Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos; era la edad de la sabiduría, era la edad de la necedad; era la época de la fe, era la época de la incredulidad; era la estación de la Luz, era la estación de las Tinieblas…
Charles Dickens, Historia de dos ciudades
A pesar de las historias sobre crisis, calamidades y contagios, el mundo está hoy mejor que en cualquier otro momento de la historia humana. Bill Gates y Hans Rosling, entre otros, han desmentido los mitos y la desinformación sobre los cambios globales en mortalidad, salud pública, educación y riqueza. Y tienen razón: sin duda, el mundo está menos aquejado por los conflictos y las muertes relacionadas con ellos, disfruta de mayor prosperidad y esperanza de vida, y está más conectado por el comercio, los negocios y la tecnología que nunca.
Sin embargo, se está desarrollando otra historia: una que resulta aleccionadora, potencialmente ominosa y amenaza el progreso mundial. Es un relato de gobernanza mundial débil y de las limitaciones de las instituciones para resolver grandes problemas; de concentraciones fragmentadas y cada vez más competitivas del poder político y económico; de la agrupación de la pobreza extrema en Estados frágiles; y de un número sin precedentes de crisis humanitarias complejas que han dejado a más personas desplazadas por la violencia que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. El sistema humanitario mundial está claramente desbordado.
Si los grandes problemas de nuestro tiempo son la inestabilidad, la desigualdad y la falta de sostenibilidad, entonces la narrativa del progreso humano afronta un peligro cada vez mayor. Esto es más cierto que en ningún otro lugar en los contextos y países «frágiles» atrapados en la intersección de la pobreza extrema, el conflicto y la gobernanza débil. Y aunque los países frágiles son una minoría, no podemos celebrar de verdad el progreso mundial hasta que veamos cambios notables en estos bastiones de fragilidad.
Hoy nos encontramos en un punto de inflexión histórico que requiere no solo un liderazgo valiente, sino también una acción coordinada y audaz para canalizar el poder de los mercados y del sector privado, en combinación con el alcance, los recursos y la influencia de los gobiernos, las organizaciones multilaterales y la sociedad civil. No hay panaceas, soluciones rápidas ni soluciones deslumbrantes para resolver la fragilidad y construir resiliencia. Sin embargo, la experiencia de Mercy Corps en los lugares más difíciles del mundo aporta algunas perspectivas sobre las oportunidades de lograr un impacto colectivo.
Lograr que los Estados frágiles sean resilientes
Aunque pueda parecer contradictorio «recompensar» a los Estados frágiles con ayuda adicional en un momento de presupuestos limitados y prioridades en pugna, la naturaleza interconectada de nuestro mundo significa que las regiones vecinas y el resto del mundo quizá no puedan escapar a un impacto negativo directo: pensemos en ISIS y el ébola.
Las crisis, como los desastres naturales, los conflictos, las convulsiones políticas y el colapso económico, son momentos en los que se puede cuestionar el statu quo y surgen oportunidades para cambios significativos. Aunque las crisis humanitarias plantean a la comunidad internacional el imperativo moral de responder, los simples esfuerzos de estabilización o la recuperación tras un desastre no pueden combatir la fragilidad. Los esfuerzos eficaces comienzan centrándose en salvar vidas y reducir el sufrimiento inmediato, pasan rápidamente a ayudar a las comunidades a recuperarse con rapidez de las crisis y, luego, crean mecanismos para ayudarlas a superar los impactos y reveses recurrentes.
Las pruebas demuestran claramente que la buena gobernanza y la resiliencia están indisolublemente vinculadas. En un próximo informe de investigación de mi ONG, Mercy Corps, y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las investigaciones indican que tanto el gobierno centralizado del Líbano como sus municipios locales están bajo presión, ya que las personas refugiadas sirias han aumentado la población del país en un 25%. Un sistema resiliente requiere un enfoque descentralizado, en el que los gobiernos locales tengan capacidad para responder con rapidez a las personas de sus comunidades, sean residentes o refugiadas, y el gobierno nacional tenga flexibilidad para hacer frente a la crisis y prepararse para el próximo impacto.
Trabajar para poner fin al ciclo de violencia
Un próximo informe de investigación de Mercy Corps respalda un conjunto creciente de pruebas que contradicen la suposición ampliamente aceptada de que mayores oportunidades de empleo reducen la propensión de los jóvenes a apoyar movimientos violentos. Nuestra investigación sugiere que la mejor variable predictiva intercultural de la participación de una persona joven en la violencia política es la injusticia.
Por ejemplo, nuestra investigación no encontró ninguna relación entre la situación laboral de los jóvenes y su apoyo a la violencia política o participación en ella en Somalia. En Afganistán, observamos que el aumento del empleo juvenil no produjo cambios significativos en el apoyo a los grupos de oposición armada. En Colombia, entrevistas con informantes clave que eran antiguos niños soldados mostraron que el aumento del empleo no produjo cambios significativos en el apoyo a los grupos de oposición armada. Nuestro análisis de los factores que impulsan la violencia política entre los jóvenes de 13 países del África subsahariana mostró que las condiciones económicas no son los principales factores que impulsan el conflicto.
Abordar la marginación social y política profundamente arraigada, la discriminación y la corrupción exige algo más que inversiones y capacitación centradas en un solo aspecto. La estabilización requiere una estrategia de múltiples frentes y un compromiso con programas a largo plazo que proporcionen apoyo psicosocial, educación, desarrollo económico y reformas de gobernanza.
Hacer negocios en Estados frágiles
El sector privado ha demostrado su capacidad para tener un efecto transformador en los mercados emergentes. Pero en entornos inestables, el equilibrio entre el riesgo y la rentabilidad debe ser lo bastante favorable como para justificar la inversión. Es necesario abordar directamente esta pieza que falta del rompecabezas.
Las empresas pueden beneficiarse si cambian su perspectiva sobre los actores de la sociedad civil: de beneficiarios de subvenciones a parte fundamental de la cadena de valor corporativa en entornos frágiles. Para las empresas reacias a invertir sin indicios de éxito probable, las organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGI) pueden ser socios valiosos. Tras trabajar durante años o décadas en una comunidad, ONGI como Mercy Corps conocen a fondo los desafíos y las oportunidades de obtener beneficios empresariales viables que, al mismo tiempo, aborden los retos sociales y el proceso de generar aceptación en entornos inestables.
Mercy Corps, por ejemplo, ha trabajado en estrecha colaboración con MasterCard para desarrollar soluciones de transferencia electrónica de emergencia comercialmente viables que mejoren la seguridad, la eficiencia y la rapidez de la entrega de ayuda a quienes más la necesitan. Junto con nuestro trabajo conjunto en alfabetización empresarial y financiera, nuestro creciente conjunto de actividades en siete países nos ayuda a comprender formas bien meditadas de impulsar la inclusión financiera a más largo plazo y a gran escala.
No hay soluciones sencillas ni soluciones rápidas, pero debemos cambiar la narrativa: dejar atrás la de dos mundos divergentes y adoptar una de cooperación mundial creciente y responsabilidad compartida. Como comunidad internacional, debemos centrar nuestros recursos colectivos en los lugares más frágiles para construir resiliencia a largo plazo. Esto nos permitirá encontrar un terreno común donde puedan converger enfoques empresariales audaces, la aplicación de nuevas tecnologías, la innovación social y las alianzas creativas para ofrecer oportunidades transformadoras.
Autor: Neal Keny-Guyer es el director ejecutivo de Mercy Corps.
Imagen: Aves vuelan sobre el campamento de personas refugiadas de Atma, junto a la frontera sirio-turca. REUTERS/Khalil Ashawi


