Afganistán y ya también en Myanmar, estas evaluaciones han orientado la planificación de la recuperación al analizar las repercusiones de las crisis e identificar prioridades.

En la preparación, la tecnología también desempeña un papel clave al ofrecer datos en tiempo real y herramientas para evaluar los riesgos. Plataformas como InaRISK de Indonesiaintegran imágenes satelitales y datos locales, lo que permite a las comunidades y las escuelas evaluar su preparación e identificar carencias. Este proceso de mejora continua, que incluye simulacros y autoevaluaciones, garantiza que las comunidades estén mejor preparadas ante los desastres.

Para Myanmar, adoptar soluciones digitales de este tipo puede hacer que la recuperación sea más transparente, eficiente y eficaz.

Un camino a seguir para Myanmar

El camino por delante será largo y difícil, pero las lecciones aprendidas en situaciones similares de otras regiones ofrecen una hoja de ruta para la recuperación.

Al priorizar una gestión eficiente de los escombros, restablecer los medios de vida, construir infraestructuras resilientes, involucrar a las comunidades y aprovechar la tecnología, Myanmar puede salir fortalecido y mejor preparado para afrontar crisis.

Aunque los obstáculos que se avecinan son enormes, la resiliencia y la determinación de la población son un faro de esperanza. Con el enfoque adecuado, la recuperación de Myanmar puede allanar el camino hacia un futuro sostenible y resiliente ante los desastres, en el que las comunidades estén mejor preparadas para afrontar la incertidumbre y prosperar pese a las adversidades.

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