Este es el destino de todo el plástico del océano

A surfer rides a wave during sunset in Vina del Mar city, about 75 miles (121 Km) northwest of Santiago, March 20, 2010. People slowly return the normal life in the coastal border after suffering an earthquake and tsunamis in much of southern Chile on February 27, 2010.
Plastic is globally on the increase, by definition – it is not breaking down and it is still entering the environment.Image: REUTERS/Eliseo Fernandez
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Hay cinco billones de piezas de plástico en los océanos del mundo, con un peso total de 268.000 toneladas. Así lo afirma un artículode un equipo internacional de científicos que reunió una gran cantidad de datos recopilados en todo el mundo y los combinó con modelos de circulación oceánica para llegar a esta sorprendente cifra.

Parece mucho plástico —y lo es—, pero no está distribuido exactamente como la mayoría de la gente imaginaría.

En primer lugar, la forma en que algunos periódicos han descrito una isla de basura del Pacífico es, en gran medida, un mito. No, no se puede ver desde el espacio: la «basura» en cuestión suele consistir en muchas partículas pequeñas.

Se nos dice que estas partículas de plástico ya superan en número a las diminutas criaturas que se encuentran en la base de la red trófica oceánica y que es prioritario limpiarlo todo. Es cierto que en algunas zonas los plásticos superan al plancton. Pero esto suele ocurrir en áreas con muy pocos nutrientes (oligotróficas) y, por tanto, con baja productividad, situadas en el centro de grandes corrientes que concentran los residuos y crean estas «islas».

El plástico del océano puede permanecer en forma de objetos reconocibles —redes de pesca, botellas y bolsas de plástico—, pero gran parte se fragmenta mecánicamente en partículas pequeñas, muchas de menos de un milímetro, lo que explica las grandes cantidades. Aunque estudios anterioreshallaron que el plástico no se limita a los giros oceánicos, el último artículo es uno de los primeros en reunir la investigación para elaborar una estimación mundial.

¿Adónde va todo?

Los principales giros oceánicos se encuentran en el Atlántico norte y sur, el Pacífico norte y sur, y el océano Índico. Estos enormes vórtices giratorios atrapan material superficial en sus centros y concentran los residuos.

Sin embargo, los giros no están aislados y, durante los varios años que tarda una pieza de plástico en completar un circuito, hay entre un 20 % y un 30 % de probabilidades de que salga girando hacia otras partes del océano. Esto provoca que aumenten los niveles de plástico más allá de los giros.

Image: NASA Ingwik

Un problema mundial

En 2010 realicé una investigación en el océano Ártico, al norte del archipiélago de Svalbard, el lugar habitado permanentemente más septentrional de la Tierra. Como nos interesaba vigilar la presencia de plásticos, llevamos redes de plancton para tomar muestras del mar de la región.

No necesitamos las redes. En una isla remota, a más de 1.000 km de cualquier localidad de tamaño mediano, recogimos una caja grande llena de residuos plásticos en una sección de playa de 10 metros cuadrados; la propia caja estaba incluida. Entre los objetos encontrados había bolsas y botellas de plástico procedentes de Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Francia, los Países Bajos y Noruega.

Las corrientes oceánicas habían transportado los residuos miles de kilómetros e incluso habían logrado enredar varias bolsas en los colmillos de las morsas que habitaban la isla.

Este es un problema mundial, y los investigadores del nuevo estudio consideran que hay muchos miles de toneladas de partículas finas sin contabilizar, que han entrado en la cadena alimentaria o permanecen en los sedimentos oceánicos. A mi juicio, la cifra de 268.940 toneladas es bastante baja y se puede poner fácilmente en perspectiva: si el material se distribuyera uniformemente por el océano, equivaldría a tres partículas por cada millón de toneladas de agua de mar.

La realidad es que el plástico se concentra en las capas superficiales (o en los sedimentos del fondo marino) y, por definición, su cantidad aumenta en todo el mundo: no se degrada y sigue entrando en el medioambiente. Más importante aún, no podemos hacer nada con lo que ya está allí.

A menudo me preguntan por qué no lo filtramos sin más de los océanos. Las cifras anteriores deberían explicar por qué: es una tarea imposible y, aunque pudiéramos hacerlo, también retiraríamos todo el plancton. Por ahora, lo único que podemos hacer es reducir, reciclar y vigilar. La gran pregunta, que sigue en gran medida sin respuesta, es: ¿qué ocurre con este material una vez que entra en la cadena alimentaria?

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